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3. Vida en minoridad, pobreza y solidaridad MP 8.38-40
La Fraternidad es, en verdad, una herencia sumamente preciosa para nosotros y especialmente significativa para nuestros contemporáneos. Y, de acuerdo con la voluntad de Francisco, es una Fraternidad de menores: «Quiero que esta Fraternidad se llame Orden de Frailes Menores». Por consiguiente, lo que caracteriza la vida de la Fraternidad y especifica su misión es la eficacia libertadora de la pobreza, que nos induce a restituir al Señor todos los bienes. La pobreza nos hace enteramente disponibles para el Señor, solidarios con los hermanos -sobre todo con los más pobres- y «signo» de una opción de vida inspirada en las palabras y en el ejemplo del Señor, que fue enviado a evangelizar a los pobres.
El ejemplo de Jesús y la exhortación
de san Francisco a alegrarnos de convivir con las personas que
cuentan poco para la sociedad, son un apremiante reto a revisar
nuestra vida de minoridad y de pobreza, y nuestras opciones personales
y de Fraternidad. Proponemos, por tanto, que el Proyecto de
vida personal y el Proyecto de vida fraterna consideren
y procuren que:
1) las Provincias encuentren modos concretos y efectivos de expropiación de bienes y de vida de solidaridad con los más necesitados, de manera que pueda compartirse con los pobres lo que somos y lo que tenemos; 2) todo Hermano se sienta itinerante y esté dispuesto a abandonar las ideas, actividades, oficios y estructuras que no respondan ya a nuestra vocación y a las urgencias de la Iglesia y de los hombres de hoy; 3) todas las Fraternidades examinen anualmente su fidelidad a los compromisos de vida de minoridad, de pobreza y de solidaridad que han asumido; 4) las Conferencias, las Provincias y los Hermanos se empeñen intensamente en que la cultura de la solidaridad y de la colaboración se afiance cada vez más entre nosotros, tanto en las personas y en las estructuras, como en los proyectos formativos y misioneros y en el uso de los bienes materiales. 5) los Hermanos compartan, en la medida de sus posibilidades, la vida, la historia y las esperanzas de los pobres y de los marginados, a fin de ser evangelizados también por ellos; 6) los Hermanos sean, con su vida y su palabra, promotores de justicia, heraldos y artífices de paz y de reconciliación, comportándose como signos proféticos que denuncian sin temor cuanto destruye la dignidad del hombre y de la creación; 7) las Provincias y las Conferencias instituyan una red de personas y de recursos para subvenir a las necesidades de los emigrados, de los prófugos y de las minorías étnicas y religiosas;
8) como aportación franciscana
a la celebración del tercer milenio, las Conferencias y
las Provincias promuevan, junto con los otros miembros de la Familia
Franciscana, una iniciativa concreta -que se inspire en nuestra
espiritualidad y constituya la contribución franciscana
a la celebración del tercer milenio- en favor de la justicia,
la paz y la salvaguardia de la creación.
Reflexionar
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