Signos de los tiempos. Posibilidades y esperanzas

Como Orden, tenemos muchas posibilidades y capacidades no manifestadas; un &"tesoro" que debemos valorar. Debemos, pues, ayudar a los hermanos -jóvenes y no tan jóvenes-, a los &"gobiernos" y a cada una de las fraternidades a captar las potencialidades existentes en sus entidades, a conocerlas y a ser conscientes de ellas. He aquí algunos ámbitos de reflexión o de &"reestructuración".

  1. Nadie duda de la capacidad de atracción y de la actualidad liberadora de nuestra espiritualidad y de nuestra vocación franciscana. Pero vivimos en un mundo &"globalizado", dominado por el consumismo, por la acumulación insatisfecha, por el vagar sin meta. ¡Podemos ofrecer claramente un camino alternativo!
    ¡Qué testimonio podemos ofrecer con la práctica de la minoridad, de la pobreza, de la libertad, de la alegría!

  2. Como franciscanos, tenemos la capacidad, mejor dicho, el don de acoger y de ser acogidos. Nuestra &"popularidad" es una realidad presente en todos los continentes, pero debe transformarse en una mayor capacidad de diálogo con las personas, en un diálogo más reflejo y maduro, nutrido de la Palabra de Dios, de la Eucaristía vivida juntos y testimoniado por la fraternidad en cuanto tal.
    Los otros tienen una gran confianza en nosotros. ¿Qué hacemos para no decepcionarlos? ¿Qué hacemos para ser acogedores en cuanto fraternidad? ¿Qué tiempo dedicamos a nuestra formación para ofrecer una catequesis más especializada y una acogida de mayor calidad?

  3. En nuestra casas tenemos todavía muchos hermanos, ancianos y no tan ancianos, que dan silenciosamente testimonio de fidelidad, de continuidad de empeño, de disponibilidad sin condiciones, hermanos sencillos y buenos que quizás no reciben ayuda y formación para ser más apostólicos y creativos en la transmisión, mediante su vida y su palabra, de un mensaje evangélico según la espiritualidad franciscana en el tiempo en que vivimos.

  4. Somos de las pocas familias religiosas que todavía tienen vocaciones (¡625 novicios en un año!). Se trata de jóvenes generosos, atraídos por Francisco y por su espiritualidad; jóvenes conquistados por un idealismo muy fuerte, pero que puede flaquear si no tiene el acompañamiento personal y progresivo en el tiempo de toda la fraternidad. Son jóvenes que vienen de un mundo distraído y que buscan paz, comunión, confianza, presencia de una fraternidad…
    ¿Cómo y en qué medida se empeña la fraternidad provincial en este trabajo de paternidad/maternidad espiritual? ¿Estamos dispuestos a &"disminuir" nosotros para que ellos puedan crecer?

  5. Somos una Orden &"mixta", de hermanos clérigos y no clérigos. Podemos tener contemporáneamente una función ministerial y una función profética. Podemos ser un lazo de unión entre la Iglesia institucional y los movimientos laicos, actualmente muy vivos y activos. ¿Qué hacemos?

  6. Las estructuras y su posibilidad de vida.
    San Buenaventura dice que el hombre creado a imagen de Dios es el hombre &"capax Dei", el hombre capaz de acoger a Dios. Toda estructura ha de ser considerada a la luz de esta capacidad. Ante todo nosotros mismos: ser capaces de entrar en diálogo con el Señor, de dejarnos transformar por Él, de adaptarnos a sus exigencias por el Reino, presente ya en medio de nosotros; capaces de convertirnos en &"basílica", en espacio de encuentro. Se trata de una búsqueda-itinerancia que define nuestra identidad profética en el mundo en que vivimos; sólo ésta nos permitirá usar en beneficio de todos las estructuras externas que hemos recibido: o las utilizamos dinámicamente y con sabiduría, o seremos utilizados, ahogados y desorientados por ellas.
    Las estructuras no son el Reino de Dios, pero lo expresan en la medida en que quien las vive es un buscador apasionado de la voluntad del Señor y de los signos de los tiempos.

  7. El don de los hermanos. No obstante nuestros límites, el mundo aprecia o, al menos, no rechaza nuestros conventos (con-venio). El impacto más convincente con los hombres de hoy lo constituye nuestra vida reconciliada, de santidad fraterna. Es urgente re-unir nuestras fraternidades dispersas: dispersas quizás para hacer el bien, pero en un activismo exagerado que puede llevar al individualismo y alejarnos del proyecto evangélico; dispersas y hechas añicos por los valores mundanos de la eficacia, del tener, del poder, de las apariencias…

  8. La riqueza y la creatividad evangélicas manifestadas por nuestra historia franciscana. Los hermanos que nos han precedido a lo largo de los siglos inventaron formas, obras, estructuras evangelizadoras adecuadas a su tiempo, para dar un testimonio más transparente del mensaje evangélico de Francisco que ardía en sus.

Tiempo de signos. Experiencias nuevas, signos de vida

En los próximos años, sin abandonar el esfuerzo por leer-discernir los signos de los tiempos en todos los ámbitos, deberemos insistir más en la concreción de los signos, en el &"tiempo de los signos" que hay que proponer a todos los hermanos. Es importante continuar la animación, pero debemos invitar también a la realización. Indico algunas pistas para ello.

  1. Fraternidades contemplativas y evangelizadoras, fuera de las estructuras tradicionales. Urgencia de revalorizar las estructuras tradicionales (internas y externas) y de crear nuevos ministerios en los que los hermanos no sacerdotes encuentren una valoración adecuada. Esto es necesario tanto por la disminución del número de los hermanos como por la situación de los religiosos jóvenes, que a menudo tropiezan con una realidad carente de ideales y de creatividad y acaban acomodándose, repitiendo cansinamente lo que siempre se ha hecho, apagando su vocación. No basta con &"ajustar" los compromisos y tareas según disminuye el número de hermanos ni con &"contentar" a los frailes apoyándolos en las actividades que desean realizar.

  2. Colaboración corresponsable con todos los miembros de la Familia Franciscana, con los nuevos movimientos eclesiales y con los laicos en general. Fraternidades interprovinciales, interobedienciales… Confiar obras o estructuras a los laicos, interesándolos y formándolos, colaborando sin &"dictaduras"…

  3. Fraternidades itinerantes &"ad tempus", enfocadas a la escucha (de Dios y del hombre), a la recuperación de la minoridad-pobreza y al descubrimiento de un testimonio evangélico franciscano más incisivo y comprensible. ¿Qué rostro o qué tipo de presencia deberá tener la Orden en un lugar concreto?

  4. Alguna fraternidad &"significativa". Es menester sensibilizar a la Provincia con miras a un &"pluralismo" de fraternidades más acorde con la espiritualidad franciscana, según los signos de los tiempos. Sin duda, este pluralismo necesita acompañamiento y verificación…

  5. Reducir o dejar algunas estructuras, pero para crear otras nuevas. Por ejemplo, se puede renunciar a una parroquia, pero para abrirse a la colaboración en una pastoral específica diocesana. Revalorizar nuestra identidad de instituto mixto, más abierto al profetismo.

  6. Sensibilizar y comprometer a los hermanos en perspectivas evangélicas, eclesiales, franciscanas y sociales más abiertas, más universales, más misioneras.

El servicio de la autoridad y el empeño de la obediencia

El horizonte o punto de llegada al que hay que mirar y a cuya luz han de confrontarse las autoridades y los súbditos, es el amor al Padre y el seguimiento de Cristo hasta las últimas consecuencias, entregándose a Dios por el bien de los hermanos. Según Francisco, el Espíritu Santo es el ministro general de la fraternidad: todos están obligados a obedecerle, y esta obediencia se concreta en la fidelidad al proyecto evangélico expresado en la Regla y en las Constituciones generales, en los documentos de la Iglesia y de la Orden. El proyecto de vida evangélica debe guiar el camino de la autoridad y el camino del individuo. Por eso, en este proceso la autoridad tiene confiado un papel importante e indispensable, un papel que debe ser repensado, re-evangelizado, con miras a un servicio-don recibido de Dios, con miras a una misión claramente espiritual (CCGG 45-46). Dejarse &"poseer", como los profetas, por esta misión es una garantía para la comunidad. Pero si uno se deja poseer sólo por la búsqueda del triunfo, confiando exclusivamente en sus propias capacidades, se corre el riesgo de que fracasen los dinamismos constructores de fraternidades evangélicas.

Una autoridad que se deja guiar por el Espíritu, escuchando y colaborando con los otros (definidores, guardianes, formadores…), puede abrir nuevos horizontes: se convierte en guía e impulso hacia la meta; facilita y provoca opciones evangélicas en fraternidad; procura, más que realizar cosas o mantener estructuras sin vida, que en los hermanos nazcan ideas y motivaciones; sabe crear confianza y sentido de pertenencia, requisitos indispensables para la innovación y la creatividad en fraternidad. El autoritarismo y el permisivismo paralizan y frustran en los otros el impulso a ser nuevos y creativos.

El diálogo y el crecimiento espiritual en el seno de una Provincia, al igual que la apertura a la relación con las otras Entidades y con el &"gobierno" de la Orden, dependen -con demasiada frecuencia- del modo como se entiende y como se ejerce la autoridad. La vida evangélica franciscana no puede agotarse en el ámbito de una Provincia.

Es urgente preparar y formar para el futuro un &"liderazgo" más evangélico y franciscano, como servicio fraterno de caridad.


Fray Giacomo Bini, ofm
Ministro general

 


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