• 06 agosto 1999 - eMail comgen@ofm.org
  • MENSAJE DEL SANTO PADRE
    AL MINISTRO GENERAL DE LOS FRAILES MENORES
    En ocasión de la reapertura de la Basílica de la Porciúncula


    Al Reverendísimo Padre
    Giacomo Bini
    Ministro general
    de la Orden Franciscana de los Frailes Menores

    1. La reapertura de la Basílica y de la Capilla de la Porciúncula después de las obras de restauración por los daños causados por el terremoto del 1997, me ofrece la grata oportunidad de dirigir un saludo afectuoso a Usted, amado Hermano, y a la Comunidad Franciscana que en Asís realiza un precioso servicio eclesial y cuida el decoro de los lugares queridos y unidos a la memoria de Pobrecillo de Asís y a los fieles y peregrinos que llegan a la tierra de Francisco y Clara buscando una intensa experiencia espiritual. Los pies de los fieles se detienen a las puertas de Asís, que por los muchos prodigios obrados allí ha sido definida «ciudad predilecta del Señor» (Leyenda de S. Clara 21).


    Hoy la Capilla de la Porciúncula y la Basílica Patriarcal que la custodia abren nuevamente las puertas para acoger multitud de personas atraíadas por la nostalgia y el encanto de la santidad de Dios, manifestada sobremanera en su siervo Francisco. El Pobrecillo sabía que "«en todo lugar se puede dispensar la gracia a los elegido de Dios; pero conocía por experiencia que el lugar de Santa María de la Porciúncula estaba enriquecido de gracia más abundante [ ... ] Por eso decía muchas veces a los Frailes: [ ...] Este lugar es, en verdad, santo y morada de Cristo y de la Virgen, su madre» (Espejo de Perfección 83). La humilde y pobre iglesita se había convertido para Francisco en el icono de María Santísima, la «virgen hecha iglesia» (Saludo VM 1), ella humilde «porcioncilla del mundo» (2a. Celano 18), pero indispensable al Hijo de Dios para ser hombre. Por eso el Santo invocaba a María como tabernáculo, casa, vestidura, esclava y Madre de Dios (cfr Saludo VM).


    Precisamente en la Capilla de la Porciúncula, que había restaurado con sus propias manos, Francisco, iluminado por la palabras del capítulo décimo del Evangelio según san Mateo, decidió abandonar la precedente breve experiencia de ermitaño para dedicarse a la predicación en medio de la gente, «con palabra sencilla y corazón generoso», como escribe el primer biógrafo Tomás de Celano (Vida 1, 23). Así él dio comienzo a su típico ministerio itinerante.


    Allí mismo en la Porciúncula tuvo lugar la vestición de santa Clara, y fue fundada la Orden de las «Damas Pobres de san Damián». Aquí también Francisco suplicó a Cristo, mediante la intercesión de la Reina de los Ángeles, el grande perdón o «indulgencia de la Porciúncula», confirmada por mi venerado Predecesor Papa Honorio III a partir del 2 de agosto de 1216. Desde entonces comenzó la actividad misionera que llevó a Francisco y a sus Frailes a algunos países musulmanes y a varias naciones de Europa. Aquí el Santo acogió cantando «nuestra hermana la muerte corporal» (Cántico de las Criaturas, 12).


    2. De la experiencia del Pobrecillo de Asís la iglesita de la Porciúncula conserva y ofrece un mensaje y una gracia peculiares, que perduran aún hoy y constituyen una fuerte llamada espiritual a cuantos se dejan fascinar por su ejemplo. Cabe decir que resuena significativo el testimonio de Simone Weil, hija de Israel fascinada por Cristo: «Mientras estaba sola en la pequeña capilla románica de santa María de los ngeles, incomparable milagro de pureza, donde Francisco ha orado con frecuencia, algo más fuerte de mí me ha obligado, por primera vez en mi vida, a arrodillarme» (Autobiografía espiritual).


    La Porciúncula es una de los lugares más venerables del franciscanismo, estimado no solo por la Orden minorítica, sino por todos los cristianos que aquí, casi abrumados por la intensidad de las memorias históricas, reciben luz y estímulo hacia una renovación de vida, marcada por una fe más enraizada y por un amor más genuino. Me place, por tanto, subrayar el mensaje específico que proviene de la Porciúncula y de la indulgencia relacionada con ella. Es un mensaje de perdón y de reconciliación, es decir, de gracia, que la bondad divina derrama sobre nosotros, si estamos bien dispuestos, pues Dios es verdaderamente «rico en misericordia» (Ef 2,4).


    ¿Por qué no reavivar cada día en nosotros la invocación humilde y confiada, de la redentora gracia de Dios?,
    ¿Cómo no reconocer la grandeza de este don que Él nos ha ofrecido en Cristo «una vez por todas» (Hb 9,12), y continuamente nos propone con inalterada bondad? El don del perdón gratuito nos dispone a la paz con él y con nosotros mismos, infundiéndonos renovada esperanza y alegría de vivir. Considerando todo esto, es fácil comprender la vida austera de penitencia de Francisco, siendo invitados a acoger el llamado a una constante conversión que nos rescate de una conducta egoísta y oriente decididamente nuestro espíritu hacia Dios, punto focal de nuestra existencia.


    3. Tienda del encuentro de Dios con los hombres, el Santuario de la Porciúncula es casa de oración. «Aquí el que ore con corazón devoto obtendrá lo que pida», solía decir Francisco (Vida 1, 106), después de haberlo experimentado personalmente. Entre los antiguos muros de la pequeña iglesia cada uno puede saborear la dulzura de la oración en compañía de Maria la Madre de Jesús (cfr Hech 1,14), y experimentar su poderosa intercesión.

    El hombre nuevo Francisco, en aquel edificio sagrado restaurado con sus manos, escuchó la invitación de Jesús a modelar su propia vida «según la forma del santo Evangelio» (Testamento, 14) y a recorrer los caminos de los hombres, anunciando el Reino de Dios y la conversión, en pobreza y alegría. Aquel lugar santo se había convertido verdaderamente para Francisco «tienda del encuentro» con Cristo mismo, Palabra viva de salvación.


    La Porciúncula es, en particular, "tierra de encuentro" con la gracia del perdón, madurada en una íntima experiencia de Francisco, el cual, como escribe san Buenaventura, «cierto día en que reflexionaba [...] sobre los años de su vida pasada, deplorándolos con amargura, de pronto se sintió lleno de gozo del Espíritu Santo, y fue cerciorado entonces de que se le habían perdonado completamente todos sus pecados» (Leyenda mayor III, 6). El quiso hacer partícipes a todos de su experiencia personal de la misericordia de Dios y pidió y obtuvo la indulgencia plenaria para aquellos que, arrepentidos y confesados, hubiesen ido como peregrinos a la iglesita para recibir la remisión de los pecados y la sobreabundacia de la gracia divina (cfr Rm 5,20).


    4. A cuantos, en auténtica actitud de penitencia y de reconciliación, siguen las huellas del Pobrecillo de Asís y acogen la indulgencia de la Porciúncula con las disposiciones interiores requeridas, hago votos para que experimenten el gozo del encuentro con Dios y la ternura de su amor misericordioso. Este es el «espíritu de Asís», espíritu de reconciliación, de oración, de respeto recíproco que deseo de corazón constituya para cada uno estímulo a la comunión con Dios y con los Frailes. Es el mismo espíritu que ha distinguido el encuentro de oración por la paz con los representantes de las religiones del mundo, acogidos por mí en la Basílica de santa María de los ngeles el 27 de octubre de 1986, de cuyo acontecimiento guardo un vivo y grato recuerdo.

    Con estos sentimientos, me dirijo también yo en peregrinación espiritual a esta celebración de la indulgencia de la Porciúncula, que se lleva a cabo en la restaurada Basílica de la Bienaventurada Virgen María, celestial Reina en la inminencia del Grande Jubileo de la encarnación de Cristo. A nuestra Señora, hija elegida por el Padre, confío a cuantos en Asís y en cualquier otra parte del mundo querrán hoy recibir el «Perdón de Asís», para hacer del propio corazón una morada y una tienda para el Señor que viene.


    A todos mi Bendición.

    Castelgandolfo, 1° de agosto de 1999, vigésimo primero de Pontificado

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    Created / Updated 06 agosto 1999 at 14:10:21
    by John Abela ofm for Communications Office - Rome
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