Signos de los tiempos. Posibilidades y esperanzas Como Orden, tenemos muchas posibilidades y capacidades no manifestadas; un &"tesoro" que debemos valorar. Debemos, pues, ayudar a los hermanos -jóvenes y no tan jóvenes-, a los &"gobiernos" y a cada una de las fraternidades a captar las potencialidades existentes en sus entidades, a conocerlas y a ser conscientes de ellas. He aquí algunos ámbitos de reflexión o de &"reestructuración".
Nadie duda de la capacidad de atracción y de la actualidad liberadora de nuestra espiritualidad y de nuestra vocación franciscana. Pero vivimos en un mundo &"globalizado", dominado por el consumismo, por la acumulación insatisfecha, por el vagar sin meta. ¡Podemos ofrecer claramente un camino alternativo!
Como franciscanos, tenemos la capacidad, mejor dicho, el don de acoger y de ser acogidos. Nuestra &"popularidad" es una realidad presente en todos los continentes, pero debe transformarse en una mayor capacidad de diálogo con las personas, en un diálogo más reflejo y maduro, nutrido de la Palabra de Dios, de la Eucaristía vivida juntos y testimoniado por la fraternidad en cuanto tal.
En nuestra casas tenemos todavía muchos hermanos, ancianos y no tan ancianos, que dan silenciosamente testimonio de fidelidad, de continuidad de empeño, de disponibilidad sin condiciones, hermanos sencillos y buenos que quizás no reciben ayuda y formación para ser más apostólicos y creativos en la transmisión, mediante su vida y su palabra, de un mensaje evangélico según la espiritualidad franciscana en el tiempo en que vivimos. Somos de las pocas familias religiosas que todavía tienen vocaciones (¡625 novicios en un año!). Se trata de jóvenes generosos, atraídos por Francisco y por su espiritualidad; jóvenes conquistados por un idealismo muy fuerte, pero que puede flaquear si no tiene el acompañamiento personal y progresivo en el tiempo de toda la fraternidad. Son jóvenes que vienen de un mundo distraído y que buscan paz, comunión, confianza, presencia de una fraternidad
Somos una Orden &"mixta", de hermanos clérigos y no clérigos. Podemos tener contemporáneamente una función ministerial y una función profética. Podemos ser un lazo de unión entre la Iglesia institucional y los movimientos laicos, actualmente muy vivos y activos. ¿Qué hacemos? Las estructuras y su posibilidad de vida.
Tiempo de signos. Experiencias nuevas, signos de vida En los próximos años, sin abandonar el esfuerzo por leer-discernir los signos de los tiempos en todos los ámbitos, deberemos insistir más en la concreción de los signos, en el &"tiempo de los signos" que hay que proponer a todos los hermanos. Es importante continuar la animación, pero debemos invitar también a la realización. Indico algunas pistas para ello.
Reducir o dejar algunas estructuras, pero para crear otras nuevas. Por ejemplo, se puede renunciar a una parroquia, pero para abrirse a la colaboración en una pastoral específica diocesana. Revalorizar nuestra identidad de instituto mixto, más abierto al profetismo. Sensibilizar y comprometer a los hermanos en perspectivas evangélicas, eclesiales, franciscanas y sociales más abiertas, más universales, más misioneras. El servicio de la autoridad y el empeño de la obediencia El horizonte o punto de llegada al que hay que mirar y a cuya luz han de confrontarse las autoridades y los súbditos, es el amor al Padre y el seguimiento de Cristo hasta las últimas consecuencias, entregándose a Dios por el bien de los hermanos. Según Francisco, el Espíritu Santo es el ministro general de la fraternidad: todos están obligados a obedecerle, y esta obediencia se concreta en la fidelidad al proyecto evangélico expresado en la Regla y en las Constituciones generales, en los documentos de la Iglesia y de la Orden. El proyecto de vida evangélica debe guiar el camino de la autoridad y el camino del individuo. Por eso, en este proceso la autoridad tiene confiado un papel importante e indispensable, un papel que debe ser repensado, re-evangelizado, con miras a un servicio-don recibido de Dios, con miras a una misión claramente espiritual (CCGG 45-46). Dejarse &"poseer", como los profetas, por esta misión es una garantía para la comunidad. Pero si uno se deja poseer sólo por la búsqueda del triunfo, confiando exclusivamente en sus propias capacidades, se corre el riesgo de que fracasen los dinamismos constructores de fraternidades evangélicas. Una autoridad que se deja guiar por el Espíritu, escuchando y colaborando con los otros (definidores, guardianes, formadores ), puede abrir nuevos horizontes: se convierte en guía e impulso hacia la meta; facilita y provoca opciones evangélicas en fraternidad; procura, más que realizar cosas o mantener estructuras sin vida, que en los hermanos nazcan ideas y motivaciones; sabe crear confianza y sentido de pertenencia, requisitos indispensables para la innovación y la creatividad en fraternidad. El autoritarismo y el permisivismo paralizan y frustran en los otros el impulso a ser nuevos y creativos. El diálogo y el crecimiento espiritual en el seno de una Provincia, al igual que la apertura a la relación con las otras Entidades y con el &"gobierno" de la Orden, dependen -con demasiada frecuencia- del modo como se entiende y como se ejerce la autoridad. La vida evangélica franciscana no puede agotarse en el ámbito de una Provincia. Es urgente preparar y formar para el futuro un &"liderazgo" más evangélico y franciscano, como servicio fraterno de caridad.
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