|
EL DIÁLOGO,
CAMINO PARA LA PAZ
Musulmanes en el mundo de hoy
Adel Jabbar (Sociólogo de la inmigración y las relaciones interculturales, Universidad Ca´ Foscari de Venecia.)
Es cada vez más urgente hoy en día la necesidad de interpretar las contradicciones sociopolíticas y los conflictos dramáticos, incluso de naturaleza violenta y armada, que traban el mundo contemporáneo. Sin embargo, los esquemas usuales de análisis parecen con frecuencia obsoletos, ineficaces para comprender, explicar y predecir los acontecimientos e incapaces de ofrecer soluciones.
Desde este punto de vista el islam es hoy en día más parte en causa que nunca, pero ocupa desde hace tiempo una centralidad que deriva en parte de cuestiones históricas, en parte de razones instrumentales propias de la coyuntura política mundial y, sobre todo, en cuanto que una buena componente de la realidad islámica representa hoy en día un área social y económica marginal en la nueva fase de mundialización del capitalismo llamada comúnmente globalización. La diferencia económica y la conflictividad e inestabilidad políticas dan lugar en estas áreas a movimientos radicales -en parte también como respuesta a su propia condición de marginalidad- que apelan a la religión islámica para adquirir una legitimidad política, a la cultura y a la civilización islámica para afirmar una identificación sólida opuesta al proceso de disgregación actualmente existente.
De hecho, sin embargo, no es difícil localizar en la religión islámica, así como también en la constitución normativa de esta civilización, contribuciones y referencias explícitas al tema de la tolerancia y a los derechos humanos. Las relativas al derecho a la vida y a la libertad de credo son elementos fundamentales que entran en la reflexión del islam y de la práctica histórica de la realización de la civilización islámica. Cuando los musulmanes entraron en Jerusalén (638), el segundo califa Omar estipuló con el Patriarca de la ciudad un tratado en el que se comprometía a proteger al pueblo y a salvaguardar su credo. «Ha garantizado sus vidas, la propiedad, las iglesias, las cruces: sus iglesias no serán habitadas por extranjeros ni serán destruidas ni estropeadas en ninguna parte; y lo mismo sus cruces y sus propiedades. No serán perseguidos ni molestados por su religión».
Es oportuno reflexionar sobre el termino jihad, a fin aclararlo un poco.
Podemos partir del significado literal de este término, que puede traducirse como «esfuerzo». En la tradición musulmana, el dicho jihad fi sabil Allah significa «empeñarse en el camino de Dios» y no contiene ninguna implicación de naturaleza violenta o agresiva.
El esfuerzo, el jihad más gravoso que se exige es el de vivir en armonía con las enseñanzas religiosas. Afirman dos hadith de Mahoma, el Profeta: «El jihad más meritorio es una peregrinación hecha piadosamente» y «El jihad más excelente mira a la conquista de un mismo». La eventual defensa de la comunidad de agresiones externas también es jihad, pero menos gravoso que el anterior. Lo cual quiere decir, por tanto, que el empeño más fatigoso es el individual, en particular el que se pide a uno sobre sí mismo, mientras a la acción colectiva le corresponde el esfuerzo menor.
La concepción original del jihad se resume, por tanto, en el empeño con que los musulmanes ponen en práctica la enseñanza de Dios. Lo que algunas traducciones del término jihad contenido en el Corán presentan erróneamente como lucha, ha de ser entendido, en cambio, como esfuerzo.
Hoy día, muchas de las valoraciones y de los juicios que se formulan sobre el islam se basan en acontecimientos que en realidad dan testimonio de la profunda fractura histórica, cultural y política experimentada por los pueblos de los países islámicos. Ciertamente el islam no es extraño ni permanece silencioso frente a estos hechos. En su seno existe un debate floreciente que no descuida interrogarse sobre el sentido profundo y sobre el significado actual del islam: se trata de un tema especialmente actual para los musulmanes, para los no musulmanes, para las minorías islámicas existentes en otros países, sobre todo a la luz de los movimientos migratorios hacia áreas de desarrollo capitalista avanzado. Una reflexión sin duda difícil y compleja, puesto que es consciente de los cambios radicales y de las transformaciones que se están dando, así como de los grandes retos que plantea la modernidad y de las potencialidades, los límites y los riesgos de ésta, tanto mayores cuanto más externa y marginal es la función desempeñada por estas sociedades a la hora de definir los criterios del desarrollo.
Frente a la conciencia de que las condiciones económicas, políticas y culturales dictadas por Occidente son realidades que hay que afrontar, existe también la conciencia de los límites intrínsecos de este modelo hegemónico, de su idea de libertad, definida por Mohamad Khatami como una idea «rígida y unidimensional» que «exige un duro precio a la humanidad». Sobre todo existe la conciencia de un papel cultural que, con su visión del mundo y su concepción ética, el islam puede proponer dialécticamente, no con la fuerza o con la violencia, sino mediante el conocimiento, la crítica y el rigor intelectual.
«Y la palabra que escucharán del Señor misericordioso será "Paz"» (Corán, XXX, 58).
|
|