Tercera Carta
de la Conferencia de la Familia Franciscana
con ocasión del jubileo del año 2000,
para el año consagrado al Padre


"TE DAMOS GRACIAS POR TI MISMO ª"
Hermanos y Hermanas

    1. En su carta Tertio millennio adveniente, Juan Pablo II invitaba a los cristianos a consagrar el año 1999 - tercer año preparatorio del jubileo del dos mil - a ´ampliar los horizontes del creyente según la visión misma de Cristo: la visión del "Padre celestial", por quien fue enviado y a quien retornaráª.[1] Este itinerario preparatorio empezó con la reflexión sobre el misterio de Jesucristo, Mesías-Cristo e Hijo de Dios. La simple y misma palabra Hijo nos orienta a fijar la mirada en el origen y fuente, el Padre: por ser hijo, Jesús nos lleva al Padre y nos ´manifiesta su nombreª.[2].

    Para que esta revelación no quedara en un proceso abstracto, puramente teórico, se nos invitó a dedicar el segundo año a dejarnos captar y guiar por el Soplo Santo, el Espíritu del Señor, que nos hace conocer y experimentar al Padre y al Hijo. En este año, el tercero, nos hallamos en la etapa final del camino: el Hijo y el Espíritu nos han conducido al ´Padre santo y justoª (Jn 17,11-25), en cuyo seno está el Hijo (Jn 1,18) y de quien procede el Espíritu (Jn 15,26).

    2. Como hicimos en los dos años anteriores, queremos meditar con vosotros, hermanos y hermanas, laicos y religiosos miembros de la Familia Franciscana, el misterio del Padre a la luz de la experiencia y del testimonio de Francisco. Centraremos la mirada y la inteligencia del corazón en las inagotables riquezas contenidas en el nombre del Padre, que Jesús se dignó manifestarnos y a quien se dignó rogar por nosotros. [3] Y procuraremos sacar las consecuencias prácticas que este descubrimiento conlleva para nuestras actitudes y nuestro comportamiento en la vida de cada día.

I. El Padre. Perspectivas teológicas y espirituales

    Francisco descubre la paternidad de Dios
    3. Todos conocemos la espectacular escena del despojamiento de Francisco ante su padre, en presencia del obispo[4]. que marcó un giro decisivo en su vida. Completamente desnudo, como si acabara de nacer, Francisco dice a su padre: ´Desde ahora diré con libertad: "Padre nuestro, que estás en los cielos, y no padre Pedro Bernardone"ª. Rompiendo con su origen carnal, renegando en cierto modo de su primer nacimiento, Francisco se vuelve a nuestro ´único Padre: el del cieloª (Mt 23,9),[5] ´de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierraª (Ef 3,15). ¿Con esta frase, afirma simplemente una vaga paternidad de un ser supremo, "Padre del mundo", del que depende todo cuanto existe, o entrevé algo de la profundidad del ´Padre de nuestro Señor Jesucristoª (Ef 1,3)? El camino espiritual reflejado en sus escritos, nos da a entender que con esta frase Francisco manifestaba una intuición que iría adquiriendo profundidad en el futuro.

    Francisco entra en la experiencia del Hijo único
    4. Para descubrir qué realidad se esconde en la palabra "Dios Padre", el cristiano no dispone de otro medio que la escucha del ´Hijo único, que está en el seno del Padreª (Jn 1,18). Eso justamente es lo que hizo Francisco. Cristo y no él es quien habla en los salmos que el Poverello reunió y compuso para celebrar las etapas de la salvación realizada por Cristo: nacimiento, pasión, muerte, resurrección, ascensión, retorno a la gloria y juicio. En el Oficio de la Pasión el Hijo está en la presencia de aquel a quien con ternura llama ´Padre míoª, dialoga con él, le expone sus penas y sus alegrías, se confía y se entrega a él en un clima lleno tanto de cercanía y familiaridad como de respeto y reverencia filial. La experiencia primordial de la paternidad y de la filiación -dos términos inseparables- sólo la vive el Hijo único. Escuchando este diálogo, doloroso unas veces, confiado e incluso gozoso otras, penetrando en él por la fe, Francisco aprende de Jesús quién es el Padre y qué significa ser Hijo.

    5. Lo mismo vemos las tres veces que Francisco cita en sus escritos,[6] amplios fragmentos de la oración sacerdotal (Jn 17) o cuando describe, en un relato breve y denso, el papel del Padre en el envío del Hijo y en la agonía de éste en Getsemaní.[7]. En las cuatro ocasiones el Padre aparece como autoridad: es el primero y tiene toda la iniciativa, pero es también, y ante todo, don y amor que se sacrifica al mismo tiempo que su Hijo.

    ¿Quién es el Padre?
    6. El itinerario que Francisco recorre penetrando en la experiencia de Jesús, Hijo del Padre, le lleva hasta las profundidades del misterio divino tal como lo reveló el Hijo y tal como lo cree la Iglesia. El Dios único no es un Dios solitario, encerrado en sí mismo, sino comunión y relación en su mismo ser. Sale de sí, se entrega, engendra, es Padre que se da un Hijo, ´un Hijo de amorª, como dice la Escritura (Col 1,13). Y este amor, movimiento de pasión que va del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, es también un ser personal, Soplo de vida, Espíritu Santo. Sin emplear términos teológicos y aunque no tenga un sistema teológico elaborado, Francisco, verdadero creyente cristiano, uno de los pequeños a quienes el Padre revela los secretos más arcanos (Mt 11,25), coloca el misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu en el centro de su visión espiritual.

    7. Esta visión es trinitaria y en su centro está siempre el Padre. El Padre tiene la iniciativa en todo: la creación, la encarnación, la redención, el retorno del Hijo a la gloria. Todo empieza en él y todo vuelve a él. [8] El Hijo y el Espíritu participan en la obra del Padre, pero son también cantores de su gloria. Francisco les suplica que den gracias al Padre, pues nosotros, indignos de nombrarlo, no podemos dárselas como él merece. Sin embargo esta "primacía" del Padre no significa en absoluto inferioridad o subordinación del Hijo y del Espíritu: entre éstos y el Padre hay un don mutuo, una interdependencia de amor, un despojamiento, una especie de misteriosa pobreza divina en la que ´nadie se apropia de nadaª.

    8. Esto explica por qué prácticamente todas las oraciones de Francisco, como las de la liturgia de la Iglesia, van dirigidas al Padre; por qué el Padre recibe tantos títulos sublimes: omnipotente, santísimo, altísimo, señor, santo y justo, rey del cielo y de la tierra;[10] por qué Francisco da tanta importancia a la oración del Señor, el Padrenuestro, [11]que menciona doce veces en los escritos y de la que hace un admirable comentario.[12]

    9. Si, en la perspectiva de Francisco, todo comienza en el Padre y en su iniciativa, también el itinerario del cristiano desemboca en el Padre. En efecto, la meta a la que nos conduce el itinerario cristiano siguiendo las huellas del Hijo amado, Jesucristo, una vez purificados, iluminados y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, no es otra que el compartir la vida del altísimo Padre, que reina y está revestido de gloria en perfecta Trinidad y en simple Unidad.[13]. Ésta es, a grandes rasgos, la visión del Padre que Francisco extrajo de los evangelios, sobre todo del de Juan; la que hizo suya mediante la experiencia espiritual, fruto de aquel que es ´Espíritu y Vidaª (Jn 6, 63);[14]y la que él nos transmite como una preciosa herencia.

II. El Padre en la vida del Cristiano hoy

    10. Las páginas más densas en las que Francisco habla de Dios como Padre no van dirigidas a una categoría privilegiada (los hermanos menores o las señoras pobres), sino a todos los cristianos, hombres y mujeres, clérigos y laicos,[15] incluso ´a todos los hombres de cualquier lugar de la tierra que son y seránª.[16] Francisco no teme que su razonamiento parezca alejado de la vida de la gente; al contrario, para él, el descubrimiento de qué significa para Dios ser Padre da una base sólida y una amplia apertura a la vida concreta.

    El Padre, en el centro de la vida de fe
    11. . Demasiado a menudo tenemos una visión vaga y abstracta de Dios. En cambio, Francisco, que formó su visión de Dios a partir del evangelio, nos hace ver el misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu no como un problema complicado, sino como una vida relacional, de comunión y de participación. En su Admonición 1ª nos dice con profundidad y sencillez cómo Cristo, camino, verdad y vida, nos conduce al Padre. Pero para llegar a Jesús y descubrir su realidad de Hijo, necesitamos del Espíritu, el único que nos da ojos capaces de ver lo invisible.

    12. . Sí, el núcleo de la espiritualidad franciscana, en torno al cual se ensambla y armoniza todo, radica ahí, en esa experiencia de fe que con razón puede calificarse como la dimensión contemplativa de nuestra vida. Francisco, fiel al evangelio (cf. Jn 14, 23), [17]nos propone a todos este sublime objetivo. Inspirados e iluminados por esta enseñanza, estamos invitados a tomar, meditar, profundizar y repetir la Paráfrasis del Padre nuestro de Francisco, que puede ayudarnos a no ´repetir como los paganosª (Mt 6,7) la oración que nos enseñó el Señor y que tantas veces recitamos distraídos.

    El hombre, imagen de Dios-comunión
    13. Francisco insiste en que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y que el cuerpo humano ha sido formado según el modelo del Hijo amado. [18] Pero así como, en el seno de su unidad, Dios es diferencia, alteridad, relación y comunión, también el ser humano, que lleva en sí la imagen de Dios y ha sido creado varón y mujer, lejos de ser una soledad encerrada en sí misma, es alteridad, diferencia, complementariedad, y está llamado a la comunión de amor y a transmitir la vida recibida. Somos seres comunitarios y experimentamos la paternidad-maternidad, la filiación y la fraternidad precisamente porque reproducimos la ´sociedadª divina del Padre, del Hijo y del Espíritu. Y esto tanto en la pareja como en la familia, las comunidades que formamos, la comunidad que es la Iglesia, la sociedad en sus formas más distintas e incluso, hasta un cierto punto, en todo cuanto vive (animales, vegetales…). El único origen de este mundo lleno de vida es el Padre invisible, fuente de la que todo brota por el impulso gratuito de su ´santo amorª. [19].

    Ser Padre es salir de sí, darse… y servir…
    14. La paternidad y la filiación humanas nunca han sido vividas sin tensiones, rebeldías y hasta crímenes. Las relaciones de Francisco con su padre tampoco estuvieron libres de problemas; como sabemos, concluyeron en ruptura. Hoy en día se contesta muchas veces la imagen del padre, debilitada o inexistente; se la rechaza en cuanto autoridad que tiene a veces la función de prohibir, y también porque se le reprocha que quiere ser superioridad, dominación, obstáculo para la autonomía, la libertad y el crecimiento. No hay duda de que es así como se ejerce con frecuencia la paternidad. Pero la verdadera paternidad de Dios, la que el evangelio afirma como única (Mt 23,8), no es así, y sólo ella es el modelo de toda paternidad y de toda autoridad.

    15. El Padre del que nos hablan el evangelio de Juan y otros textos bíblicos -y el que Francisco contempla- es aquel que engendra a la vida a un Hijo amado a quien da todo cuanto es y tiene, a quien asocia con el Espíritu Paráclito a su obra de creación y de salvación, y cuyo consentimiento libre espera cuando le entrega a la pasión y a la muerte, [20], antes de tomarlo de la mano y elevarlo a la gloria de la resurrección y de la ascensión.[21].

    16. Nosotros, que vivimos muchas formas distintas la paternidad y la maternidad y ejercemos funciones que conllevan poder, autoridad, ´superioridadª, debemos dirigir nuestra mirada ´al Padre que está en los cielosª. Su ´omnipotenciaª es la del amor sin condiciones que se entrega, sale de sí, busca la vida, el desarrollo y la libertad del otro. Sus exigencias y prohibiciones no son sino un aviso frente a lo que amenaza o destruye la dignidad y el valor de la persona. Cuanto Jesús vivió y dijo en nombre del Padre y a su ejemplo sobre el ejercicio de la autoridad, que es un atributo del Padre, y cuanto leemos al respecto en los escritos de Francisco:[22]el ser siervos, ´menoresª, [23]el lavarse los pies el uno al otro, [24]el no tener potestad o dominio sino servir, [25] nos traza el camino y nos indica el verdadero sentido de la paternidad y la verdadera autoridad según el evangelio.

    Paternidad, filiación y fraternidad
    17. El Padre tiene un Hijo único y amado, pero comunica a todos los hombres el don inaudito de la filiación. ´Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!ª (1 Jn 3,1). Uno de los lugares más significativos de la Carta de Francisco a todos los fieles expresa su asombro ante este don y describe sus frutos.[26] Cuando vivimos el evangelio de Cristo y perseveramos en él a pesar de las dificultades que la vida conlleva, el Espíritu del Señor se posa en nosotros y hace en nosotros habitación y morada. Nos volvemos hijos del Padre celestial y realizamos sus obras. Y nos convertimos en hermanos de Jesucristo, más todavía, en sus esposos y madres. Francisco basa aquí, una vez más, los valores humanos de la filiación y de la fraternidad no sobre las meras relaciones biológicas y psicológicas, sino sobre relaciones que existen en la profundidad de Dios. En el Hijo único y con él pertenecemos al ´linaje de Diosª (Hch 17,28), punto de referencia de toda filiación. Lo mismo hay que decir de la fraternidad, que no es un sentimiento de pertenencia a la misma humanidad, sino la convicción de que todos hemos nacido ´no de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Diosª (Jn 1,13).

    18. Las palabras "fraternidad", "hermanos", "hermanas", tan apreciadas por nuestra tradición franciscana, estamos llamados no sólo a proclamarlas, sino a vivirlas en todas las circunstancias. Las realidades que evocan hunden sus raíces en el misterio del único Padre: el del cielo. Puesto que tenemos un solo Padre, Jesucristo es nuestro primer hermano. Y todo ser humano, varón o mujer, pequeño o grande, pobre o rico, bueno o malo, enfermo o sano, marginado o bien situado, es para nosotros un hermano [27] al que siempre hay que acoger benignamente y tratar como conviene. [28] Los demás seres vivientes -animales y vegetales- y hasta las realidades cósmicas participan de esta misteriosa fraternidad, pues no tienen otro origen que el corazón del Padre que hace brotar la existencia y la vida que sólo él posee en plenitud.

    Invitación
    19. Estimulados por Juan Pablo II, los miembros de la Familia Franciscana hemos recorrido, con la Iglesia católica y con los cristianos del mundo entero, el itinerario preparatorio para el año dos mil, en el que celebraremos el singular acontecimiento de la entrada de Dios en nuestro mundo y en nuestra historia cuando ´la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotrosª (Jn 1,14). Las etapas de este itinerario nos han ayudado a contemplar el amor de Dios. Jesús, nuestro Señor y nuestro Dios a la vez que nuestro hermano en humanidad, tras habernos manifestado al Padre, nos conduce a él mediante el impulso y la moción del Soplo divino, el Espíritu Santo Paráclito. Este ahondamiento de la mirada de nuestra fe, centrada en las realidades esenciales, nos ofrece identidad y solidez interiores y nos impele a compromisos concretos al servicio de la Iglesia y del mundo.

    20. Siguiendo la invitación de Francisco, ´debemos alabar a Dios, porque es bueno, y enaltecerlo en nuestras obras, pues para esto nos ha enviado al mundo entero, para que de palabra y de obra demos testimonio de su voz y hagamos saber a todos que no hay otro omnipotente sino élª.[29].

III. Puntos para la reflexión personal y comunitaria
  1. El Padre está en el centro de la experiencia de la Iglesia y de san Francisco. Todo empieza en el Padre y todo vuelve a él por medio de Jesucristo en la fuerza del Espíritu Santo.
    ¿Nuestra espiritualidad, personal y comunitaria, está encauzada al Padre? ¿Podemos dar un tono más filial y confiado a nuestra oración?

  2. El misterio del amor del Padre al Hijo en el Espíritu Santo nos ofrece un rayo de luz sobre cómo se vive en Dios la comunión más plena en la distinción más perfecta.
    ¿Sabemos armonizar en nuestras relaciones en el seno de la familia, de la comunidad religiosa, de la parroquia, etc., la necesidad de unidad de camino y de programas con el respeto a cada persona y con la aceptación de la diversidad?

  3. Toda paternidad (maternidad) tiene su origen en el Padre celestial, de quien toma su nombre (cf. Ef 3,15) y cuyo espejo debería ser.
    ¿Se ejerce la parternidad/maternidad (y toda forma de autoridad) en nuestras familias, comunidades religiosas, etc., con espíritu de amor, de don, de servicio, tal como brillan en la relación de Dios Padre con el Hijo? ¿Existen, por el contrario, formas de autoritarismo, de dominio, de posesión?
    ¿Sabemos ser ´misericordiosos como nuestro Padreª (cf. Lc 6,36) tener ´entrañas de misericordiaª con quienes se encuentran en necesidad, con quienes sufren, con quienes se han engañado?
    ¿Cómo revelamos, nosotros que somos hijos y discípulos de san Francisco, la humildad, la minoridad y la misericordia de Dios Padre?

  4. San Francisco comprendió que Dios es Padre de todos los hombres, pobres y ricos, cercanos y lejanos, santos y pecadores.
    ¿Tenemos un corazón suficientemente abierto para reconocer a todos los hombres como hijos del único Padre y, por tanto, como a hermanos nuestros? ¿Cómo podemos ser mensajeros de esta paternidad en nuestra sociedad?
    ¿Podemos poner signos concretos -como Familia, como Comunidades religiosas, como movimiento franciscano- relativos, por ejemplo, a los inmigrados existentes en nuestros países o respecto a las deudas de las naciones pobres al Fondo Monetario Internacional…?
    ¿Qué iniciativas podemos sugerir o apoyar para defender la vida humana en el año dedicado al Padre, fuente de toda vida?

  5. San Francisco contemplaba también la paternidad de Dios en todas las otras criaturas animadas e inanimadas, a las que llamaba "hermano" o "hermana".

    ¿Cómo podemos fomentar el respeto a la naturaleza, la lucha contra el despilfarro y el consumismo, contra el uso egoísta de los bienes que el Padre ha creado para alegría de todos sus hijos?

    Roma, 1 de enero de 1999

Fr. Giacomo Bini - Ministro general OFM
Fr. John Corriveau - Ministro general OFM Cap
Sr. Carola Thomann - Presidente CFI - TOR
Fr. Agostino Gardin - Ministro general OFM Conv
Fr. Bonaventure Midili - Ministro general TOR
Emanuela De Nunzio - Ministra general OFS
Sr. M. Giacinta Ibba - Segretaria della CFF


Footnotes
    [1] TMA 49 a
    [2] Rnb 22, 41
    [3] cf. Rnb 22, 41
    [4] 2 Cel 12, 5
    [5] cf. Rnb 22, 34
    [6] 1 CtaF 1, 14-19; 2 CtaF 56-60; Rnb 22, 41-55
    [7] 2 CtaF 4-14
    [8] Rnb 23, 1-6; 2 CtaF 4-14
    [9] Rnb 23, 5
    [10] Rnb 23, 1
    [11] Rnb 22, 28; 2CtaF 21
    [12] ParPN.
    [13] CtaO 50-52
    [14] cf. Rnb 22, 39; 1 CtaF 2, 21; 2 CtaF 3
    [15] 2 CtaF 1
    [16] Rnb 23, 7
    [17] cf. Rnb 22, 27; 2 CtaF 48
    [18] Rnb 23, 1; Adm 5, 1
    [19] Rnb 23, 3
    [20] 2 CtaF 11
    [21] OfP 6, 12
    [22] Rnb 11, 3; 23, 7
    [23] Rnb 6, 3
    [24] Rnb 6, 4
    [22] Rnb 5, 10-12
    [26] 2 CtaF 48-53
    [27] Rnb 7, 14
    [28] Rb 3, 11
    [29] CtaO 8-9
Conferencia de la Familia Franciscana

fr. Giacomo Bini - Curia Generalizia OFM
Via S. Maria Mediatrice, 25 - 00165 Roma - tel.: 68.49.19 - Fax: 63.80.292

fr. Agostino Gardin - Curia Generalizia OFM Conv.
Piazza Ss. Apostoli, 51 - 00187 Roma - tel.: 699.571 - fax: 699.57321

fr. John Corriveau - Curia Generalizia OFM Cap.
Via Piemonte, 70 - 00187 Roma - tel.: 4620.121 - fax: 4620.1210

fr. Bonaventure Midili - Curia Generalizia TOR
Via dei Fori Imperiali, 1 - 00186 Roma - tel.: 699.1540 - fax: 678.4970

sr. Carola Thomann, FCJM - Figlie dei Ss. Cuori di Gesù e Maria
Via di S. Alessio, 22-24 - 00153 Roma - tel.: 574.6643 - fax: 574.6651

Emanuela De Nunzio - Ministra Generale, OFS
Segretariato CIOFS - Via Pomponia Grecina, 31 - 00145 Roma - tel: 512.39.64 - fax: 540.16.01

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