PRIORIDADES PARA EL SEXENIO 1997-2003
«GU’A» PARA PONER EN PRçCTICA EL DOCUMENTO DEL CAP’TULO GENERAL

Está a punto de irrumpir en nuestro hoy el tercer milenio con sus retos e interrogantes, que incidirán en nuestra vida, en nuestra misión y en nuestro futuro. Para evitar el riesgo de quedar aprisionados en las redes de las mil cosas «que hay que hacer» o del miedo del futuro, el Capítulo general nos invitó sabiamente a centrarnos con decisión en lo verdaderamente esencial: qué somos y qué queremos ser como Hermanos Menores para orientar nuestro tránsito y el de la humanidad al nuevo milenio. Según la Christi vivendi forma de san Francisco y de sus primeros compañeros, la calidad de nuestra vida es lo que asegura el sentido y la perceptibilidad de nuestro testimonio evangélico, lo que reaviva el fuego de la profecía que san Francisco encendió en la Iglesia y en la sociedad de su tiempo, lo que da nervio y vigor a las iniciativas y compromisos asumidos.

En efecto, para recorrer con confianza, no obstante sus dificultades e incertezas, los «tiempos fuertes» de la historia -y el que estamos viviendo lo es-, hacen falta puntos de orientación seguros. En sintonía con el documento final del reciente Capítulo general, creemos que la recuperación de lo que somos -una Fraternidad en misión- constituye sin ningún género de dudas un camino seguro para escribir nuevas y significativas páginas de nuestra historia y entregar a las generaciones del tercer milenio la herencia espiritual que hemos recibido. Y, como dicen las Constituciones generales, la herencia recibida consiste en «llevar una vida radicalmente evangélica en espíritu de oración y devoción y en comunión fraterna; [en] dar testimonio de penitencia y minoridad; ... [en] anunciar el Evangelio al mundo entero».

Partiendo de este texto inspiracional, las prioridades que califican nuestro munus en la Iglesia y la vocación franciscana en el tiempo presente son:
1. el espíritu de oración y devoción,
2. la comunión de vida en fraternidad,
3. la vida en minoridad, pobreza y solidaridad,
4. la evangelización - misión.

Pero para que estas prioridades sean vivas, es decir, para que sean fieles a la herencia que hemos recibido y capaces de responder a las solicitudes y retos del tiempo presente, abriéndolo así a un futuro lleno de esperanza, necesitan del apoyo indispensable de la (5) formación.

Éstas son, pues, las prioridades que el Ministro y el Definitorio general indican, en el umbral del tercer milenio, a los Hermanos, a las Provincias y a las Conferencias como «memoria del don que Dios ha dado a la Iglesia y al mundo en la persona del Poverello y del camino recorrido por la Orden; como clave de lectura para comprender adecuadamente las situaciones contemporáneas, permaneciendo así abiertos a las expectativas y a los desafíos del presente; como estímulo para ser, en cuanto seguidores de Cristo crucificado y resucitado, sembradores de alegría y profetas de esperanza entre los hombres.»

1. Espíritu de oración y devoción
De la memoria a la profecía. Orientaciones y propuestas (= MP), 1-6; 11, 1-2; Otras cuestiones votadas,

Nuestra vocación franciscana, en todas sus expresiones, encuentra su razón de ser no en el hacer, sino en lo que somos: estamos llamados a construir, siguiendo las huellas y la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, una Fraternidad en la que se busque a Dios y en la que se ame a Dios por encima de todo. Por tanto, lo fundamental para todo Hermano y para la Fraternidad entera «es tener el Espíritu del Señor y su santa operación». Lo que se les pide a los Hermanos es que, «removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, sirvan, amen, honren y adoren al Señor Dios, y háganlo con limpio corazón y mente pura». De estos textos emerge que la dimensión contemplativa debe ser -sin género alguno de dudas- la prioridad que oriente y anime nuestra vida: el modo como buscamos y vivimos la presencia de Dios en la vida de cada día determina nuestro estilo concreto de vida y nuestra actividad pastoral en fraternidad.

Es preciso, por tanto, como primera expresión del seguimiento de Cristo, revitalizar incesantemente nuestra experiencia espiritual, prestando atención a la densidad que algunos lugares y momentos tienen en la existencia cotidiana. Para que el espíritu de oración y devoción sea de verdad el elemento fundamental en la vida y en la misión de los Frailes Menores, pedimos a los Hermanos y a las Fraternidades que elaboren, respectivamente, un Proyecto de vida personal y un Proyecto de vida fraterna y que todos, según sus responsabilidades, creen el ambiente adecuado para que estos proyectos dispongan del tiempo necesario, posean un contenido adecuado y puedan ser puestos en práctica.

1) El Proyecto de vida fraterna indique -tomando como base lo que prescriben las Constituciones- los ritmos y las formas de la oración de la Fraternidad, prestando especial atención a la escucha de la Palabra de Dios y a la celebración comunitaria de la Eucaristía, de modo que éstas sean el centro de la vida de los Hermanos y la fuente donde beben el amor fraterno.

2) El Proyecto de vida personal debe señalar -teniendo en cuenta el Proyecto de vida fraterna- el ritmo y las formas de la oración personal con que cada uno piensa dar prioridad en su existencia a la dimensión contemplativa.

3) Los Hermanos y las Fraternidades deben verificar al menos una vez al año su fidelidad a lo establecido en los Proyectos, de manera que el activismo excesivo, la superficialidad y la negligencia no comprometan nuestro futuro ni vuelvan vano el significado de nuestra Fraternidad.

4) Las Conferencias, las Provincias y los Hermanos -guiándose por los documentos El corazón vuelto al Señor y El espíritu de oración y devoción- promuevan el espíritu de oración y devoción con gestos perceptibles: nuevas formas de oración comunitaria, encuentros frecuentes en torno a la Palabra de Dios, experiencias de contemplación en Casas de retiro y en Eremitorios, oración compartida con el pueblo.

5) Los Ministros favorezcan la dimensión contemplativa de la vida y de la misión de los Hermanos recuperando la rica tradición contemplativa franciscana y promoviendo nuevas formas que respondan a la sensibilidad de los hombres y de las mujeres de hoy. De este modo la dimensión contemplativa será nuestra fuente de vida y de acción, la raíz que nutra nuestras actividades al servicio de la humanidad y de la Iglesia.

6) Empéñense los Ministros, las Fraternidades y los Hermanos en que nuestras Fraternidades sean realmente lugares donde todos puedan experimentar la presencia libertadora del Resucitado.

7) Empéñense los Ministros y los Hermanos en que las actividades personales y las estructuras locales y provinciales estén al servicio de nuestra vida, hagan leíbles los valores de nuestra carisma y no apaguen nunca el espíritu de oración y devoción.

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Escuchar

  • - Lc 10, 38-42; 11, 1-13; Mt 6, 9-13; Hch 2, 42-46.

  • Rnb 22, 27-55; 23, 1-10; Rb 5, 1-2; 10, 8-9; Adm 16; 2CtaF 19-21; CtaO; ParPN; 1 Cel 45; 2 Cel 163; LM 10, 3.

  • Constituciones generales (= CG), 19-31; Ratio Formationis Franciscanae (= RFF), 12-16; La Orden y la Evangelización hoy (= OE), 1991, 8-9; El corazón vuelto al Señor (1994); La formación permanente en la Orden de Hermanos Menores (= FP), 1995, 29; El espíritu de oración y devoción, 1996; Llenar la tierra con el Evangelio de Cristo (= LlT), 1996, 58-59.75-78.111-115; Informe al Capítulo general de Asís (= ICG), 4-X-1996, 60-61.110-117.

  • La vida fraterna en comunidad (= VFC), 1994, 8.12-20.50; Vita consecrata (= VC), 1996, 17ss.25.33.38.42.45.74.93.95.
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Reflexionar
  1. ¿De qué manera están determinados por nuestra relación con Dios nuestros proyectos, nuestro modo de pensar y nuestro estilo de vida? ¿Cómo vivimos y «expresamos» los votos que hemos profesado?

  2. ¿Qué relación concreta existe entre vocación franciscana, experiencia de oración y actividades pastorales?

  3. ¿Nuestro proyecto comunitario tiene previstos espacios y tiempos para la escucha de la Palabra de Dios? ¿Cómo celebran y viven la Eucaristía nuestras Fraternidades?

Introd.
Part 1
Part 2
Part 3
Part 4
Part 5
Concl. & Addend.


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