EL MINISTRO PROVINCIAL. AUTORIDAD Y GOBIERNO

(Nota: «Authority and leadership». El término «leadership» (liderazgo/liderato) se traduce aquí por «gobierno» y el término «leader» (líder) se traduce, salvo en una ocasión, por «dirigente».)

Curia general- Roma - 24.01.2001
Fray Seán Collins, ofm Definidor general

 

EL GOBIERNO EN LA COMUNIDAD CRISTIANA
La «obediencia de la fe» (Rom 1, 5) conlleva el empeño del cristiano en vivir el Evangelio. Este empeño es impulsado, sostenido y vivido comunitariamente gracias a la Palabra y los sacramentos, que administran quienes han recibido el ministerio del Orden.

Otro factor importante para hacer crecer la fidelidad al Evangelio radica en el impacto de las vidas que «encarnan» el Evangelio: a través de la fidelidad nos «edificamos» unos a otros.

EL GOBIERNO EN LAS CONGREGACIONES RELIGIOSAS
La función del dirigente, en todas las comunidades humanas, consiste en unir a los componentes del grupo con miras a la búsqueda de un fin común. Una comunidad religiosa es un grupo voluntario de adultos que han elegido libremente empeñarse juntos en un objetivo religioso. Asumen compromisos colectivos que los unen mutuamente y cada miembro del grupo se compromete a ser fiel al grupo.


Un estudio sobre el futuro de la vida consagrada (Nygren-Ukaritis) presenta cuatro tipos de dirigentes:

  1. El dirigente enraizado en los valores, que posee un fuerte sentido de los valores fundamentales del Instituto pero que no es capaz de traducir esta intuición en técnicas y planes de renovación.

  2. El dirigente con visión de futuro, consciente de los valores carismáticos del Instituto y capaz de proyectarlos en el futuro y de inventar y comunicar técnicas y planes que sean incorporados progresivamente en la vida de los miembros del grupo.

  3. El dirigente en conflicto, que ama su Instituto pero no está en condiciones de hacer ni, menos aún, de dirigir el cambio. Tiende a añorar las glorias del pasado y lamentar la actual relajación, vida mundana y pereza de los miembros del Instituto, pero no tiene idea de cómo cambiar la situación.

  4. El dirigente inconsciente, que vive un poco en las nubes, no ve ningún problema y piensa que todo funciona extraordinariamente bien. Es incapaz de captar los graves retos frente a los que se encuentra el Instituto.

Esta cuádruple división, aun cuando se emplea sobre todo respecto a los «Institutos apostólicos», puede sernos útil también a nosotros. El tipo número 1 es bastante frecuente: conoce las Fuentes y sabe exponer la palabra de san Francisco, pero no es capaz de traducir esta palabra de Francisco y de las Fuentes en un proyecto para la Provincia. El tipo número 3 es menos frecuente, pero no es totalmente desconocido: por ejemplo, algunos se lamentan de que en la Provincia no hay pobreza, pero son incapaces de afrontar el problema. No creo que exista entre nosotros el tipo indicado con el número 4: habría que ser verdaderamente obtusos para no ver que tenemos problemas. El tipo número 2 es el dirigente ideal: «conoce el camino, recorre el camino, muestra el camino a los otros». ¡Ojalá -parafraseando lo que decía Franciscos respecto a Junípero- tuviéramos un bosque de ellos!

Después de esta premisa, hay que considerar también el «clima» del momento histórico que estamos viviendo. Creo que es conocida la actitud que el Ministro general y su Definitorio han elegido y procuran concretizar en toda la Orden. El encuentro anual con los nuevos Ministros provinciales es una prueba elocuente de ella.

EL GOBIERNO EN NUESTRAS FRATERNIDADES
Francisco tenía la certeza de que el Altísimo mismo le había revelado que debía vivir según la forma del santo Evangelio (cf. Test 14). Tenemos, como grupo, una diaconía específica en la Iglesia: la identidad, el papel y la aportación que debemos ofrecer a la comunidad eclesial consisten simplemente en vivir la forma del santo Evangelio. La autoridad, entre nosotros, es el servicio que anima y que hace crecer la vida evangélica.

Esta autoridad al servicio del crecimiento ha sido ejercida a lo largo de nuestra historia más por los frailes santos que vivieron impulsando y dando energía a la Orden que por quienes fueron elegidos o nombrados para ejercer la autoridad. Cuando coinciden en una misma persona la santidad y el servicio de la autoridad, la Orden sale ganando enormemente.

El Ministro general ha trazado el perfil «espiritual» del Ministro. Yo quisiera centrar vuestra atención en algunas áreas esenciales en las que es vital el gobierno del Ministro. Son campos en los que la Regla confía a los Ministros una responsabilidad especial. Si existe un buen gobierno en estas áreas, se puede renovar una Provincia.

Evidentemente, es esencial que el Ministro acepte que su responsabilidad se relaciona directamente con la forma del santo Evangelio, con el proyecto evangélico que hemos abrazado en la profesión. El Ministro, por tanto, no está llamado a ser, en primer lugar, un representante o un administrador.

AREAS ESENCIALES DEL GOBIERNO

Candidatos y formación
La Regla indica explícitamente que el Ministro debe examinar la idoneidad de los candidatos a nuestra Fraternidad (cf. Rb 2, 2-3). La Rnb 2, 3 subraya que el Ministro debe exponer con esmero al candidato «el tenor de nuestra vida»: nuestra identidad carismática. Este aspecto es sumamente importante: si un candidato con «vocación a la vida religiosa» nos ve y considera intercambiables con los redentoristas o con los salesianos, por ejemplo, eso quiere decir que nuestra identidad corre un serio peligro. Debemos acoger sólo a quienes están prendados de nuestra vida según el Evangelio. Esto no es fácil cuando disminuye el número; pero diez frailes verdaderamente enamorados del ideal de Francisco valen más que cien frailes mediocres

  • Los candidatos auténticos deben ser acompañados por hermanos maduros y enamorados de nuestra vida: el Ministro debe garantizar que haya un número suficiente de formadores y que estén lo bastante libres para poder desempeñar este servicio.

  • La responsabilidad última de la formación recae en el Ministro (cf. CCGG 138): está en juego el futuro de nuestra forma de vida.


Ser y estar con los frailes
El principal empeño del Ministro consiste en visitar y amonestar a los hermanos y corregirles humilde y caritativamente (cf. Rb 10, 1). Es su primera fidelidad respecto al proyecto evangélico: el servicio del Ministro no consiste tanto en la «epi-skopé» (supervisión), cuanto en «lavar los pies» a los hermanos, cosa que sólo puede hacerse individualmente. El caso citado en la Regla del hermano que no puede guardar espiritualmente la Regla, pone en evidencia que lo que importa es la integridad y la calidad de la vida según el Evangelio (cf. Rb 10, 4-5; Rnb 6, 2).

  • La obediencia a la forma de vida a la que Dios nos ha llamado, nos hace a todos responsables los unos de los otros; todos debemos preocuparnos de la rectitud de vida de todos los componentes de la Fraternidad (cf. Rnb 5, 3-6).

  • El Ministro debe conocer bien a los hermanos. Debe compartir con las Fraternidades la oración, el trabajo, la recreación, los Capítulos... Su ejemplo es más importante que sus exhortaciones.

  • Debe ser imparcial. No debe convertirse nunca en instrumento o, peor todavía, en líder de una facción.

  • El Ministro debe programar esta disponibilidad. Si no tiene tiempo para la oración, la lectio divina y un descanso adecuado, no podrá ayudar a los hermanos. Francisco dedicaba sistemáticamente espacios de tiempo para él y para los hermanos (cf. 2 Cel 185.187). Esto le permitirá encontrarse con los hermanos con serenidad y amabilidad, evitando la irritación y los arrebatos de ira. Deberá ser capaz de seguir el espíritu de la Carta a un ministro (lo cual no es siempre fácil...).

Animación colaborante de la Provincia
Nuestro sistema no prevé que el Ministro pueda controlar la elección del Vicario y del Definitorio provinciales. Por eso, es esencial que su primer empeño consista en crear fraternidad con el equipo que comparte el gobierno. Habrá que pasar tiempo juntos, conocerse, empeñarse en compartir la Palabra de Dios y la propia fe, a fin de crear comunión en la visión de nuestra vida y de nuestro servicio. El tiempo dedicado a ello no dejará de producir frutos.

  1. Los Guardianes son los primeros colaboradores del Definitorio y «sobre sus espaldas recae el principal peso de la responsabilidad concreta de lo que sucede o no sucede en la Orden» (C. Koser, Así veo la Orden [1973] n. 84). Hace falta que se encuentren regularmente con el Definitorio, de manera que la Provincia esté impulsada por un esfuerzo de animación unitario.
  2. El equipo para la formación permanente desempeña un papel esencial en la renovación de los hermanos. Debe gozar del apoyo y de la participación incondicionales del Ministro.
  3. El Ministro debe conocer los movimientos existentes en la Iglesia y en el mundo. Debe leer mucho y con criterio (dada la sobreabundancia de información típica de nuestros días) y elaborar las informaciones de manera refleja y crítica. Debe mantener relaciones con personas preparadas.

    Alentar la itinerancia y la misión
    El Ministro no puede decir no a quienes son llamados a dejar su proprio país para anunciar el Evangelio, una vez comprobada su idoneidad (cf. Rb 12, 1-2; Rnb 16, 1-4). No puede invocar «las necesidades de la Provincia» como un motivo válido para apagar el Espíritu. Y la misma apertura debe tener respecto a los hermanos llamados a nuevas formas de vida según el Evangelio y a nuevas formas de presencia en el mundo (cf. G. Bini, La Orden, hoy [2000] passim). Evidentemente hace falta discernimiento, acompañamiento y verificación, hechos todos ellos de manera positiva y alentadora.

    Responsabilidad respecto a toda la Orden La colaboración con las Provincias vecinas debe ser normal y constante. Nuestra historia particular (Unión Leonina, etc.) nos ha hecho celosos de la propia identidad provincial, tendencialmente autónomos. Debemos corregir este desequilibrio. El Ministro es la persona clave para ello. Los Ministros, juntos, son responsables de toda la Orden, sobre todo a través del Capítulo general. Deben trabajar en unión con el Ministro y el Definitorio generales en la animación de la Fraternidad Universal. Es importante que conozcan a toda la Orden. Creemos que el encuentro anual de los Ministros y de los Custodios que hemos empezado estos años puede ayudar a compartir el compromiso de animación y de revitalización. ¡Confiamos que también vosotros estéis de acuerdo con esto al final de la semana!



© Macmade on Wed, Jan 24, 2001 at 18:30:16 by John Abela ofm (Communications Office - Rome)
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