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los responsables del mundo |
para que se ponga fin al desarrollo de las armas nucleares y se eliminen todas las armas nucleares existentess
Junio de 1998
Los franciscanos de todo el mundo, inspirados en san Francisco de Asís (1181-1226), que pidió a sus primeros seguidores que no llevaran armas por ninguna razón, trabajan al servicio de la paz y se oponen a quienes participan en la peligrosa carrera de armamentos. Los recientes experimentos nucleares de la India y del Paquistán acrecientan nuestra conciencia del peligro que las armas atómicas entrañan para la paz. Una guerra entre estos dos países podría inducirles a emplear las armas atómicas allende sus fronteras. Sabemos que otras naciones están procurando desarrollar o adquirir armas nucleares. La reducida capacidad de control de las decenas de miles de armas nucleares existentes, vuelve todavía más pavorosa la eventualidad de una explosión nuclear.
Es evidente que, aunque 148 naciones hayan firmado el Tratado de no proliferación nuclear, ningún poder o nación, ni siquiera las Naciones Unidas, están en condiciones de impedir la espiral de la proliferación atómica. Los expertos sanitarios afirman con insistencia que un ataque nuclear produciría consecuencias médicas inimaginables e incalculables sufrimientos. A pesar de ello, la posibilidad de semejante riesgo es cada día más cercana.
El Tratado de abolición de experimentos nucleares ha sido firmado por muchas, pero no por todas las naciones. Además, no se tiene la certeza de que lo ratifiquen todos los gobiernos de las naciones firmantes. Por otra parte, algunos interpretan este Tratado en el sentido de que permite experimentos subcríticos o simulados, mediante el uso de sistemas informáticos sumamente complejos. No obstante la firma de este Tratado, las armas nucleares proliferan en naciones que hasta hace poco pertenecían al grupo de las naciones no nuclearizadas y las principales potencias nucleares siguen investigando en busca de armas nucleares nuevas y cada vez más letales.
Llama la atención, por ejemplo, que la India, partidaria hasta fechas recientes de la abolición de todas las armas nucleares, se haya transformado en la más reciente protagonista del expansionismo nuclear, aun cuando insiste en que está dispuesta a firmar el Tratado de abolición de los experimentos nucleares y de unirse a los firmantes del Tratado de no proliferación nuclear si las principales potencias nucleares optan por seguir la línea de eliminar todas las armas nucleares como requiere el artículo 6 del Tratado de no proliferación nuclear. Resulta sin embargo obvio que las principales potencias, aunque están dispuestas a negociar una cierta reducción de armamentos, piensan mantener considerables arsenales nucleares durante gran parte del tercer milenio. Esto ofrece a la India --y a otras naciones- el pretexto para no firmar el Tratado de la abolición total de las experiencias nucleares.
Estamos profundamente convencidos de que todos los habitantes de la tierra anhelan que se elimine de la faz del planeta el espectro de la devastación nuclear. El primer punto de la agenda del mundo debería ser el siguiente: Cómo librar con seguridad al mundo de los instrumentos del mal y de la destrucción. Exhortamos a todas las naciones, sobre todo a las grandes potencias nucleares, a responder positivamente a la llamada a la abolición de todas las armas nucleares.
En octubre de 1997 afirmaba monseñor Renato Martino en las Naciones Unidas, hablando en nombre de Juan Pablo II:
Esta declaración refleja una llamada anterior, pronunciada en el Tribunal Internacional de Justicia, en julio de 1996, en la que se afirmaba:
Ha habido un período en el que se consideraba aceptable que una nación conservara armas nucleares como elemento disuasivo, mientras se hacían los trámites pertinentes para eliminarlas. Sin embargo, no parece que las potencias nucleares tengan intención de librarse completamente de sus enormes arsenales de instrumentos de destrucción indiscriminada y masiva. De hecho están experimentando y desarrollando armas nucleares todavía más sofisticadas.
Dirigimos una vez más una llamada a la abolición total de las armas nucleares. La cantidad de armas nucleares existentes y su actual distribución amenazan con el peligro de su uso en el momento menos pensado. Deseamos además llamar la atención sobre el impacto violento que la industria de las armas nucleares causa a los pobres, sobre todo a los niños. Nuestra protesta no se refiere sólo a la destrucción que produciría su eventual uso, sino también a las inmensas cantidades que se invierten en la investigación, desarrollo y producción de estas armas de destrucción masiva.
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Instrumentos de paz
Inspirándonos en san Francisco de Asís, nos esforzamos por defender la paz y los derechos de todos los hombres, especialmente de los más marginados, y por respetar la integridad de la creación. En nuestros encuentros internacionales hemos destacado nuestro rechazo de la guerra y hemos condenado la fabricación, almacenamiento y uso de armas nucleares, así como las investigaciones tendentes a todo ello.
A las puertas del tercer milenio, os dirigimos esta carta con el mismo espíritu que animó a san Francisco de Asís a escribir su Carta a las Autoridades de los pueblos. Con aquel escrito, Francisco se mostraba solícito tanto por el bien de las autoridades como por el del pueblo. También nosotros os escribimos con sincera y cordial preocupación por todas las naciones del mundo. Nosotros, franciscanos, os exhortamos a abolir todas las armas nucleares y emplear los recursos humanos y científicos al servicio de las necesidades materiales y espirituales de la comunidad mundial. De no hacerlo así, los temibles peligros que amenazan a la raza humana superarán lo imaginable.
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