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1. Las indicaciones de la Regla y de las Constituciones
Tratando de poner de relieve las líneas maestras de las nuevas
Constituciones de la OFS podemos individuar tres aspectos fundamentales:
la secularidad, la unidad de la OFS, su autonomía[1]. "En las Constituciones están exactamente
delimitadas las funciones de gobierno de las Fraternidades a todos los niveles,
reservadas en vía exclusiva a los responsables seglares, y las funciones
de asistencia (...) confiadas a los Religiosos de la Primera Orden y de la TOR.
En esta distinción queda firme y sólida la pertenencia a la
única Familia Franciscana, la `comunión vital recíproca'
que expresa la comunidad de bienes, la unidad de objetivos, la ayuda mutua para
hacer vivo en nuestros días -en la vida de cada uno y en la
misión de la Iglesia- a Francisco y su ideal..."[2].
La Regla de la OFS afirmaba ya que "en los diversos niveles, cada
fraternidad es animada y guiada por un Consejo y un Ministro (o
Presidente), que son elegidos por los Profesos en base a las Constituciones"
(n. 21)[3]. La autonomía de la OFS, esto
es la "directa responsabilidad de autogestión" (G. Paludet OFM) es
indispensable porque el corazón de su espiritualidad es `vivir el
evangelio en fraternidad'.[4]
Las Constituciones, pues, indican que la "OFS es en la Iglesia una
asociación pública"[5], que "se
articula en fraternidades de varios niveles (local, regional, nacional e
internacional"), las cuales "gozan por separado de personalidad
jurídica en la Iglesia" (Art. 1,5). Los capítulos de las
fraternidades en los diversos niveles tienen la potestad "legislativa,
deliberativa y electiva" (Cfr. Arts. 64, 68 y 70,3). La promoción
vocacional, a su vez, es la expresión vital de la autonomía:
"...es un deber de todos los hermanos y es signo de la vitalidad de las propias
fraternidades" (Art. 45).
"Como parte integrante de la Familia Franciscana y llamada a vivir el carisma
de Francisco en la dimensión secular, la OFS tiene particulares y
estrechas relaciones con la Primera Orden y con la TOR" (Art. 85,1).
Por la historia franciscana y por las Constituciones de estas órdenes,
aparece que éstas se reconocen empeñadas, en virtud del
común origen y carisma y por voluntad de la iglesia, en la asistencia
espiritual y pastoral a la OFS[6]. Esta
asistencia se ejerce en el respeto de las Constituciones de la OFS y de
los Estatutos preparados por las fraternidades de los distintos niveles. (Cfr.
Art. 90).
2. La autonomía está ligada con la unidad y la secularidad.
"La autonomía, con la unidad y la secularidad, representan una sola
realidad. No habrá una OFS totalmente autónoma si no está
unida, no habrá una OFS verdaderamente seglar, si depende de los
religiosos y se identifica con los Frailes que le prestan la asistencia
espiritual"[7]. "La OFS se configura como una
unión orgánica de todas las fraternidades católicas
diseminadas por el mundo, coordinadas y conectadas entre sí" (Cfr.
Regla de la OFS 2,20). El Consejo y el Ministro de la fraternidad de
nivel superior tienen la misión de coadunar y coordinar las
fraternidades del nivel inferior. Tal unidad no puede existir sin la
autonomía realizada a nivel local. La autonomía y la unidad son
las dos caras de una misma medalla. La autonomía exige que la OFS tenga,
a todos los niveles, responsables seculares capaces de asumir las funciones de
"animación y guía" de las Fraternidades, con toda la carga de
fatiga, estudio, responsabilidad y disponibilidad, que esto comporta (...)
requiere, pues, estructuras independientes, con sede propia y
autofinanciación, es decir la posibilidad de realizar programas propios
sin tener que recurrir a la ayuda de otros, ya sea a organizaciones, ya a
personas privadas[8]. En la preparación
de la renovada Regla de la OFS tal autonomía era querida tanto
por los franciscanos seglares como por los Ministros generales de la Primera
Orden y de la TOR, los cuales estaban convencidos de que la autonomía
haría a la OFS más viva dándole mayor espíritu de
iniciativa[9]. Tal actitud fue retomada en el
Estatuto para la asistencia espiritual y pastoral a la Orden Franciscana
Seglar, aprobado por los Ministros generales en 1992.
3. La autonomía en la comunión
Es significativo que la Regla no comience con la definición de la
OFS sino con la presentación de la Familia Franciscana. La OFS realiza
su autonomía en relaciones de "comunión vital recíproca"
con los otros componentes de la Familia. Esto está en concordancia con
la visión de la Iglesia como comunión-misión y con la
eclesiología del intercambio de dones. La comunión
eclesial no permite a las comunidades encerrarse en la propia espiritualidad,
estructuras y actividades, como ha sido indicado en el reciente "Congreso
mundial de los Movimientos Eclesiales" (Roma, 27-29 de mayo). La reciprocidad
supone el respeto a la especificidad, la colaboración supone la
autonomía de los colaboradores. Es evidente que, para realizar el
intercambio, deben existir diversos dones, recibidos y custodiados, y que la
identidad carismática debe ser clara. "Extraordinarios o
sencillos y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo que,
directa o indirectamente, tienen una utilidad eclesial, ordenados como
están a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a
las necesidades del mundo"[10]. La OFS debe
tomar conciencia de su propia naturaleza, de su propio papel y de las propias
responsabilidades en la misión de la Familia Franciscana[11].
4. La autonomía en los primeros siglos de la "Tercera Orden
Franciscana"[12]
La autonomía actual de la OFS es la vuelta a los orígenes[13]. La figura de Francisco, la vida y
predicación de sus frailes, la forma de vida dada a los penitentes
traerá como consecuencia que muchos entren en la Orden de la penitencia
asistida por los "Frailes Menores"[14]. El
Memoriale propositi (1221) ayudará a vivir la vida
evangélica en fraternidad, un punto fundamental en la vida de estos
penitentes. Cada una de las fraternidades tiene su propio gobierno, formado por
los hermanos y hermanas elegidos por la fraternidad. El "Consejo" tiene
facultad para adaptar los artículos del Memoriale, previo aviso
a la fraternidad. "Transcurrido un año, los ministros con el consejo de
los hermanos elijan otros dos ministros y un ecónomo de confianza que
provea a las necesidades de los hermanos y hermanas /y de los otros pobres/, y
(elijan) los portavoces que refieran por su mandato (= de los ministros) lo que
se dice y se hace en la fraternidad" (Memoriale propositi, 38). Entre el
Memoriale y la Regla (1289) de Nicolás IV existieron momentos de
relación muy estrecha entre los frailes menores y la Orden de la
Penitencia, como por ejemplo durante el generalato de Giovanni Parenti
(1227-1232), pero parece que fray Elías (1232-1239) fue opuesto a esta
responsabilidad. Durante el generalato de Juan de Parma (1247-1257), Inocencio
IV recomendó en 1247 a los ministros provinciales de Italia y de Sicilia
la visita a los hermanos de la Penitencia, aunque un año después,
puso bajo la jurisdicción de los obispos a los penitentes de
Lombardía, y en 1251 a los de Florencia. San Buenaventura (1257-1274)
fue contrario a un compromiso con la Tercera Orden[15]. En 1284 se volvió a las buenas relaciones entre
los frailes menores y la Orden de la Penitencia. En este año encontramos
como "Visitador apostólico" de los hermanos y hermanas de la Penitencia
a fray Caro de Florencia que les dio una nueva Regla. Nicolás IV con la
bula Supra montem (1289) aprobó la Regla, compuesta por fray
Caro, mantuvo todos los aspectos del Memoriale, pero introdujo las
figuras del visitador y del instructor. Pidió que todos
los visitadores e instructores de los penitentes fueran frailes menores: "Pero
dado que la presente forma de vida fue instituida por el elogiable beato
Francisco disponemos que los visitadores e instructores sean elegidos de la
Orden de los frailes menores, aquellos que los custodios o los guardianes de la
propia Orden crean que deben serles asignados cuando sean requeridos para ello.
Sin embargo, no queremos que esta congregación sea visitada por un
laico" (Regla de Nicolás IV). El cometido prioritario de visitador era
el de vigilar la ortodoxia y la observancia de la Regla. Esta Regla estuvo en
vigor hasta la de León XIII (1883).
Continúa la autonomía en la fraternidad de los laicos como nos lo
demuestra el capítulo de toda Italia, celebrado en Bolonia en 1289 y
varios capítulos regionales, en Marsciano, en Bolonia y en Umbria.[16] Durante la Peste Negra disminuye el
número Penitentes, pero en 1385, existían 235 fraternidades
asistidas por los frailes menores 141 en Italia y Oriente, 23 en España,
26 en Francia, 37 en los países germánicos y 8 en las islas
británicas.[17] En 1400 los grandes
predicadores franciscanos contribuyeron al incremento del número de
terciarios. Con la separación entre Conventuales y Observantes,
ratificada por León X (1513-1521) y la sucesiva separación de los
Capuchinos en 1525, la Tercera Orden Secular, aun continuando "una y
única", comenzó la distinción de las fraternidades
según la obediencia religiosa de la cual recibía la asistencia
espiritual. Se creaba así una división artificiosa según
las cuatro familias de los religiosos Franciscanos: Frailes Menores (de la
Observancia), Frailes Menores Conventuales, Frailes Menores Capuchinos y
Terciarios Regulares (TOR).
5. La Regla de León XIII (1883) y las Constituciones de 1957
En la Regla de León XIII se dice: "Los diversos oficios se confieren en
las asambleas de los cofrades. Los oficios durarán tres años.
Ninguno sin justa causa renuncie o desempeñe con negligencia el oficio
que se le ha conferido" (Capítulo III,1). El "visitador indague
diligentemente si se observa la Regla. Con este fin una vez al año o con
más frecuencia, si fuera necesario, visite de oficio a los sodalicios,
convoque en asamblea general a los Ministros y cofrades (capitulo II,2).
En las Constituciones de 1957 la Tercera Orden no tiene la
autonomía, es decir la "directa responsabilidad de la
autogestión". En ellas se dice: "El gobierno de la Tercera Orden,
según su particular naturaleza, se distingue en gobierno externo,
que corresponde a la Iglesia y a las cuatro Familias Franciscanas y en gobierno
interno, que, por derecho es confiado a los propios Terciarios" (Art.
94). "Los Superiores de las cuatro Familias Franciscanas gobiernan
ordinariamente la Tercera Orden por medio de Comisarios Generales,
Nacionales, Provinciales, de Distrito y de los Directores locales" (Art.
105). "El Director o Moderador local (...) debe estar dotado de competencia,
celo, piedad, prudencia y dedicación pastoral. A él los
Terciarios le deben obediencia y reverencia según el
espíritu del seráfico Padre" (Art. 111). "El gobierno interno de
la Fraternidad, como persona moral, corresponde en la Tercera Orden al
Discretorio, compuesto por el Ministro y los Discretos que en conjunto
constituyen el Consejo del Director" (Art. 120). "Al menos una vez al
año téngase la reunión del Discretorio, bajo la
presidencia del Director" (Art. 130). "Las decisiones tomadas en la
reunión, ausente el Director, deben ser sometidas a su
aprobación. Pero las elecciones no pueden celebrarse si están
ausentes el Director o el Visitador" (Art. 131). Estas citas de las
Constituciones nos demuestran lo grande que será el cambio que
traerá consigo la renovada Regla y las Constituciones de
1990, según las cuales la Fraternidad es guiada por el Consejo y el
Ministro mientras que el Asistente espiritual y pastoral es miembro
del Consejo
6. El proceso de la realización de la autonomía[18]
En la práctica de la autonomía prevista no faltan problemas. Hay
fraternidades plenamente conscientes de la propia autonomía. En algunos
países la autonomía se ha demostrado incluso en la
implantación de la OFS. Pero todavía hay situaciones opuestas en
las que existe una cierta dependencia de la fraternidad con respeto a los
religiosos o a la asistencia espiritual. Tal dependencia es con frecuencia
querida por los propios seglares porque no están preparados para asumir
las propias responsabilidades. En estos casos las fraternidades se hacen menos
significativas en el ambiente eclesial y social. Causa de tales situaciones,
por ejemplo en los países de la Europa oriental, son las condiciones en
las que ha vivido la Iglesia hasta ahora. En general hay una notable necesidad
de formación para la autonomía. Este tema debe implantarse de
modo particular en la formación inicial y en los primeros años
después de la profesión, pero también a través de
los programas de la formación permanente. Con frecuencia para esta
formación podrá ser todavía indispensable la ayuda de los
Asistentes. En los capítulos electivos se produce a veces una
preocupante falta de disponibilidad para asumir responsabilidades en el Consejo
de la fraternidad. La Presidencia del CIOFS está preparando un manual
para la formación específica de los responsables de la OFS,
según la resolución del Capítulo General de 1996.
El segundo problema, quizás el aspecto más delicado en el
momento actual de la OFS, es el de la relación entre el autogobierno de
la OFS y el papel del Asistente espiritual y pastoral en la Fraternidad y en el
Consejo. La espiritualidad de la OFS no es una espiritualidad de reflejo
en la cual se imita la espiritualidad de los religiosos. No es posible el
intercambio de dones mientras la OFS sea considerada como una ayuda para la
vida y misión de los religiosos, no hay intercambio si los religiosos,
al asistir a la OFS, intentan "colonizarla" llevando la propia visión
del carisma franciscano y de los valores franciscanos. Es necesario profundizar
aún la reflexión teórica y práctica sobre las
líneas maestras de la espiritualidad franciscana seglar para
nuestros tiempos. Para esta tarea la OFS tiene necesidad también de la
ayuda de los Asistentes. El Asistente debe ofrecer su ayuda,
muchas veces necesaria, pero debe estar atento y respetar las competencias del
Consejo y del Ministro de la fraternidad.
Cfr. Emanuela de Nunzio, Presentazione
delle Constituzioni e loro entrata in vigore, in Regola e Constituzioni
Generali dell' OFS, Presidencia del CIOFS, Roma 1991, p. 49.
[2] Ibid., pp. 49-50.
[3] Cfr. Can. 309.
[4] Cfr. Can. 215: "Los fieles tienen derecho a
fundar y dirigir libremente asociaciones para fines de caridad o piedad o para
fomentar la vocación cristiana en el mundo".
[5] Cfr. Can. 116 §1.
[6] Cfr. nota al Art. 85 de las
Constituciones
[7] Relación de la Presidencia del
CIOFS al capítulo general electivo, en Orden Franciscana Seglar,
VIII Capítulo General, Roma, 7-14 de julio de 1966. Actas, Roma
1997, p. 65.
[8] Ibid., pp. 64-65.
[9] Conferencia Visión de la OFS
(autonomía, unidad, secularidad) de Emanuela De Nunzio a los
seminarios para los asistentes nacionales celebrados en Frascati (para los
países eslavos, 27 de febrero y para los países africanos, 26 de
junio). Estoy usando las notas tomadas durante esas conferencias.
[10] Catecismo de la Iglesia
Católica, 799.
[11] Cfr. Las terceras órdenes
seglares hoy, a cargo de los Asistentes Generales de las Terceras
Órdenes (Roma 1978), en La voce del Padre, febrero 1979.
[12] El texto, modificado en lo que ha sido
necesario, lo he tomado de la conferencia Notas históricas sobre la
OFS, pronunciada por Valentín Redondo OFMConv, Asistente General, al
Seminario para los Asistentes (Frascati, febrero 1998.
[13] Cfr. Carta de los Cuatro Ministros
Generales de la Familia Franciscana (4 octubre 1978), con ocasión
de la entrega de la Regla.
[14] Cfr. A. POMPEI, el movimento
penitenciale nei secoli XII-XIII, en Atti del Convegno di Studi
Francescani, Assisi 1972, pp. 20-21.
[15] Cfr. SAN BUENAVENTURA,
Determinationes quaestionum circa Regulam fratrum minorum, p. II, q. 15,
en Opera omnia, p. 368 ss.
[16] Cf. G. G. MEERSSEMAN, Dossier
del'Ordre de la Pénitence, pp. 160-178.
[17] Cfr. G. GOLUBOVICH, Biblioteca,
II, p. 260.
[18] De la Conferencia de Emanuela de Nunzio.
1. Introducción
En este trabajo quisiera recoger los elementos de identidad de los fieles
laicos que nos ofrece el texto de la exhortación Christifideles
laici (1988). Uno de los objetivos del Sínodo y de la
Exhortación era precisamente éste: individuar y proponer una
descripción positiva de la vocación y la misión de
los fieles laicos" (9), una "más decisiva toma de conciencia del don y
de la responsabilidad de los laicos en la Iglesia comunión y
misión (2). El propio título anuncia este propósito. El
subtítulo, sin embargo, no usa el término "identidad" sino que
habla de la "vocación y misión de los fieles laicos en la
Iglesia y en el mundo" y nos da elementos clave para describir la identidad
(vocación, misión, Iglesia, mundo).
2. La estructura de la Exhortación
La Exhortación tiene un claro carácter `misionero'. En efecto, la
Iglesia en nuestros tiempos "ha madurado un más vivo conocimiento de su
naturaleza misionera" (2). Lo anuncia ya la introducción en la que se
describen "las urgencias actuales del mundo". Existen, en efecto, muchas
referencias a la Gaudium et Spes y a la Apostolicam actuositatem;
la introducción profundiza el análisis de la situación de
nuestro tiempo que se hizo para el Sínodo extraordinario con motivo del
XX Aniversario del Concilio Vaticano II (1985).
El 1er capítulo ("Yo soy la vida, vosotros los sarmientos")
se dedica precisamente a diseñar la identidad de los laicos. El 2º
capítulo ("Todos sarmientos de la única vid") explica el
concepto base para la identidad de los fieles laicos, es decir la
visión de la Iglesia como comunión. Esto representa una
buena introducción para tratar después la variedad de vocaciones,
carismas, condiciones de vida, ministerios y funciones. El 3er
capítulo ("Os he destinado para que vayáis y deis fruto")
describe las numerosas realidades temporales para las cuales se requiere la
presencia apostólica y transformadora de los cristianos laicos. Una
novedad del 4º capítulo es la visión según la cual la
Iglesia tiene necesidad de todos para llevar a cabo su misión
evangelizadora en el mundo: de los jóvenes, y también de los
niños y ancianos, de modo particular de las mujeres y de los hombres,
pero también incluso de los "enfermos y de los que sufren". Una
atención especial se le ha dedicado a la contribución de las
mujeres, de los enfermos y los sufrientes. "En el combate entre las fuerzas
del bien y del mal venza vuestro sufrimiento en unión con la cruz de
Cristo" (54). En el capítulo 5º se insiste sobre la necesidad de la
formación "integral y permanente" que nutre y hace crecer la consciencia
de la identidad.
3. Algunos textos bíblicos relativos a la identidad de los
laicos.
He aquí el texto que sintetiza los dos aspectos de la Iglesia
(comunión y misión): "Vosotros sois estirpe elegida, sacerdocio
real, nación santa, pueblo que Dios ha adquirido para que
proclame las obras maravillosas de aquél que os ha llamado de las
tinieblas a su luz admirable" (1P 2,9). El texto es interpretado como la base
de la participación de los fieles laicos en el oficio sacerdotal,
profético y real de Cristo. En el fragmento se encuentran
efectivamente los elementos esenciales para diseñar la identidad de los
fieles laicos. Además de la participación en los oficios de
Cristo, se mencionan la novedad cristiana (de las tinieblas a la luz) y
la llamada.
La parábola evangélica sobre la que se basa la Exhortación
es la del propietario que salió a contratar trabajadores para su
viña (Mt 20,1-2). Se ha afirmado ya que esta parábola pone de
relieve la identidad `misionera' de los fieles laicos. El texto complementario
es aquel en que se afirma que los cristianos son "sal de la tierra" y "luz del
mundo" (Mt 5,13-14).
Los tres textos más significativos sobre los que se basa el discurso
sobre la identidad `doctrinal' del cristiano son: Gal 4,6 (Hijos en el Hijo:
"La prueba de que sois hijos es que Dios ha mandado a nuestros corazones el
Espíritu de su Hijo"), Rm 12,5 (Un solo cuerpo en Cristo: "así
también nosotros, siendo muchos no formamos más que un solo
cuerpo en Cristo") y finalmente 1P 2,5 (Templos vivos y santos del
Espíritu: "... también vosotros cual piedras vivas, entrad en la
construcción de un edificio espiritual"). Esta elección de los
textos pone el acento sobre la dignidad (hijos de Dios), sobre la
comunión (un solo cuerpo) y sobre la misión (piedras vivas) y
anuncia la estructura de la Exhortación.
4. "La dignidad de los fieles laicos en la iglesia-misterio" (8-17)
La Exhortación adopta el término "dignidad" para afirmar que se
trata de la identidad estimada y respetada por los propios laicos y por los
otros. El 1er capítulo nos da en primer lugar los elementos
de la identidad comunes a todos los cristianos: 1) el bautismo como
fundamento del ser iglesia y de la dignidad igual, 2) la
participación en el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo
y 3) la santidad. Después se expone el elemento propio de los fieles
laicos: la índole seglar. "Los fieles laicos tienen un puesto original e
insustituible. Por medio de ellos la iglesia de Cristo se hace presente en los
más variados sectores del mundo" (7).
Las declaraciones fundamentales sobre la identidad son: 1) "...sólo en
lo interior del misterio de la iglesia-comunión se revela la "identidad"
de los fieles laicos, su dignidad original" (8) y 2) «El carácter
peculiar de su vocación es "buscar el reino de Dios tratando las cosas
temporales y ordenándolas según Dios»".
La expresión "cosas temporales" no es muy afortunada, porque sugiere la
división de la realidad entre las `cosas temporales' y otras
(perennes...) y está en contradicción con el propósito de
la propia Exhortación de superar "la indebida separación entre
la fe y la vida". Un equívoco semejante existe en la expresión
tan importante para la identidad de los laicos; es decir en aquello de
"sacrifico espiritual" en la que la palabra "espiritual" se refiere
efectivamente a la vida concreta del cristiano (con frecuencia marcada por
dificultades y sacrificios), que va asociada al sacrificio salvífico de
Cristo en fuerza del Espíritu Santo.
"En el mundo y no del mundo". Esta expresión, ya conocida, vale para
toda la Iglesia. Todos los miembros de la Iglesia participan de su
dimensión secular, pero en formas diversas. El mundo es el
ámbito y el medio de la vocación de los laicos. Ellos obran a
modo de fermento, de sal y de luz. "... el estar y obrar en el mundo son para
ellos una realidad no sólo antropológica y sociológica,
sino específicamente teológica (15) y eclesial".
La santidad es vocación de toda la Iglesia. Lo propio de los fieles
laicos es "santificarse en el mundo". "Las actividades de la vida cotidiana son
ocasión de unión con Dios y del cumplimiento de su voluntad y del
servicio a los otros hombres" (18). Se trata de la "vida según el
Espíritu cuyo fruto es la santificación" (Rm 6,22; Gal 5,22). En
esto consiste sencillamente la santidad cristiana. Encontramos también
aquí un retrato de la santidad para nuestro tiempo: acogida de las
bienaventuranzas, escucha de la palabra de Dios, participación en la
vida litúrgica, oración, hambre de justicia, práctica del
mandamiento del amor en todas las circunstancias y en el servicio a los
hermanos, especialmente a los pequeños, pobres y sufrientes (Cfr.
16).
El importante concepto de la participación de los fieles laicos en el
oficio sacerdotal, profético y real de Cristo merece un comentario. El
concepto ante todo, según mi conocimiento, no forma parte de la
consciencia común cristiana. La culpa podría ser del lenguaje
bíblico que está lejano de la cultura moderna.
Hay una falta de claridad respecto a la expresión "oficio sacerdotal".
En la comprensión común el sacerdocio de Cristo no debe
entenderse inmediatamente como "el sacrificio de sí mismo" esto es en
el significado verdadero, porque el concepto del sacerdocio transmite de
ordinario sólo la imagen de la función cultual (del AT). La
Exhortación transmite justamente el respectivo texto de la Lumen
Gentium (34) que explica bien el significado verdadero y propio del
sacerdocio común de los fieles.
Tampoco la palabra "profeta" corre mejor suerte. El uso actual y cotidiano de
esta palabra ha perdido el contenido bíblico del AT. Por eso, la
expresión "oficio profético de los fieles laicos" no pone
inmediatamente de relieve toda la importancia de tal oficio. Sin embargo, el
concepto es más claro que el de sacerdocio. La palabra clave
"testimonio" es comprensible para todos. Cristo "habilita y empeña a los
fieles laicos a acoger en la fe el Evangelio y a anunciarlo con la palabra y
con las obras no dudando en denunciar valientemente el mal" (14). Este oficio
dirigido ad extra no ha sido aún ejercitado por muchos que
`llevan el nombre de cristiano'. No es por acaso que la Exhortación
mencione algunas veces la tentación de los laicos de legitimar la
separación entre fe y vida. Tal fractura se opone al oficio
profético.
De todas formas, es necesario esforzarse por presentar mejor la
"participación en los oficios de Cristo" que representa el elemento
teológico fundamental de la identidad `misionera' de los fieles laicos.
5. La pertenencia a la comunidad eclesial como base de la identidad
Al principio del 2º capítulo (18-31) fue necesario exponer una
síntesis de la eclesiología de comunión, promovida por el
Concilio Vaticano II y confirmada sólidamente por el Sínodo
extraordinario de 1985. Según nuestros conocimientos podemos decir que
todavía hoy es necesario "predicar" esta eclesiología y,
además, traducirla en la vida. Falta la conciencia de que los cristianos
están en la "comunione sanctorum", en la unión con Cristo y con
todos los bautizados, miembros de la Iglesia; falta la consciencia de que, de
cristianos y miembros de la Iglesia, son llamados a ser los protagonistas en
realizar el designio salvífico de Dios.
La Iglesia es una comunión orgánica, es decir
análoga a la de un cuerpo vivo y operante. De ahí se
derivan dos principios para la vida de la Iglesia y para la identidad de los
fieles laicos: diversidad y complementariedad. Estos principios corresponden
muy bien a los valores que se aprecian en la sociedad de hoy (pluralismo,
colaboración). Ellos nos llevan a hablar de los diversos ministerios y
carismas, que se convierten en modelos para la identidad de los fieles
individuales, dentro de la iglesia particular, de la parroquia o de las
diversas agregaciones laicales. El léxico se enriquece al par que se
habla de la diversidad de las "vocaciones, condiciones de vida, de los
ministerios, de los carismas y de las responsabilidades" (20). Todo fiel laico
puede ofrecer su propia contribución, porque Dios llama a
cada uno por su nombre para una misión en la iglesia y en el mundo.
De aquí proviene la importancia de descubrir la propia vocación,
de ver también la nueva condición de vida como una nueva
llamada en el interior del propio estado de vida ya existente. La
Exhortación dedica un número a la metodología de tal
proceso (58). A cada uno le es asignado un cometido original insustituible e
indelegable (Cfr. 28). "Cada uno viva según la gracia recibida"
(Cfr. 1P 4,10).
Se pone de manifiesto el hecho "un poco olvidado" de que es el Espíritu
el que instruye y dirige la Iglesia con los diversos dones, jerárquicos
y carismáticos. Se olvida también que el servicio de los
apóstoles y el servicio de la autoridad son precisamente dones
concedidos por el Espíritu, en y para la comunidad eclesial. Parece que
se haya olvidado, al menos en ciertos ambientes, que el sacerdocio ministerial
es "per excellentiam" el ministerio en la Iglesia, en su comunión y
misión. Esto es un ejemplo de que la iglesia y los ministerios en ella
deben ser entendidos ante todo como realidades "teológicas" y no
(sólo) sociológicas.
Es una importante invitación a los pastores a realizarse todavía
en muchas comunidades eclesiales (han pasado ya diez años de la
Exhortación): "Los pastores deben reconocer y promover los
ministerios, los oficios y las funciones de los fieles laicos que tienen
su fundamento sacramental en el bautismo y en la confirmación,
como también, para muchos de ellos, en el matrimonio" (23). La
referencia al matrimonio representa una cierta novedad para la mayoría
de los fieles laicos. Es un reconocimiento de la misión eclesial de la
pareja humana, no sólo en el interior de la familia, sino en el
conjunto de la misión de la Iglesia.
El Sínodo ha apreciado la "aportación apostólica de los
fieles laicos (...) en favor de la evangelización, de la
santificación y de la animación cristiana de las realidades
temporales como también su disponibilidad a la suplencia (de los
ministros ordinarios) en situaciones de emergencia y de necesidades
crónicas" (23). Los laicos deben realizar sus cometidos en la asamblea
litúrgica, en la transmisión de la fe y en las estructuras
pastorales de la iglesia, pero siempre de conformidad con su específica
vocación laical (Cfr. 23). Ya al comienzo de la Exhortación
encontramos, sin embargo, una amonestación relevante sobre la
tentación de los laicos "de atribuirle un interés tan grande al
servicio y a los cometidos eclesiales que lleguen a un desempeño
práctico de sus responsabilidades específicas en el mundo
profesional, social, económico, cultural y político" (2).
6. Una identidad dinámica
El capítulo 1º en el que han sido expuestas las "urgencias actuales
del mundo" encuentra las respuestas en el capítulo 3º sobre la
"comunión misional" y sobre la urgencia de "emprender una nueva
evangelización". Encontramos aquí una enumeración de las
tareas de la evangelización a la cual son llamados a participar los
fieles laicos: dignidad de la persona, derecho a la vida, libertad religiosa,
familia, solidaridad social, política, economía y cultura. Parece
que la política y la economía son los campos en los que
todavía, en numerosos países (incluso "católicos") falta
el testimonio cristiano y en los que no hay muchas experiencias de la presencia
activa y transformadora de los fieles laicos. Es un ejemplo y prueba de que la
participación en el oficio profético de Cristo no es
fácil. En los países ex comunistas en los que durante cincuenta
años ha sido imposible la actividad pública de la Iglesia, los
fieles laicos están realizando una transición para "salir de las
sacristías". El Concilio ya estimulaba "con fuerza (¡) a los laicos
a vivir laboriosamente su pertenencia a la iglesia particular" (25). La frase
"animación cristiana del orden temporal, que constituye el empeño
específico de los fieles laicos" se repite algunas veces en la
Exhortación. "Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente
acogida" (59). No se trata sólo de la acción ad extra sino
también de una verdadera nueva evangelización ad intra, en
el interior de la comunidad de los bautizados, en la cual muchos no han sido
suficientemente catequizados, ni preparados para insertarse activamente en la
misión de la iglesia. Las tareas de la evangelización son
innumerables. ¡Cuántas hay sólo en el interior de la
familia, que es el «primer espacio del empeño "social"» de los
laicos! Por eso la identidad de los fieles laicos es una identidad
dinámica, en relación y diálogo con las
circunstancias del ambiente social y eclesial en que se vive. La
Exhortación reconoce que la "necesidad de participación" y el
deseo de "ser protagonistas" (mujeres, jóvenes, familia, campos de
economía y política) es un verdadero signo de nuestros
tiempos.
Esta necesidad de participación debe realizarse también en
Iglesia sin ulteriores aplazamientos.
Conferencia de los Asistentes Generales
30 marzo: La conferencia se reunió en la Curia General de la TOR.
Se habló de la vigilia internacional de oración que tendrá
lugar en Roma el 30 de mayo, en la Basílica de los Santos
Apóstoles. Con esta vigilia se abrirá la celebración del
XX Aniversario de la Regla de la OFS. Continuaron los preparativos del
Seminario para los Asistentes nacionales de África y para el Seminario
de Ucrania.
12 junio: La reunión tuvo lugar en el Secretariado del CIOFS en
Garbatella. Se completaron los preparativos inmediatos del Seminario para los
Asistentes de África. Seguidamente se repartieron las tareas respecto a
la participación de la Conferencia en el Convenio nacional de los
Asistentes en los Estados Unidos, en septiembre próximo. Se
programaron, además, las presencias en los capítulos nacionales y
las visitas pastorales para el segundo período del año.
2 julio: La reunión tuvo lugar en el convento de los capuchinos
de Frascati, durante el Seminario para los Asistentes del África. Se
habló del Seminario para los Asistente de Asia a organizar en 1999. Se
completaron los preparativos para el Seminario de Ucrania (2-10 septiembre).
La Conferencia invitó a los cuatro Asistentes Nacionales a la
reunión que tuvo lugar en Roma el 10 de marzo en la Curia de la TOR.
Estuvieron presentes los cuatro Asistentes Generales y todos los Asistentes
nacionales: Valentino Fiscon OFMConv, Luigi Moro OFM con el Viceasistente
Lorenzo di Giuseppe OFM, Mario Finocchi OFMCap y Fernando Scocca TOR. Los
Asistentes Generales invitaron a los Asistentes nacionales a constituir,
inmediatamente durante la reunión, la Conferencia de los Asistentes
nacionales de Italia. Se habló del papel y de las responsabilidades de
los Asistentes en el proceso de la unificación de la OFS en Italia,
organizado en cuatro Fraternidades nacionales obedienciales. Durante la segunda
reunión, el 30 de marzo en la misma Curia, los Asistentes Nacionales
decidieron tener, de ahora en adelante, sus reuniones ordinarias algunas veces
al año.
La Conferencia invitó a los Asistentes Regionales de Italia a la
reunión que tuvo lugar el 12 de marzo en Asís, antes del Curso
nacional Interobediencial para Asistentes y Animadores. En nombre de la
Conferencia participaron los Asistentes Generales Zvonimir Brusa, TOR y
Valentín Redondo OFMConv y asistieron también más de
treinta Asistentes regionales. No han participado los Asistentes de la OFM. El
objetivo del encuentro era el de animar a los Asistentes regionales en su
colaboración y en la constitución, donde sea posible, de las
Conferencias de los Asistentes Regionales. En una atmósfera de
interés hubo un intercambio de informaciones respecto a la
colaboración actual. Los Asistentes Generales presentaron cómo
funciona la asistencia a la OFS única, que se organiza a través
de las conferencias de los asistentes de los distintos niveles.
Seminario para los Asistentes Nacionales de África
Del 23 de junio al 4 de julio de 1998, en el Convento capuchino de Frascati
tuvo lugar el Seminario para los Asistentes de África. Participaron en
el mismo 16 Asistentes procedentes de 15 países: Benín,
Camerún, Chad, Costa de Marfil, Kenya, Madagascar, Malawi, Nigeria,
República Centroafricana, República Democrática del Congo,
Sudáfrica, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabwe. La mayoría de los
asistentes eran de la OFMCap. Además de éstos participaron
también dos Asistentes de la OFMConv de Zambia y Tanzania. Entre los
participantes había cuatro misioneros italianos. El Seminario fue
organizado por los Asistentes Generales. Las lenguas usadas fueron el
inglés, el francés y el italiano. En las conferencias fueron
presentados los siguientes temas: La OFS y la asistencia en la
`iglesia-conunión y misión'. Visión de la Asistencia a la
OFS. Historia y fuentes de la OFS. Espiritualidad franciscana seglar.
Formación en la OFS. La OFS y la Juventud Franciscana. Emanuela de
Nunzio, Ministra General de la OFS, participó en dos jornadas y
presentó los temas: Visión de la OFS (secularidad, unidad y
autonomía) y El franciscano seglar en la Iglesia y en la sociedad.
Por la tarde fueron organizadas: una lectura guiada sobre la Regla de la
OFS, la discusión en grupos y la presentación de la OFS y de
la asistencia en los países de los participantes. Después del
Seminario un grupo de Asistentes pasó una semana en Asís y en
Umbría. Los Asistentes mostraron gran interés por el contenido
del Seminario. Se delinearon indicaciones para una más viva
colaboración entre los asistente de los países de lengua inglesa
y respectivamente entre los de lengua francesa. Un Seminario idéntico
fue organizado en febrero/marzo para los Asistentes de los países
eslavos.
Congreso mundial de los Movimientos eclesiales
El Congreso, promovido por el Pontificio Consejo para los laicos, tuvo
lugar en Roma los días 27-29 de mayo, con el tema "Movimientos
eclesiales: comunión y misión en los umbrales del tercer
milenio". Participaron más de 50 "movimientos y nuevas
comunidades". El encuentro del Papa con los movimientos tuvo lugar el 30 de
mayo en la Plaza de San Pedro. El 31 de mayo, Solemnidad de Pentecostés,
delante de la Basílica de San Pedro, el Papa celebró la misa con
más de doscientos mil participantes.
Al Congreso y al Encuentro fue invitada también la Fraternidad
Internacional de la OFS. En el Congreso participaron Emanuela de Nunzio,
Ministra General, Encarnación del Pozo, Viceministra, Alicia Gallardo y
Emerenziana Rossato, Consejeros de la Presidencia, Peter Keogh, Consejero
Internacional (Australia) y Nils Thompson OFM, Asistente General. La Ministra
General presentó el carisma en la vida de la OFS. Emerenziana Rossato
fue invitada a preparar la oración para la conclusión del
Congreso. La conferencia inicial "Movimientos eclesiales, esperanza para la
Iglesia y para los hombres" corrió a cargo del Cardenal Josef
Ratzinger. Fueron presentados después otros varios temas interesantes:
Institución y carisma, Movimientos, don del Espíritu, y
Movimientos y la misión de la Iglesia hoy. "Los movimientos representan
uno de los frutos más significativos de la primavera de la Iglesia ya
preanunciada por el Concilio Vaticano II", dijo el Papa en su mensaje a los
participantes en el Congreso. "Los dones que el Señor nos ha confiado
son grandes, y grande es también nuestra responsabilidad en hacerlos
fructificar y compartirlos con los otros", dijo el Obispo Stanislav Ry_ko,
Secretario del Consejo para los laicos.
Reunión de la Presidencia del CIOFS
Del 4 al 11 de junio de 1998 tuvo lugar en Roma la 5ª reunión de
la actual Presidencia. Se redactaron los cambios de las Constituciones que
serán sometidos a la votación del Capítulo General que
tendrá lugar en Madrid en octubre de 1999.
El 7 de junio tuvo lugar el encuentro de la Presidencia con los cuatro
Ministros nacionales de la OFS italiana. En este momento de diálogo los
Ministros nacionales suministraron informaciones obre los pasos dados en los
dos últimos años respecto al camino hacia la unidad y sobre el
trabajo del equipo que ha elaborado las "normas estatutarias transitorias" del
proceso de la unificación. Después de este encuentro y tras larga
reflexión y consulta la Presidencia decretó la creación
de un Consejo de la OFS de Italia, que estará compuesto por los
representantes de las cuatro Fraternidades nacionales obedienciales. Los
representantes serán seleccionados mediante elección interna de
las Fraternidades obedienciales. Este Consejo tendrá todas las
competencias conferidas por las Constituciones a los Consejos nacionales y su
cometido prioritario será el de dirigir el proceso de la
unificación en los próximos tres años, tras el vencimiento
de los Consejos nacionales obedienciales fijado para febrero de 1999.
Se habló del avance de los proyectos "Seminario en Ucrania 1998",
"Vademecum para la formación de los responsables" y del "Proyecto
África". Ha sido reconocida la Fraternidad Nacional de la OFS de Malasia
y se ha restablecido la comunicación y colaboración con la OFS de
Cuba.
Apertura del XX Aniversario de la Regla de la OFS
La vigilia de oración y de acción de gracias tuvo lugar el 30 de
mayo en Roma, en la Basílica de los Santos Apóstoles. En ella
participaron franciscanos seglares de Roma y de Italia, un gran grupo de
España y otros presentes en Roma en esta ocasión. Abriendo el
aniversario Emanuela de Nunzio, Ministra General, se dirigió a los
hermanos y hermanas con palabras de saludo y aliento. En el curso de la
vigilia, después de las lecturas bíblicas, se leyeron trozos
selectos de la Regla, acompañados con los símbolos del fuego, las
velas y el agua y con cantos y oraciones. En la vigilia estuvieron presentes
algunos miembros de la Presidencia del CIOFS y los Asistentes Generales.
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by John Abela ofm for Communications Office - Rome HTML 3.0 compatible Java enabled browser Best viewed with Netscape at 640x480x67Hz Please fill in our Guestbook Form - Thank you |
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