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| Roma, 31 de marzo de 1999
«A todos los podestà y cónsules, jueces y regidores, en cualquier parte de la tierra, y a cuantos llegue esta carta, el hermano Francisco, vuestro siervo en el Señor Dios, pequeñuelo y despreciable, deseándoos a todos salud y paz» (Francisco de Asís, Carta a las autoridades de los pueblos). También nosotros, los franciscanos, conscientes de nuestra pequeñez, queremos dirigirnos a cuantos tienen autoridad y poder en este dramático momento de guerra. Nos estamos preparando a la celebración de la fiesta que es la fuente de todas las fiestas: la Pascua del Señor Jesús, que se entrega para que el mundo tenga vida. Queremos expresar nuestra solidaridad con el dolor de cuantos han perdido sus seres queridos y sus casas a causa de las bombas y con el de cuantos se ven forzados a abandonar su tierra.
Nos sentimos en profunda comunión con nuestras Hermanas y con nuestros Hermanos franciscanos que están trabajando en Albania, Macedonia y Montenegro para acoger a decenas de miles de prófugos. Junto con todos los miembros de la gran Familia Franciscana, difundida el mundo entero, dirigimos nuestra mirada a la Cruz de Cristo para implorar paz y reconciliación. Con humildad, pero con firmeza, pedimos a cuantos tienen voz y responsabilidad en este horroroso conflicto, que dediquen todas sus fuerzas a lograr el diálogo entre las partes. Sólo la fuerza de la razón puede encontrar soluciones dignas del hombre que eviten la locura de la guerra. Queremos unir nuestra voz a la de Juan Pablo II:«¡Siempre es la hora de la paz! Nunca es demasiado tarde para encontrarse y negociar». Nos atrevemos a pedir esto en nombre de todos aquellos que no pueden hacer oír su voz: cuantos viven bajo los bombardeos, cuantos se ven obligados a abandonar su país, cuantos sufren violencias psíquicas o psicológicas. ¡Suplicamos que se dé a todos la posibilidad de celebrar la solemnidad de Pascua en serenidad y en paz! «Yo, el hermano Francisco, vuestro menor siervo, os ruego y suplico, en la caridad que es Dios y con el deseo de besaros los pies, que os sintáis obligados a acoger, poner por obra y guardar con humildad y amor estas palabras» ¡El Señor conceda al mundo el don de la paz!
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Los franciscanos de los Balcanes han creado una red de acogida de los prófugos del Kosovo.
En Tuzi, los Hermanos hospedan en la parroquia a unos 2.500 prófugos, pero el número de éstos aumenta de hora en hora.
La labor de acogida de kosovares prófugos empezó en mayo de 1998 y se realiza en dos centros: En Dushaj (a 20 kilómetros de la frontera entre Kosovo y Albania), donde hay un Centro de Primeros Auxilios, asistido por personal de enfermería, que puede hospedar a 35 personas. Lo atienden las Hermanas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón (Hermanas de Gemona). En Escútari, donde hay un Centro de Acogida para 300 personas. La labor de acogida se realiza en colaboración con el Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los refugiados (UNHCR). El servicio, coordinado por los Hermanos Menores en colaboración con la Diócesis, Cáritas Albanesa e Institutos religiosos de la ciudad, lo prestan exclusivamente religiosos y religiosas. puede enviar sus ofertas a: |
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Titular: OFM Curia Generale - Economato Emergenza Kossovo En euros: conto n. 27.505.005 En dólares: USA conto n. 27.505.011 En liras italianas: conto n. 27.505.004
Titular: Casa Generalizia OFM - Economato Generale
Emergenza Kossovo |
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