Varsavia - Kostancin (12-18.10.1998)

Con i giovani frati, pellegrini verso l’Europa del domani
IV Assemblea

Centrum Animacji Misyjnej
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DE LA MANO DE LOS JÓVENES
EN CAMINO HACIA EL 2.000.

RELACIÓN

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Presidente del C.O. UFME

1. REFRESCANDO LA MEMORIA.

La U.F.M.E. no es una estructura vieja en años, pero cuenta con una historia que no está mal recordar -aunque sólo sea muy sumariamente- al inicio de esta Cuarta Asamblea general.

La idea de la Unión de Frailes Menores de Europa nació en 1985. Sus patrocinadores fueron los entonces Definidores generales por Europa: Fr. Hermann Schalück, Fr.Angelo Stellini, Fr. Manuel Blanco y Fr. Zenon Stys. Después de algunos años de sensibilización, en 1988, del 9 al 16 de octubre se celebró la primera Asamblea de Ministros provinciales de Europa. El lugar elegido fue Verona (Italia). La segunda Asamblea se celebraría en Vaalbeek (Bélgica) del 6 al 11 de octubre del 92; y la tercera se celebró en Santiago de Compostela (España) del 10 al 15 de octubre del 95.

Las ideas clave que fueron tomando cuerpo desde el inicio y que luego pasaron a los Estatutos de la U.F.M.E. aprobados en la Asamblea de Santiago de Compostela, dando así solidez a la Unión de Frailes Menores de Europa fueron:

  • Conocimiento recíproco de las diversas culturas, iglesias y modos diversos de vivir la vida franciscana en Europa.

  • Favorecer el espíritu de fraternidad internacional entre los frailes de Europa.

  • Confrontar toda clase de iniciativas de formación inicial y permanente, de estudio e investigación, de carácter social y pastoral y promover-coordinar la colaboración interprovincial e internacional en estas iniciativas.

  • Potenciar el aprendizaje de las lenguas y favorecer la solidaridad entre las Provincias.

Sin duda que estos objetivos están todavía muy lejos de ser alcanzados. Son objetivos que más que indicar una meta, indican un camino por el que proseguir. En cualquier caso, desde la última Asamblea de Santiago, hace ahora tres años, se llevaron a cabo algunas actividades que miraban a la realización de los objetivos antes señalados y al cumplimiento de las conclusiones aprobadas por la Asamblea de Santiago. Las actividades más importantes fueron:

  • Encuentro de jóvenes de Europa en Florencia del 25 al 28 de septiembre del 1997. Se invitó a participar a todas la Entidades enviando a dos hermanos menores de 30 años. Participaron unos 70 hermanos jóvenes. El Encuentro se había fijado dos objetivos principales: la formación de nuestros jóvenes en la conciencia europea y el propiciar que nuestros jóvenes hermanos se conocieran y compartieran experiencias de vida franciscana. Para ello el programa comprendía dos días de formación sobre nuestra aportación como Hermano menores a la Europa Unida, un día de peregrinación al monte Alvernia y un día de testimonio y de celebración en el que los jóvenes lanzaron mensajes de reconciliación en las principales sedes de la ciudad: Arzobispado, Municipio, Universidad.

  • Participación oficial de la UFME en la Segunda Asamblea Ecuménica de Europa en Graz. El presidente del C. O. de la UFME se encuentra entre los invitados oficiales y además participan cerca de un centenar de Hermanos menores de Europa, entre ellos un buen grupo de jóvenes que animan un "Hearing".

  • Del 12 al 18 de agosto de 1997 se lleva a cabo la primera iniciativa apoyada por los hermanos de Estambul. En colaboración con el Patriarcado ecuménico de Constantinopla se organiza un seminario patrístico ecuménico que se desplaza de Estambul a Capadocia uy a la zona de Efeso. Con anterioridad, el 11 de mayo de 1996 el Comité Operativo UFME había sido recibido en audiencia por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

Con las dos primeras actividades se trataba de dar cumplimiento a dos de las conclusiones de la Asamblea de Santiago que dicen: "Se promueva, con iniciativas adecuadas, una conciencia europea en nuestros jóvenes hermanos..."(nº 3) y "el Comité operativo estudie seriamente la posibilidad y las modalidades de una participación de la U.F.M.E. a la Asamblea eclesial de Graz en 1997" (nº 7). Con la tercera se trataba de responder a la petición que el entonces Ministro general, fr. Hermann Schlück, había hecho a los Provinciales de Europa, de buscar una forma de presencia en Estambul que mantuviese un diálogo fraterno con el Patriarcado ecuménico y organizase actividades conjuntas con él (cf nº 9).

Además de estas actividades se realizaron otras menos vistosas, tal vez, pero no por ello menos significativas. Entre ellas quiero subrayar:

  • La organización de cursos de lengua frecuentados particularmente por nuestros hermanos más jóvenes. Cabe destacar la acogida verdaderamente fraterna hecha por las Provincias de Alemania a todos aquellos que han ido a aquel país para estudiar el alemán; la no menos fraterna acogida hecha por las Provincias de Irlanda y Malta para los que han estudiado el inglés, o la hecha por las Provincias de España e Italia para los que han estudiado español e italiano. En este sentido el Comité Operativo U.F.M.E. había hecho una lista que luego envió a todas las Provincias indicando los lugares que nuestros jóvenes podían escoger para estudiar las principales lenguas de Europa.

  • La publicación del Noticiario Annuntiantes Pacem. Es, desde 1993, el Noticiado de la U.F.M.E. En este último trienio salió en plazos irregulares por problemas derivados de la colaboración y particularmente de las traducciones.

Todo esto, sin duda es importante, pero lo más sobresaliente y lo que más dinamizó la vida de la U.F.M.E. en estos tres últimos años ha sido la creación del Comité juvenil U.F.M.E.. La idea surgió en la reunión que el Comité Operativo U.F.M.E. celebró en Florencia los días 2-3 de diciembre de 1995. Partiendo de las conclusiones 3 y 7 de la Asamblea de Santiago a las que antes se hizo referencia, el Comité pensó en realizar el Encuentro de jóvenes en Florencia (ya antes recordado) del que ellos mismos, en estrecha colaboración con el Comité Operativo, serían los responsables en todo lo referente a la programación y animación. Para ello se nombró una Comisión de jóvenes hermanos, uno por cada Conferencia, a la que se le confió tal cometido. Al final de dicho Encuentro el Comité pensó que era bueno seguir contando con la colaboración de los más jóvenes. Pidió, entonces, a los jóvenes que se habían reunido en Florencia que eligieran ellos mismos un Comité, formado por un representante de cada Conferencia europea. Nacía así el Comité juvenil de los frailes de Europa. Desde entonces su Presidente participó en todas las reuniones del Comité Operativo U.F.M.E. y a ellos se les confió la organización de alguna actividad a la que anteriormente se hizo referencia ("Hearing" en la Asamblea de Graz), y particularmente la presentación del estudio sobre la situación actual de nuestros hermanos más jóvenes y de sus temores y esperanzas de cara al futuro, que se va a presentar en esta Cuarta Asamblea U.F.M.E.,tal como un grupo de jóvenes frailes que estudian en Roma había propuesto al Comité Operativo U.F.M.E. en una reunión celebrada en Roma el 26 de octubre de 1997. Este tema fue aceptado por el Comité Operativo como tema central de esta Cuarta Asamblea por ser considerado "tema de actualidad y de interés común", tal como se pidió en la Asamblea de Santiago (cf Sugerencias operativas nº 6).

2. MIRANDO EL PRESENTE TRABAJEMOS POR UN FUTURO DISTINTO.

Europa, continente de viejas raíces, de hondas tradiciones, de riquísima historia; Europa, continente rico en recursos humanos y espirituales; Europa, como otros continentes, está en crisis. Hemos ganado en libertad, justicia y bienestar, pero no todo es positivo. Los cambios habidos han debilitado o están debilitando los valores consagrados por la tradición, llegando incluso a veces a hacerlos desaparecer sin sustituirlos por otros. En ocasiones parece como si hubiéramos sido cogidos por sorpresa.

Nuevas concepciones sistemáticas en los ámbitos más diversos de la actividad humana, conmueven las bases sobre las que se apoya la actividad hunmana" (Llenar la tierra... 11). Y los procesos desintegradores son patentes. Entre los principales podemos señalar: el proceso de secularización, el proceso de exclusión y el proceso de violencia.

El proceso de secularización lleva al hombre contemporáneo a emanciparse de lo que hasta ahora había regulado la vida humana, como lo sobrenatural (cf Llenar... 17). La religión pasa a ser algo propio de la esfera privada y pierde el derecho de ciudadanía que había tenido hasta ahora. Dios ya no cuenta y todo se relativiza.

El proceso de exclusión, basado en una feroz competición y agresividad, en criterios económicos y de competencia, lleva a "sucumbir" a los débiles y aumentar cada vez más la desigualdad Norte-Sur.

Finalmente, el proceso de violencia se palpa no sólo en los países que sufren la guerra. Aparece bien visible en nuestras calles, en la violencia racial contra los emigrantes, la violencia verbal de todos los días, la violencia ambiental de nuestras ciudades.

Estamos en un momento de transición y como en todos los momentos de transición, "el ser humano experimenta una sensación de vacío, de falta de sentido y de normas, de incertidumbre y de crisis. Pero en el corazón del momento concreto que nos ha tocado vivir resuenan también limpias las llamadas del espíritu. Nuestra hora es la "hora de Dios", un tiempo de gracia" (Llenar la tierra... 12).

Los Hermanos menores de Europa no podemos ceder a la tentación de pensar: "nosotros no podemos hacer nada". Tampoco podemos dejarnos llevar del "somos pocos y nos llega con pensar en nosotros mismos". Como creyentes, los Franciscanos de Europa hemos de ver la situación en que se encuentra nuestro continente y nuestras entidades a la luz del Señor y escrutar a fondo los signos de los tiempos, de forma que podamos responder a los retos que el momento nos está lanzado.

Han pasado casi ocho cientos años desde que un penitente de Asís llamado Francisco respondía a la llamada del Señor y con su estilo de vida colaboraba como pocos a la construcción de una nueva Europa. Francisco había nacido en una sociedad profundamente dividida. El mismo había participado en la violencia de enfrentamientos sociales y había experimentado en su propia carne lo cerca que suelen andar el afán de riqueza y la lucha por el poder. La Europa que Francisco conoció y amó como suya, era también una Europa en proceso de cambio, en la que se estaban abriendo camino nuevas formas de expresión de la religiosidad, nuevas formas de convivencia civil, nuevos centros de poder económico y político, nueva cultura muy en relación con el nacimiento y el desarrollo de las diversas lenguas romances. Francisco, humilde, pobre y descalzo recorrió los caminos de aquella Europa dividida y en proceso de cambio, llevando en su cuerpo y en su alma las inquietudes y las esperanzas de los hombres de su tiempo y aportando un proyecto de fraternidad, un evangelio de paz, un mensaje de igualdad desde la minoridad.

El amor de Cristo nos apremia. Aquel amor que puso en camino a los discípulos de Jesús; aquel amor que hizo de Francisco un pregonero de paz, en una sociedad violenta; un pregonero de perdón y de reconciliación en una sociedad divida y enfrentada; un pregonero de Dios en una sociedad que aunque profundamente religiosa estaba, sin embargo, muy lejos de vivir los valores evangélicos. Ese mismo amor pone ante nosotros una sociedad, la europea, sometida a múltiples tensiones, rica ciertamente de recursos culturales, económicos y técnicos, pero tal vez prisionera en demasía de sus miedos, sino lo está también de sus egoísmos. Europa ha ganado ciertamente en la conciencia de la dignidad del hombre, en cotas de libertad individual, en garantías de derechos civiles, en sentido de solidaridad. Pero al mismo tiempo nos asalta una grave preocupación al constatar que en la búsqueda de la propia identidad y en la construcción de su futuro, el hombre europeo corre el riesgo de edificar la propia vida sobre la inconsistencia de las arenas, engañado una vez más por la vieja mentida del "seréis como dioses", una mentira que lleva necesariamente a la confusión, la división, la soledad y la muerte.

Hoy, los Hermanos menores del continente europeo, particularmente los más jóvenes, hemos de volver los ojos con más fuerza al Evangelio de Jesús, hacia la forma de vida de Francisco de Asís que se concretiza en las cinco prioridades que la Orden nos propone para estos seis años: espíritu de oración y devoción, vida de comunión en fraternidad, minoridad-pobreza-solidaridad, evangelización y formación como "humus" de donde toman vida las prioridades anteriores. Creemos que la puesta en práctica de estas prioridades -de modo creativo y fecundo- es el mejor servicio que podemos prestar al hombre de hoy.

Nuestra esperanza, "basada en la certeza de que para Dios nada hay imposible" adivina una Europa nueva, una sociedad rica en solidaridad, plural en sus culturas y en sus tradiciones, comprometida decididamente con la paz, la justicia, la igualdad y la salvaguarda de la creación. Y al mismo tiempo que adivinamos, soñamos y queremos algo nuevo, desde la confesión de nuestra infidelidad al evangelio y de nuestras presunciones, deseamos trabajar unidos en la tarea de devolverle a Europa su alma cristiana. Para ello hemos de comprometernos a:

  • Frente a una sociedad que parece empeñada en elaborar un proyecto de futuro al margen de Dios nosotros, Hermanos menores de Europa, queremos ser, ante todo, testigos de Dios. En una sociedad como la nuestra de religión sin Dios y de "sequía espiritual", hemos de empeñarnos en crear lugares y ambientes donde se pueda hacer experiencia profunda de fe y del Dios "vivo y verdadero". En un mundo como el nuestro, cada vez más opaco a Dios, nosotros, Hermanos menores de Europa queremos ser signos de la trascendencia de Dios. Nuestro futuro y la calidad de nuestra evangelización dependerá mucho del ser capaces de poner en el centro de nuestra vida la persona de Jesucristo, de hacer del "espíritu de oración y devoción" la prioridad de nuestra vida, y de la contemplación el eje central de nuestra existencia.

    Frente a una sociedad dividida; frente a los procesos de exclusión, queremos ser instrumentos de comunión fraterna, viviendo como hermanos menores. La vida en fraternidad y minoridad es la gran novedad que el Señor reveló a Francisco y que nosotros hemos de procurar comprender y expresar -formación permanente- cada vez más profundamente cultivando nuestra forma de vida, dándole calidad y hondura. La vocación a vivir en fraternidad-minoridad nos llevará a estar cerca de todos, particularmente de los más pobres y desfavorecidos, pues en todos veremos y descubriremos hermanos. Nos llevará también a no ser indiferentes contra toda clase de violación de los derechos humanos, contra el racismo, el sexismo y el etnocentrismo. Nos llevará, en fin, a tomar posición clara ante la avidez de poseer, que induce a la capitalización y a la instrumentalización de los recursos naturales, en una visión utilitarista, de lucro y de acumulación y que lleva a la extinción de la biodiversidad. Nos llevará a ser instrumentos de paz y de reconciliación, poniéndonos al servicio de la justicia, la paz y la salvaguardia de la creación, llevando la paz y la justicia en nuestros corazones y siendo artífices de paz, constructores de un mundo justo y pacífico, guardianes responsables de la creación.

Pero ¿cómo lograr todo esto?.

3.- PROPUESTAS PARA EL FUTURO.

3.1. - Trabajar unidos. Si queremos ser algo más significativos en la construcción de esta nueva Europa, hemos de trabajar unidos. También aquí es verdad de que "la unidad hace la fuerza". El trabajar unidos no es sólo cuestión de estrategia, sino es exigencia de nuestra vocación. Cuando, a pesar de nuestras diferencias y de las dificultades propias de la vida cotidiana, vivimos un vida fraterna abierta a otras Provincias y Conferencias y llevamos a cabo algunas iniciativas en común (formación, encuentros, comunión de bienes y de personas...) entonces estamos infundiendo validez y hondura a nuestra vida fraterna y es entonces cuando aflora una parte del Evangelio y nuestra vida se convierte en evangelización.

La U.F.M.E., salvando siempre la autonomía de las provincias y de cada una de las Conferencias, es el lugar propicio para promover en el ámbito europeo y en vistas a una Europa cada vez más unida. Para ello propongo que nos comprometamos a favorecer y potenciar los intercambios en lo que concierne a la formación y los estudios de los hermanos, particularmente al estudio de las lenguas europeas; que nos impliquemos a nivel de Conferencias y de Provincias en el empeño de la Orden por implantar plenamente la vida franciscana en algunos países del Este europeo (cf Proyecto Rusia, Albania, Lituania...); que cuidemos las relaciones comunes con las demás áreas geográficas y con el gobierno de la Orden; que estimulemos la colaboración con todos los que componen el movimiento franciscano y procuremos que se tomen iniciativas comunes en el ámbito de la justicia, la paz y la integridad de la creación.

Para ello necesitamos crecer en la conciencia que formamos una única fraternidad, extendida por toda Europa. Necesitamos todavía derribar muchos muros que nos separan: los muros del provincialismo, del individualismo, de la propia lengua o cultura. Necesitamos abrirnos a los demás. Necesitamos construir la Unión de Frailes Menores de Europa.

3.2.- Escuchar y contar con nuestros hermanos más jóvenes. Ya hemos hablado de la necesidad de escuchar a los jóvenes. Desde un principio ellos nos manifestaron sus preferencias: formación de los jóvenes hermanos a la sensibilidad europea y al diálogo ecuménico e interreligioso, prestar especial atención al espíritu de pobreza y a los frailes que trabajan en ambientes pobres y la colaboración con los jóvenes de la entera familia franciscana.

Nuestros jóvenes quieren y esperan ser tenidos en cuenta. Si esto es válido para nuestras fraternidades y Provincias, también es cierto para la participación de los Hermanos menores de Europa en la construcción de esta nueva Europa en la que no queremos ser meros espectadores, sino también activos actífices.

Hace dos años que nació el Comité Operativo de los Jóvenes UFME. Su servicio de animación en distintas actividades a lo largo de este tiempo ha sido muy importante. Ellos son los más indicados para hacer llegar sus propias inquietudes al Comité Operativo UFME y a través de ésta a todos los provinciales de Europa. Por todo ello propongo que venga aprobado el Comité operativo de los Jóvenes UFME para colaborar estrechamente con el Comité Operativo UFME. Dicho Comité tendría el mismo objetivo y la misma finalidad que la UFME (Estatutos UFME 1.3). Los miembros de dicho Comité serían elegidos por los mismos jóvenes para aseguriar una mayor unión con ellos y poder ser sus portavoces en las reuniones conjuntos con el Comité Operativo UFME.

3.3.- Potenciar el espíritu misionero. La conciencia europea nos lleva a sacar de nuestro haber el paño siempre antiguo y nuevo de nuestro espíritu misionero de antaño que tantas gestas heroicas ha provocado, aunque desde nuestros pensar actual merezcan justa críticas y actitudes nuevas. No podemos dejar de compartir, con quienes se nos acercan (pienso en los jóvenes que el Señor nos regala) esta menera de mirar, que engendra otra manera de vivir. Los Hermanos menores de Europa no podemos cerrarnos a los Proyectos misioneros de la Orden.

3.4. Colaborar activamente en el diálogo ecuménico e interreligioso. El actual Definitorio general está convencido de que una de las características del Hermano menor del tercer milenio es la de "ser hombre de diálogo". El diálogo con la cultura, con las distintas religiones y con todos los hombres, aparece, cada vez con más claridad, como una de las prerrogativas del carisma franciscano.

Particularmente apremiante en estos últimos tiempos es la llamada por parte de la Iglesia a la unidad de los cristianos. La nueva situación que se está abriendo a las puertas del tercer milenio se presenta caracterizada por nuevas exigencias que nos han de empujar a un nuevo compromiso a favor del diálogo ecuménico e interreligioso. Este compromiso empieza por favorecer el conocimiento de las otras iglesias y religiones y lleva consigo el que en nuestros programas de formación, tanto inicial como permanente, entre la formación ecuménica. El compromiso ecuménico y el diálogo interreligioso creo que debería ser asumido como uno de los objetivos principales de la U.F.M.E.

4. CONCLUSIÓN.

Todo esto está exigiendo de nosotros un talante nuevo y actitudes renovadas. Plantearnos nuestra aportación como Hermanos menores a la construcción de la nueva Europa es plantearnos el vivir como verdaderos Hermanos menores con autenticidad nueva. No son las obras que hacemos lo mejor que podemos ofrecer a nuestros hermanos y hermanas de Europa, sino lo que somos o tendemos a ser: comunidades que irradian y crean nueva y convencida dirección, comunidades que buscan, escuchan y acogen la confirmación que da el Espíritu Santo.

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