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Informe al Capítulo : Introducción
Fray Giacomo Bini, ofm
Ministro general
Queridos hermanos: ¡El Señor les dé paz!
Con íntima gratitud al Señor, que nos ha convocado, y asistidos por el Espíritu, que ilumina nuestras mentes y caldea nuestros corazones, empezamos los trabajos del Capítulo general.
Bienvenidos a esta asamblea fraterna, signo evidente de nuestra identidad. Un signo que necesita un sentido, una «corporeidad», una respuesta: la que lograremos, juntos, formular en estos días revisando y proyectando nuestra vida en la Iglesia y para el mundo, tan sediento de esperanza.
Hermanos: Todos nosotros tenemos, conjunta y solidariamente, una gran responsabilidad ante el mundo, la Iglesia y tantos hermanos nuestros que, después de Francisco y a lo largo de los siglos, respondieron con inteligencia y entusiasmo a los signos de su tiempo.
Estamos llamados a ensanchar durante varios días el espacio de nuestra tienda (cf. Is 54, 2), los horizontes de nuestra mente y de nuestro corazón, más allá de nuestros intereses personales y locales. Como familia unida, estamos llamados a dar a nuestros contemporáneos, conjunta y solidariamente, razón de la esperanza que nos habita.
El momento que estamos viviendo es un momento de gracia, rico en oportunidades, estímulos y retos. ¡No podemos retrasar nuestra respuesta! Estamos llamados a revisar lo que somos y lo que hacemos, nuestra vida de discípulos y de apóstoles enviados por Jesús al mundo entero. Sobre todo, estamos invitados a discernir con inteligencia los gérmenes -a menudo escondidos- de vida nueva que afloran en el contexto de nuestras culturas para hacerlos crecer bajo el soplo del Espíritu. La situación de crisis puede replegarnos sobre nosotros mismos o habituarnos a una vida de indiferencia y de mediocridad.
Proyectándonos con valentía hacia horizontes más universales y carismáticos, lograremos superar las angustias del individualismo y de las emergencias, que amenazan con inducirnos a olvidar lo esencial y quedar al margen de la historia: son peligros que pueden perjudicar definitivamente nuestro futuro.
El cambio de las estructuras, que debatiremos en estos días, no realizará automáticamente el milagro de nuestra transformación interior, pero podrá facilitarla.
Hermanos: Estamos convocados en la Porciúncula, en este lugar tan amado de San Francisco, para escribir una página muy importante, sumamente importante de nuestra historia: mañana podría ser, quizás, tarde.
Desde ahora doy las gracias a todos ustedes, en nombre del Definitorio y mío personal, por su excelente preparación a este Capítulo, una preparación que ustedes empezaron junto con los hermanos de sus respectivas Entidades. Sé que ustedes traen consigo el eco del diálogo y de las reflexiones que han compartido con los hermanos de las Entidades que representan.
Gracias por el espíritu de oración que nos ha guiado durante la preparación del Capítulo y por la cercanía de tantas hermanas y hermanos de la Segunda y de la Tercera Orden.
Expreso, así mismo, mi gratitud fraterna y sincera a cuantos han trabajado y trabajarán por el sereno y fructífero desarrollo del Capítulo.
Hermanos amados del Señor: Buen trabajo a todos en la serenidad y la disponibilidad. Con este acto público declaro inaugurado nuestro Capítulo general.
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