1. Preocupaciones
Nuestra pastoral vocacional y, por consiguiente, nuestra formación siguen siendo fundamentalmente clericales. Esto influye entre otros factores externos, como la mayor relevancia social de la vocación sacerdotal que de la vocación laical, en la disminución, en la gran mayoría de las Entidades de la Orden, de los Hermanos laicos. La desproporción entre Hermanos clérigos y laicos no sólo no se mantiene en las cuotas de las décadas pasadas, sino que aumenta cada vez más. Esta disminución se agrava por el hecho de que el número de los que abandonan la Orden, proporcionalmente, es mayor entre los Hermanos laicos que entre los clérigos. Esta última constatación puede estar indicando que el Hermano laico todavía no ha encontrado su lugar y su "identidad" tanto a nivel teórico como, especialmente, a nivel práctico dentro de una Orden que se define como Fraternidad.
La falta de personal cualificado y disponible para la animación de la formación permanente y de la formación inicial. Mientras por una parte constatamos que muchos Hermanos guardianes no están preparados para asumir el rol que les corresponde en la animación de la formación permanente en las fraternidades; por otra parte vemos que el relevo de formadores en las etapas de formación inicial en muchas Entidades no es fácil, ya sea por el envejecimiento de algunas Entidades, ya sea por la falta de preparación específica de los Hermanos más jóvenes para esta delicada tarea.
La falta de verdaderas fraternidades formativas y de animación vocacional. Con demasiada frecuencia la labor formativa se sigue delegando en el "maestro". Lo mismo sucede con el "animador" del cuidado pastoral de las vocaciones. Son servicios que las fraternidades, muchas veces, ejercen por "delegación".
La deficiencia en el acompañamiento debido al trabajo extra-formativo que los formadores desarrollan, ya sea por falta de personal, ya sea porque otros trabajos son más gratificantes que el de la formación.
La falta de gradualidad y continuidad entre las distintas etapas del proceso formativo. Particularmente aguda es la falta de gradualidad-continuidad entre la formación inicial en su conjunto y la formación permanente. Esto lleva a que entre ambas se produzca una ruptura, con el consiguiente vacío existencial, que muchas veces lleva al abandono de la Orden de los Hermanos más jóvenes en los primeros años de Profesión solemne o de ordenación sacerdotal.
La falta de una verdadera programación de la formación permanente a nivel provincial, de tal forma que ésta se convierta en base y eje de la formación inicial. A lo más que se llega en muchas Entidades de la Orden es a programar actividades de formación permanente. Falta un proyecto que, además de ser global y que por tanto comprenda todas las dimensiones de la persona (humana, cristiana, franciscana, ministerial, profesional); tenga también en cuenta las necesidades de los Hermanos según la edad y el ministerio que realizan.
El "desfase" cultural y de formación religiosa de algunos de nuestros candidatos y su proveniencia de familias "rotas". Mientras constatamos que entre nuestros candidatos hay jóvenes que provienen de familias bien estructuradas y con una formación universitaria; también constatamos que hoy llegan a nuestras casas de formación candidatos con una formación cultural mínima y con una formación religiosa muy baja. En muchos casos este "deficit" en la formación es más alto en jóvenes proveniente de familias desintegradas, lo cual suele desembocar en actitudes de rechazo a la autoridad (crisis de obediencia), dificultades serias para la vida en fraternidad, inconstancia en los valores y convicciones. Suelen ser jóvenes muy frágiles psicologicamente, lo cual se suele traducir en inestabilidad emocional, superficialidad, dificultad en asumir compromisos definitivos.
La selección, el discernimiento vocacional y el acompañamiento en los procesos de formación de los jóvenes que nos llegan.
La frágil perseverancia de los candidatos. En bastantes casos las opciones vocacionales son opciones "con poco futuro". Esta fragilidad se constata también después de la profesión solemne. Son bastantes los jóvenes que en los primeros años de profesión solemne o de ordenación sacerdotal abandonan la Fraternidad por escasa fundamentación de la fe, por dificultades en la vivencia de la fraternidad, y por dificultades de tipo afectivo. Esto crea una sospecha sistemática de las opciones que no contribuye a la calidad de la formación que se pretende.
1.10. La poca importancia que en algunas Entidades se da a la formación franciscana en el período de la profesión temporal. Los estudios, a veces, son tan exigentes que la formación franciscana es dejada en un segundo término, y queda reducida a algún cursillo de franciscanismo o alguna experiencia aislada.
La falta de una visión franciscana del estudio que lo contemple no sólo como una necesidad en vistas de la evangelización, sino como un elemento integrante de la formación franciscana.
Desfase entre el proyecto de vida y servicio de la Provincia y el proyecto formativo. Ambos proyectos no se corresponden ni se articularn mútuamente, de manera que la formación permanente pudiera ser la base de la formación inicial.
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