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5- Formación MP 27-37, 42-44
Las prioridades que hemos elegido para el sexenio y que especifican nuestro modo de «seguir más de cerca el Evangelio», darán espesor y densidad al actual camino de la Orden si las asumimos mediante una «formación sólida que asegure el crecimiento humano y espiritual, la fidelidad creativa a nuestro carisma, vivido en la Fraternidad como lugar de encuentro con Dios». En efecto, la formación es el humus del que reciben vida. Por eso una formación adecuada y cualificada es condición imprescindible para mejorar la calidad y la credibilidad de nuestra vida y de nuestra misión, para transmitir con eficacia a los candidatos a la Orden nuestra forma de vida con un itinerario formativo en el que las distintas etapas estén definidas con claridad y ensambladas con gradualidad y coherencia, y para poder anunciar y proponer a los jóvenes de hoy el carisma franciscano de tal modo que encuentren en él un camino de vida concreto y atrayente. Para que esta prioridad sea factible, pedimos que las Provincias elaboren o revisen su Proyecto de formación, de manera que la meta de la formación continua e inicial consista en formar Hermanos Menores. El Proyecto debe contribuir a que: 1) las Provincias y las Fraternidades estudien los modos convenientes para poner en práctica el capítulo sexto de las CG y los documentos RFF y FP; 2) las Provincias y las Fraternidades encuentren medios para ayudar a los Hermanos ancianos y enfermos a vivir su identidad humana y franciscana de manera adecuada a su situación concreta; 3) todas las Provincias determinen en sus Estatutos particulares el tiempo que debe dedicarse exclusivamente a la formación franciscana, en sus dimensiones teórica y práctica, durante el período de la profesión temporal; 4) todas las Provincias se empeñen en estudiar formas adecuadas de acompañamiento personal de los Hermanos que emiten la Profesión solemne o reciben la Ordenación sacerdotal. Este acompañamiento debe tener un programa bien definido y una duración no inferior a cinco años; 5) todas las Provincias consideren la formación de los formadores como una de sus principales preocupaciones, examinen la de los responsables de la formación y procuren que no se limiten a adquirir un bagaje cultural, sino que, mediante una interiorización contemplativa de los elementos esenciales de nuestra vida, estén en condiciones de estimular a los formandos a conocer, amar y seguir a Cristo según la perspectiva carismática de san Francisco de Asís; 6) todas las Provincias promuevan convenientemente los estudios y, donde sea posible, la creación de Centros de estudio y de espiritualidad en los que se investiguen, enseñen y pongan de relieve aquellas áreas que pertenecen a nuestra tradición franciscana y que responden a las actuales opciones de la Orden, prestando atención a la búsqueda de verdad del hombre actual; 7) en los programas de formación -inicial y permanente- se procure la colaboración con la Familia Franciscana y se tengan en cuenta los temas relacionados con el diálogo, la misión «ad gentes», la justicia, la paz y la salvaguardia de la creación; 8) todas las Provincias se sientan comprometidas, según sus posibilidades, en la realización del programa «Fondo para la Formación y los Estudios», de manera que todos puedan colaborar en la formación de los Hermanos de las Entidades pobres; 9) todas las Provincias elaboren un Proyecto para la atención pastoral de las vocaciones y formen convenientemente a Hermanos para este servicio, a fin de que sean capaces de acoger y acompañar a los jóvenes que el Señor nos dé como Hermanos;
10) las Provincias examinen, al menos
en cada Capítulo, el Proyecto de formación
y el Proyecto para la atención pastoral de las vocaciones.
Reflexionar
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