|
Informe al Capítulo: Presentación de la primera parte
Fray Giacomo Bini, ofm
Ministro general
Cumplimiento de los mandatos capitulares
1. Capítulo general de 1997: De la memoria a la profecía
Hemos sido privilegiados por el Señor con la vocación franciscana y con la adquisición, a la vez, de la rica y grande herencia de nuestra tradición carismática, que, siglo tras siglo, ha llegado hasta nosotros gracias a la tenacidad inspirada e innovadora de los cohermanos que nos precedieron en las varios momentos de la historia.
Al comienzo del nuevo milenio, los hermanos menores debemos dar gracias al Señor por habernos llamado a participar de esta herencia. Pero esta rica tradición de santidad nos ha sido confiada como una grave responsabilidad y como el compromiso de seguir haciéndola fructificar. No basta con custodiarla tal como nos ha sido transmitida y entregada: es menester procurar que continúe viva y vivificante para la Iglesia y para el mundo contemporáneo. La parábola evangélica de los talentos nos muestra con cuánta seriedad hay que invertir y hacer fructificar los dones recibidos para no ser privados de todo.
El documento capitular de 1997 nos pedía fundamentalmente renovarnos a partir del diálogo franco y abierto:
diálogo de la Fraternidad con el mundo y sus diversas culturas: una exigencia que nace de nuestra vocación y misión:
*
diálogo interreligioso y ecuménico, que tanto necesita nuestro tiempo;
*
diálogo en el seno de la Familia Franciscana y de nuestra misma Fraternidad, como signo de esperanza y premisa para metas nuevas y más vastas.
Para llevar a cabo este proyecto de diálogo se pedía:
*una revisión global de las estructuras, a fin de que sean más aptas para impulsar un camino vocacional y misionero más expedito y creativo;
*
una formación permanente e inicial ´sólidaª, integrada en la búsqueda radical de Dios;
*
la coparticipación fraterna de los medios y de las personas, de lo que somos y de lo que tenemos, para ´restituirª con gozo todo al Señor.
2. Algunos instrumentos para impulsar el diálogo
La Iglesia y el mundo esperan de nosotros una profunda disponibilidad al diálogo para dar credibilidad a nuestro testimonio y ´encarnarª el mensaje de reconciliación de la Pascua del Jesús. Los medios que el último Capítulo sugería eran:
*el Servicio para el Diálogo;
*
el compromiso por JPSC;
*
la potenciación de la comunicación.
Servicio para el Diálogo (n. 7; Anexo 1)
Este instrumento, instituido por el Definitorio general anterior, debería haber continuado y crecido para expresar cada vez mejor esta dimensión en los tres sectores del diálogo: ecuménico, interreligioso y con las culturas. Soy testigo del serio empeño prodigado en la concienciación. Se había pedido a las Conferencias que estudiaran la posibilidad y la conveniencia de instituir localmente este servicio, según las diversas situaciones. No ha sido fácil involucrar a las Conferencias y a las Entidades en este sector; falta conciencia de la importancia de este aspecto de nuestra vocación y no existen estructuras adecuadas. Pero sigo pensando que sería grave renunciar, a causa de las dificultades existentes, a esta dimensión esencial de nuestra vocación y misión. ´El diálogo -decía Pablo VI- es el nuevo nombre de la caridadª, y esto vale también para nosotros
¿Cómo crear una cultura del diálogo, entendido como encuentro, y qué estructuras hay que fomentar?
Compromiso por JPSC (nn. 8-10; 103; Anexo 2)
Me parece que en estos años ha habido una toma de conciencia mucho más amplia sobre este importante aspecto de nuestra vocación. Se ha reforzado la oficina de la Curia y se ha definido su papel con más claridad; ha habido un serio empeño en la animación (congresos, subsidios, página web, iniciativas de solidaridad...). Queda, sin embargo, una especie de ´miedoª a comprometerse como frailes en defensa de valores como la paz, la justicia, la vida, la reconciliación. Otras veces no está claro el camino que hay que seguir. Sin duda, la problemática es compleja y no siempre es fácil tener la prudencia necesaria... Quizás pensemos que no nos corresponde a nosotros, que no es nuestro cometido. Pero la Iglesia nos invita a ello, y también nos invita a ello nuestra legislación (cf. CCGG 96-97). El mundo necesita más que nunca personas ´pacificadasª, prudentes y comprometidas a fomentar la reconciliación, la justicia y la paz. Nuestro mismo carisma nos pide ser pontífices, constructores de puentes, estar activamente presentes -en minoridad y fraternidad- en los lugares ´de fronteraª. Tal vez necesitemos, por eso, nuevas estructuras provinciales más conexionadas con el camino de la formación y de la comunicación. Sin duda hace falta más convicción.
¿Cómo llegar al tejido de la vida cotidiana de los hermanos con esta dimensión vital de nuestra espiritualidad?
Sin comunicación no se construye comunión (nn. 50; 197; Anexo 6)
La oficina de comunicaciones ha sido valorizada y potenciada gracias a la asunción de nuevo personal, de medios técnicos más adecuados y del necesario apoyo económico.
Se trata de un instrumento importantísimo para hacer crecer el conocimiento mutuo, la comunión y el sentido de pertenencia mediante el intercambio de documentos, de las experiencias que se están realizando y de todo lo que se hace en las diversas Entidades.
Ahora disponemos de los medios técnicos necesarios; nos falta, quizás, conciencia relacional. Sin duda esta oficina de la Curia necesitará ser mejorada continuamente, pero habrá que encontrar también los modos para hacer crecer la comunicación con las Entidades: ¿Una oficina provincial? ¿Una persona que sea punto de referencia-conexión?
La comunicación es un flujo dinámico y recíproco, nunca puede darse en sentido único: nuestra capacidad de comunicación puede morir apenas nacida si se para en las Curias sin provocar diálogo y sin implicar a todos los hermanos.
3. Nuevas formas, nuevos modos de evangelización (nn. 11-25; Anexo 3)
Todos estamos de acuerdo en que hoy en día estamos llamados a revisar profundamente nuestro modo de vivir el Evangelio y, por tanto, nuestro modo de testimoniarlo, de presentarlo y comunicarlo a los otros teniendo en cuenta los cambios históricos y culturales cada vez más globales. El Capítulo general de 1997 nos invitaba a la creatividad, a intentar ´nuevas formas y nuevos modos de evangelizaciónª (MP 14). Esta invitación puede significar:
* Hacer cosas nuevas, en el sentido de ´inventarª nuevas actividades apostólicas o misioneras;
*
Transformar lo que ya se hace, adaptándolo a las exigencias vitales de hoy;
*
Intuir lo que está naciendo y madurando, para integrarlo en un camino evangélico de conversión y de anuncio;
*
Revisar nuestro modo de servir en las parroquias que nos han sido confiadas, para verificar si corresponde a nuestra identidad franciscana;
*
Hacer crecer en nosotros un corazón convertido y apasionado, ´conquistadoª por Dios para ser enviado al mundo;
*
Fomentar la ligereza/libertad frente a todo impedimento que pueda frenar nuestro camino;
*
La conciencia carismática de ser enviados en fraternidad, tan diversa de la ´autogestiónª arbitraria e individualista de una misión ´propiaª, de un apostolado ´propioª...
Muchas Entidades, con valentía y apertura, han intentado nuevas formas de evangelización coherentes con nuestro carisma y con las exigencias del mundo en que vivimos (cf. De los signos de los tiempos al tiempo de los signos); otras se están organizando. He comprobado personalmente que hay muchos hermanos disponibles, pero que tropiezan con la principal dificultad de armonizar lo nuevo con lo viejo, de arriesgarse a nuevas formas sin abandonar ninguna de las recibidas. A menudo las opciones entrañan renuncias que, más pronto o más tarde, resultan necesarias si no queremos permanecer al margen de la historia o reducirnos al papel de meros suplentes del clero local en sus respectivas iglesias, con el riesgo de perder nuestra vocación y las nuevas vocaciones. Hay hermanos que viven situaciones de tensión muy fuertes: debemos sentir la responsabilidad de orar para que esas situaciones no se transformen en frustración y abandono de la propia vocación o en adaptación pasiva a una rutina cotidiana carente de espíritu evangélico.
4. Diálogo y relaciones en el seno de nuestra Fraternidad (nn. 26-29)
Algunas peticiones del Capítulo se dirigían al Definitorio general o a los Ministros provinciales. Al Definitorio general se le pedía:
*subsidios orientativos para animar la vida y misión de los hermanos ancianos y enfermos (cf. Carta con ocasión de la fiesta de San Francisco de 1998; La Orden, hoy, 2000);
*
continuar el diálogo con la CIVCSVA para que se recuperara y reconociera nuestra identidad como ´instituto mixtoª (VC 61).
A los Ministros provinciales se les pedía:
*elaborar ´un proyecto de vida fraterna y de evangelización, teniendo en cuenta el documento Llenar la tierra con el Evangelio de Cristoª;
*
fomentar la identidad de la Orden y la igualdad de los hermanos;
*
crear programas de formación permanente e inicial para impulsar el cambio de mentalidad, sobre todo en el cuidado pastoral de las vocaciones, presentando la Orden como Fraternidad compuesta de clérigos y de laicos, acentuando la formación franciscana (durante los años de la profesión temporal) e insertando a los hermanos laicos en los servicios de evangelización.
Por lo que sabemos, se ha hecho bastante en varias Entidades respecto a la formación franciscana, al menos a nivel teórico. En cambio, se ha hecho menos por lograr un ´cambio de mentalidadª, por insertar a todos los hermanos en los programas de evangelización y, sobre todo, por el plan provincial de evangelización.
A las Conferencias y a las Entidades se les pedía que estudiaran algunas situaciones emergentes en nuestra vida:
* hermanos que viven solos;
*
individualismo;
*
activismo y problemas afectivos.
¿Qué hemos hecho? Muchos problemas continúan y se agudizan; deberíamos retomar esta reflexión.
5. Coparticipación de bienes (nn. 40-45; 50-52; Anexo 5)
Es la expresión del diálogo fraterno actualmente existente: se trata de colaboración a nivel de personal y a nivel de medios económicos. En los últimos años hemos recorrido un largo trayecto para crecer en la conciencia de una solidaridad que expresa confianza y sentido de pertenencia. Existe una solidaridad que tiene su expresión máxima en la Curia general y que es necesaria para seguir sirviendo a la Orden como estructura de coordinación (cf. fondos para la evangelización misional, para la formación, ayudas a las Entidades en casos de emergencia, Fondo Jubileo...).
Un principio que me parece esencial, aunque se diría que no todos lo comparten, es que no hay nadie tan pobre (en personas, en estructuras, en economía...) que no tenga nada que dar. Creo que se puede hacer más.
6. Formación y estudios (nn. 30-39; Anexo 4)
El Definitorio general ha procurado cumplir cuanto le pedía el Capítulo.
A los Ministros provinciales se les confiaban algunos retos importantes: procurar una sólida formación permanente e inicial para evitar estos dos extremos: ser absorbidos por el espíritu del mundo o permanecer al margen de la historia.
Una formación capaz de fomentar el crecimiento humano, cristiano, espiritual y que abra a relaciones fraternas auténticas.
Una formación capaz de preparar a la misión evangelizadora (sin excluir a los párrocos y a otros agentes pastorales franciscanos...).
¿Qué se ha hecho en las Provincias?
7. Para reflexionar
Quizás estemos demasiado ´preocupadosª por nuestras estructuras y problemas internos, y esto ´ralentice ª nuestro impulso misionero. Estamos llamados a una formación abierta de la mente y de los corazones a los problemas del hombre de hoy:
*Los grandes problemas sociales: violencia, marginación, guerras, drogas, prófugos, un número cada vez mayor de pobres, derechos elementales pisoteados, dificultad de apertura confiada a las relaciones con el otro, dificultad en el diálogo ecuménico e interreligioso..
*
La formación debe incluir una lectura crítica de la organización social, para que no nos convirtamos en víctimas ingenuas de culturas hegemónicas de muerte.
*
Educar a un profetismo capaz de detectar los signos de vida nueva y de acogerlos con un corazón apasionado que sabe ´construirseª a través del riesgo de la experiencia.
*
Formar al diálogo en el seno de la Iglesia, con todos sus componentes y movimientos, con todos los que buscan a Dios...
Proyecto provincial de evangelización
No podemos dejar para más adelante el estudio y la realización de este proyecto. Es la ocasión para superar la ´crisis de supervivenciaª y el principio de nuevos caminos de fe y de evangelización. ¿Tenemos en las Entidades las estructuras necesarias para reflexionar sobre este tema tan importante?
¿Cómo crear una cultura del diálogo, de la relación, y qué estructuras hay que crear para facilitarla?
Oficina de JPSC
Habrá que encontrar en todas las Provincias personas o estructuras con las que dialogar. ¿Cómo hacer crecer esta dimensión de solidaridad en toda la Orden? ¿Y cómo llegar a la ´vida diariaª de cada hermano?
Oficina para el desarrollo, apoyo a la Secretaría para la Evangelización misional, fondo para la Formación y los Estudios
La participación de todos en estos proyectos será un signo concreto de la solidaridad y de la colaboración que involucran a todas las Entidades. Creo que el Capítulo debe alentar de nuevo esta coparticipación fraterna.
Importancia de los congresos y de los convenios interprovinciales e internacionales Querría dedicar unas palabras a estos acontecimientos, que se han repetido en los últimos años: estos encuentros, por encima de sus resultados más o menos vistosos, han sido experiencias fuertes para los hermanos que han participado en ellos y para sus Entidades. El primer fruto es una toma de conciencia más clara de nuestra identidad como Fraternidad universal, lugar de reconocimiento y de pertenencia, una pertenencia que resalta -y no disminuye- el valor de la fraternidad provincial. Es siempre un estímulo y una inyección de esperanza, pues abre a dimensiones más universales, más adecuadas a nuestra vocación y misión. Sin duda, en los sectores de la formación y en los de la justicia, la paz y la salvaguardia de la creación se han dado pasos significativos para mostrar a los hermanos y a las Provincias la importancia del compromiso en esos ámbitos.
|