SITUACIN DE LA ORDEN HOY.
¿HACIA DONDE VAMOS?
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Curia general- Roma - 23.01.2001 Fr. Stephan Ottenbreit ofm vicario general
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Todos somos conscientes, de uno u otro modo, de que estamos viviendo un momento especial de la historia del mundo y de la humanidad. Acabamos de atravesar el umbral del año 2000, que marca el comienzo de un nuevo siglo y de un nuevo milenio. Un momento especial, porque nos plantea preguntas sobre el futuro del mundo, de la humanidad, de la Iglesia y, entre otras cosas, de la vida consagrada. Las respuestas a estas preguntas están condicionadas por tres actitudes fundamentales, a saber:
1. Actitud negativa-pesimista |
2. Actitud autosuficiente-triunfalista
3. Actitud realista-renovadora Después de esta premisa, hay que considerar también el «clima» del momento histórico que estamos viviendo. Creo que es conocida la actitud que el Ministro general y su Definitorio han elegido y procuran concretizar en toda la Orden. El encuentro anual con los nuevos Ministros provinciales es una prueba elocuente de ella.
Refundación de la vida consagrada Los religiosos son cada vez más conscientes de su «crisis de identidad» y muchos buscan una nueva respuesta, una concretización nueva. Sin duda, vivimos un tiempo de gran búsqueda. Se trata de lograr que los carismas y los consejos evangélicos vuelvan a ser significativos (véase la segunda parte de la carta del Ministro general: La Orden, hoy) en contextos socioculturales nuevos, de reestructurar las presencias, modelos y servicios de la vida consagrada. Con otras palabras, existe la conciencia cada vez más extendida de que está desapareciendo un modelo de vida consagrada y de que hace falta encontrar una nueva «estructura» que favorezca, mantenga y consolide el espíritu renovado. «Los servicios a la Iglesia y a la sociedad deben cambiar; los mismos religiosos, que a veces han sido administradores de obras, deben transformarse sobre todo en inspiradores y transmisores de un carisma» (José M. Arnáiz). |
Éste es el gran reto para toda nuestra Orden. Disponemos de una gran potencialidad: El carisma de Francisco es actualísimo. La gente nos aprecia en todas partes, muchos frailes siguen viviendo el dinamismo de la auténtica vocación franciscana. Todavía tenemos vocaciones. ¿Seremos capaces de encontrar el modo justo de vivir hoy el carisma que han vivido y nos han transmitido Francisco y tantos hermanos a lo largo de la historia de la Orden? El Ministro y el Definitorio generales elegidos en 1997 decidieron servir a la Orden en esta perspectiva, profundamente convencidos de que «sólo salvaguardando los elementos esenciales de nuestro carisma tendremos algo que ofrecer a las generaciones futuras» (Prioridades para el sexenio 1997-2003. Carta introductoria del Ministro general). Esta convicción se expresa en las Prioridades para el sexenio 1997-2003, que, como único «documento» para el sexenio, deberían inspirar y orientar todo el proceso de renovación o refundación.
«Prioridades» y algunos puntos convergentes
1. Enfoque de la vida consagrada En cambio, en este tiempo estamos recobrando la conciencia de que la vida consagrada es ante todo una consagración y a Dios y, como tal, a los hombres y al mundo. En la realidad de nuestra vida ordinariamente invertimos el procedimiento. Consideramos prioritario el servicio a los hombres y al mundo y, cuando nos queda tiempo y disposición, pensamos en Aquel que debería ser la razón de nuestra consagración. «En la refundación de la vida consagrada no debemos entregarnos a opciones secundarias. Se trata de optar por el Dios de la vida en la fuerza del Espíritu, tal como se reveló en Jesucristo» (H. Schalück). Por eso, las Prioridades para el sexenio hacen hincapié en la prioridad de las Prioridades. En el umbral del nuevo milenio descubrimos que nada hay tan importante como la opción por el Dios viviente, a quien consagramos nuestra vida. Afirmar la primacía de Dios y expresar esta primacía en una vida espiritual es la primera vocación del religioso. Hace falta, por tanto, crear espacios y clima de encuentro, de calidad de vida y de solidaridad basados en la Palabra de Dios y «excavar pozos antes de morir de sed». En la contemplación de este Dios viviente aparece la dimensión fundamental del seguimiento de Cristo. Y esta contemplación no es pura pasividad, sino que conlleva rapidez para hacer cuanto sea posible y necesario; no induce a la huida del mundo, sino a la solidaridad; supera el egoísmo y el aislamiento de quien se separa de la sociedad y del mundo; influye en el ánimo del hombre, lo cambia y lo impulsa a empeñarse en la promoción del Reino de Dios en la tierra mediante obras de paz y de justicia, sobre todo en favor de los pobres y de los marginados. |
El gran reto para la Orden consiste sin duda en nuestra capacidad de enfocar la vida no en torno al trabajo y a las estructuras que hay que mantener a toda costa, sino en hacer verdaderos y significativos los valores del seguimiento de Cristo en la forma de vida propuesta por el carisma. ¿Seremos capaces de «morir para renacer de lo alto, de salir de la lógica de salvarnos a nosotros mismos y a nuestras instituciones» para vivir y testimoniar en nuestras culturas el primado de Dios? En muchas Provincias se están dando los primeros pasos y sobre todo pasos significativos. Es importante emprender el camino justo para encarnar el «primado de Dios» en el modo de vivir la identidad, es decir, la fraternidad, la minoridad, la misión de nuestra vida consagrada. Y, por otra parte, no hay que olvidar que con frecuencia en la práctica este espíritu se ve sólo en personas concretas o en pequeñas comunidades. Faltan todavía propuestas más globales y eficaces en el ámbito provincial.
2. Necesidad de un proyecto evangélico Naturalmente esta «exigencia» requiere fidelidad creativa, valentía y, sobre todo, capacidad de dejar obras, cosas y lugares amados a causa del tiempo y la costumbre. Por tanto, hace falta una «política clara y decidida», sin la cual no se hará sino meter vino nuevo en odres viejos. En algunas Entidades el gran reto y la duda son: ¿Tapar la cabeza o tapar los pies? El hecho es que la manta es cada vez más pequeña. También es importante el empeño en el cuidado pastoral de las vocaciones para promover lass vocaciones laicales y, teniéndolas, respetarlas e integrarlas en el proyecto evangélico. Por último, hace falta una verificación periódica, sin la cual cualquier proyecto se convierte en «letra muerta» y, sobre todo, no se convierte en una estructura dinámica portadora de vida, alegría y esperanza. |
3. Conciencia creciente de integración El Definitorio general, reflexionando desde hace tiempo en la dimensión evangelizadora de nuestra vocación, ha llegado a la convicción de que se debe diseñar de nuevo el Secretariado para la Evangelización. Para la animación de la Orden disponemos de dos Secretariados: el Secretariado para la Formación y los Estudios y el Secretariado para la Evangelización, que no es sino el Secretariado para la Evangelización misional. La propuesta es lograr que el Secretariado para la Evangelización abarque todas las presencias, actividades y servicios de los frailes. La razón es sencilla: todos deben estar animados por la vocación y misión que nos es común. En la medida en que tomamos conciencia de que, por ejemplo, la dimensión de la justicia, la paz y la salvaguardia de la creación y del diálogo son elementos inherentes al carisma franciscano, estamos dándoles énfasis especial -a través de un Oficio y de un Servicio- para subrayar su importancia. Sería, con todo, equivocado pensar o admitir que estos elementos constitutivos de nuestro carisma son algo aparte o, todavía peor, algo opcional. Por eso, el Definitorio general quiere, con este esfuerzo de integración, dar un impulso, pensando que con ello puede también inspirar y consolidar iniciativas similares en las Provincias. Hace falta también superar el paralelismo o, incluso, la división entre formación y evangelización. Muchas veces, mientras invertimos bastante en la formación -sobre todo en la formación inicial-, nos olvidamos de su continuación en la vida y misión evangelizadora, es decir, olvidamos el largo e importante período de la formación permanente. A menudo la situación encontrada en el período de la «evangelización» contrasta con fuerza con la propuesta e insistencia de la formación inicial, causando no pocos abandonos y frustraciones. Con toda convicción debemos decir hoy que no se puede pensar en la formación separada de la evangelización, y viceversa. |
4. Conciencia creciente de comunicación Nuestro futuro dependerá mucho de la disposición y de la capacidad de comunicar: en la Fraternidad local y provincial, entre las Entidades y la Orden, con otros Institutos y movimientos, con la Iglesia y con el mundo. La complejidad de la vida actual requiere comunicación y consultas más amplias, capaces de superar cualquier personalismo. Debemos hacer todo lo posible para abrirnos a la comunión. Hace falta superar toda clase de personalismo y de «provincialismo». Más aún, la comunicación debe abrir el camino a la colaboración. |
5. Creciente conciencia de colaboración |
6. Importancia de la formación «Para andar mil pasos, hay que empezar por el primero». |
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