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80 cumpleaños del cardenal Paulo Evaristo Arns
Fr. Andreas Müller, OFM
 

(14 de septiembre de 2001)
El cardenal Paulo Evaristo Arns, hasta hace pocos años arzobispo de São Paulo, fue llamado ´el Cardenal del puebloª, el valeroso defensor de los derechos humanos, el gran profeta de la Iglesia de los pobres. Su diócesis, que contaba con 13 millones de habitantes, era la mayor del mundo; con su partición, en 1989, la gente pobre de la periferia de la metrópoli perdió a su más importante e influyente intercesor y amigo. El 14 de septiembre de este año el cardenal Arns cumplirá 80 años.

Nació el año 1921 en Forquilhinha, Santa Catarina, en el seno de una familia de emigrantes alemanes procedentes de la región del Mosela. Ingresó en la Orden Franciscana en 1939, cuando tenía 18 años. Fue ordenado sacerdote en 1945. A continuación se doctoró en la Sorbona de París y, posteriormente, fue profesor de Patrística en la Facultad Franciscana de Teología de Petrópolis y responsable de la formación espiritual de los estudiantes franciscanos. En esa época ya cultivaba un gran amor a los pobres, armonizando vida y ciencia, teoría y acción, pues, cuando se sigue a San Francisco de Asís, no puede enseñarse creíblemente Teología si no se ama de corazón a los pobres y a los pequeños, que son ´los hijos predilectos de Diosª. En 1966 fue nombrado obispo coadjutor de São Paulo, archidiócesis de la que fue nombrado arzobispo en 1970. El papa Pablo VI lo creó cardenal en 1973. Su ministerio empezó con un acto que fue como una campanada: vendió el palacio episcopal y con el importe de su venta construyó centros sociales en los barrios pobres de la ciudad.

Era un signo notorio de que el cardenal Arns tomaba muy en serio el cambio de la Iglesia al que los obispos latinoamericanos se comprometieron en la Asamblea general del Episcopado Latino Americano celebrada en 1968 en Medellín. Era la ruptura total con la alianza histórica entre la Iglesia y el Estado en el proyecto misionero de conquista. Lo que pidieron inútilmente los misioneros y profetas del siglo XVI se convertía ahora en una realidad: la Iglesia al servicio de los pobres, como abogada de los que no tienen voz; la Iglesia como profeta insobornable que denuncia las injusticias por su nombre y proclama la construcción del reino de justicia, de paz y de amor. El cardenal Arns encarnó este ´nuevo modo de ser Iglesiaª en el mejor sentido de la palabra. Fue una de las figuras señeras de la nueva orientación de la Iglesia. Y puso en práctica esta orientación en su diócesis, al servicio de una pastoral verdaderamente liberadora. Los pobres percibieron que el Cardenal estaba de su lado. Volvieron a tener derecho de ciudadanía en la Iglesia como los elegidos de Dios, a quienes va dirigido con preferencia el mensaje liberador del Evangelio.

En este contexto se entiende plenamente una manifestación suya aparecida en un texto redactado para la ´Missionszentrale der Franziskanerª: En Medellín y en Puebla, afirma el cardenal Arns en dicho texto, ´la Iglesia de América Latina ha descubierto su alma franciscanaª. El cardenal Arns no hace esta afirmación en sentido posesivo y vindicatorio, como si a los franciscanos les correspondiera el papel de guías. Lo que quiere decir sobre todo con estas palabras es que para poder transmitir creíblemente a los pobres el mensaje liberador del Evangelio hay que ser a la vez amigo de los pobres, que, por otra parte, constituyen la mayoría de la población latinoamericana. Francisco sigue siendo un ejemplo válido de esta actitud. Él descubrió su vocación en la Iglesia cuando, con un corte radical, salió del centro de la ciudad, de entre los ricos, y se fue a vivir fuera de la ciudad, donde vivían los pobres y los leprosos. Una fe así, afirma el cardenal Arns, sólo puede vivirse si se reflexiona en ella a partir de la experiencia concreta de los pobres. De ahí brota también el apoyo incondicional del cardenal Arns a la teología de la liberación, que él entiende más como una actitud personal imprescindible que como una doctrina teórica. Ser y actuar de manera liberadora es algo a lo que no puede renunciar ningún verdadero cristiano.

Esta es la convicción básica que determinó su actuación como obispo. Por eso fue el gran defensor de los derechos humanos, temido por los poderosos, pero amado y venerado por el pueblo oprimido y sin voz. Los movimientos populares que asumían y defendían sus propios derechos, encontraron su mejor amigo y promotor en el cardenal Arns. Y lo mismo hay que decir respecto a los intelectuales, con quienes se ha mantenido siempre unido, cultivando el diálogo con ellos y animándoles a dedicar sus talentos al servicio de un mundo más humano; siendo él mismo escritor, supo infundirles en todo momento el sentimiento de ser uno de ellos.

Las consecuencias de este modo de entender ser ministerio eran prácticamente inevitables: crítica, desprecio y amenazas por parte de los ricos y de los poderosos e intrigas y calumnias en el seno de la Iglesia. Muchos tomaron a mal sobre todo su firme apoyo a los teólogos de la teología de la liberación, su convicción de que no existe una alternativa convincente a la teología de la liberación para luchar contra el sufrimiento de la gran masa de los pueblos latinoamericanos. La desconfianza de la curia romana le produjo muchos sufrimientos. Y le dolió profundamente que en 1989, sin consulta previa, su archidiócesis fuera dividida en cinco diócesis: con esta división quedaba destrozado un modelo pastoral eficaz y único para una gran metrópoli. Monseñor Arns no ocultó nunca su decepción y criticó la decisión de Roma como un gran error.

Pero nada de ello menguó su fe profunda. Su lema era: ´De esperanza en esperanzaª. Los pobres le dieron la certeza de que estaba del lado de la verdad. En ello ha sido un fiel seguidor de su gran modelo, Francisco de Asís. Como Francisco, siempre ha querido anunciar el Evangelio más con la vida que con la palabra. Esto lo convirtió en una figura de esperanza para muchos. Y por eso ha sido admirado y respetado en todo el mundo, tanto por cristianos como por miembros de otras religiones, por organizaciones humanitarias y por entidades científicas y políticas. El cardenal Arns ha recibido alrededor de cincuenta homenajes y premios en todo el mundo: de la ONU, del Estado Francés, de organizaciones de derechos humanos, de universidades famosas… que unánimes han querido reconocer su lucha por los derechos humanos y por la supervivencia de los pobres. Quizás sea para él un consuelo ante las humillaciones sufridas y las críticas a veces precipitadas de las que ha sido víctima.

Hace cinco años, el cardenal Arns, de acuerdo con el Derecho Canónico, presentó su renuncia a la sede arzobispal. Con todo, lo suyo no es una apacible jubilación. Al igual que antes, sigue siendo una persona muy solicitada, es invitado constantemente a dar conferencias, interviene en debates sociales y participa diariamente en una emisión radiofónica. ¡Esperemos que por mucho tiempo!

Los franciscanos, sobre todo los miembros de la ´Missionszentrale der Franziskanerª, que conocemos y admiramos su amor y su lealtad a la Iglesia y a los pobres, nos alegramos y nos sentimos orgullosos de tener en el cardenal Arns a un hermano que tanto honra a la Iglesia y a la Orden. Confiamos que permanezca todavía mucho tiempo entre nosotros.

 

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