Capitulum Generale
Ordinis Fratrum Minorum
Portiunculae (S. Mariae Angelorum)
24.V.2003 - 21.VI.2003

email: comgen@ofm.org - Tel: +39-075-8043530 Fax: +39-075-8051283

   
 
28.05.2003


Informe al Capítulo: Extracto

Fray Giacomo Bini, ofm
Ministro generale

Espíritu de oración y devoción

Para re-situar nuestra existencia en tiempos de crisis y de turbación, es indispensable centrarse en lo esencial. Inspirándonos en el icono bíblico de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-34) y acompañándolo con la lectura del Testamento de San Francisco (1 ss), podemos determinar algunas etapas importantes del camino que conduce a una vida teocéntrica y espiritualmente significativa. Se trata de:

* Recobrar la confianza en el Señor, en nosotros mismos y en los otros. Nada hay tan disgregador como el escepticismo, la duda, la desilusión. Frente a la ´decepciónª de la Cruz (Emaús), al igual que frente al fracaso aparente (Francisco), queda la esperanza, la recuperación de una lectura global y evangélica de una existencia proyectada hacia el futuro y capaz de superar la estrechez de lo ´parcialª, de lo momentáneo. Y la condición para este cambio reside en la apertura a la escucha, acompañada del silencio interior y ´activoª, que expresa la voluntad de volver a empezar.
* Colocar en el centro de todo, como luz que ilumina el conjunto, la Eucaristía (Lc 24, 31) y la obediencia a la Iglesia, garante de este sacramento (Test 6-11). La Eucaristía abre a la confianza, a la esperanza, a nuevas relaciones (Lc 24, 33), hace que descubramos a los otros como don, como hermanos (Test 14). La Eucaristía, por tanto, ha de ser colocada en el centro de nuestra jornada, de nuestras relaciones fraternas, como luz para interpretar los acontecimientos y fuerza que nos empuja a entregarnos a nuestras tareas de cada día (cf. CCGG. 21 § 2).
* Crear espacios para la escucha de la Palabra de Dios, que prepara a la hospitalidad eucarística y dispone a acoger al otro sin instrumentalizarlo, al tiempo que estimula y empuja a la misión (Lc 24, 33; cf. 1 Cel 21).
* Mantener la audacia evangélica: el vino nuevo ha de ser colocado en odres nuevos (cf. Mc 2, 22). La Eucaristía y la Palabra, acogidas en un corazón puro y disponible, no dejan nunca las cosas como están: obligan a revisar las estructuras, impulsan a caminar, aunque no esté todo claro.

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Comunión de vida en fraternidad

Nuestra forma vitae es vivir el Evangelio como hermanos en seguimiento de Cristo. La Fraternidad, basada sobre la dimensión trinitaria, se construye en el respeto a la individualidad de cada hermano, don de Dios, tal como es (cf. EP 85). Mediante esta aceptación, la Fraternidad se vuelve teofanía, lugar teológico donde Dios puede continuamente revelarse, ´encarnarseª y hacerse presente en nuestro mundo: ´La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otrosª (Jn 13, 35). Vivir la relación fraterna en comunión y coparticipación significa ser fieles a nuestra vocación y misión (cf. CCGG 38-40).

Esta dimensión fraterna estructura nuestro estilo de vida, nuestro modo de trabajar, nuestro modo de misionar. La relación fraterna define también nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con los otros y con el mundo.

Los escritos de Francisco son muy claros respecto a este elemento fundamental de nuestra espiritualidad; tras los numerosos estudios y reflexiones de los últimos años sobre las fuentes franciscanas, creo que nadie necesita que se le convenza de ello. Las Constituciones nos recuerdan las exigencias indispensables de la auténtica comunión fraterna: ´La vida de comunión fraterna exige de los hermanos la unánime observancia de la Regla y de las Constituciones, un estilo similar de vida, la participación en los actos de la vida de fraternidad, sobre todo en la oración común, en el apostolado y en los quehaceres domésticos, así como la entrega, para utilidad común, de todas las ganancias percibidas por cualquier títuloª (CCGG 42 § 2). Me parece que no hacen falta comentarios.

Necesitamos ayudarnos a la conversión continua, que nos permite verter los principios que profesamos en la realidad de nuestra existencia de cada día.

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Expropiados

´Los hermanos, como seguidores de Jesucristo, "que se abajó, obedeciendo hasta la muerte", y fieles a la propia vocación de menores, vayan "con gozo y alegría" por el mundo como siervos y sometidos a todos, pacíficos y humildes de corazónª (CCGG 64).

Este artículo de nuestras Constituciones es un bello y gozoso programa de vida que se puede lograr mediante una progresiva liberación de todo cuanto frena y dificulta el camino hacia el Señor en el servicio a los hermanos.

Nuestro paso es frenado por muchas formas de dependencia y de esclavitud, por muchos oropeles del alma y del cuerpo que nos hacen olvidar lo esencial. El reto más urgente es volver a ser libres de toda forma de propiedad contraria a la Regla: ´Nada se apropien los hermanos...ª (Rb 6, 1).

Estamos llamados a:

* Liberarnos del culto exagerado a nuestra propia persona, a nuestra realización a toda costa, a fin de ser más fieles al proyecto de Dios sobre nosotros, en la vocación específica de minoridad y humildad.
* Liberarnos del activismo excesivo y meticulosamente organizado, que lleva a una independencia en la que no queda lugar para la creatividad del Espíritu ni para la obediencia a los Ministros ni para las respuestas necesarias a las expectativas de nuestro mundo.
* Liberarnos de los miedos al mañana y hacernos disponibles a las sorpresas que Dios nos reserva, a fin de ser libres para partir incluso ´sin saber a dónde vamosª (cf. Heb 11, 8), afrontando los riesgos del presente y del futuro con confianza en el Señor, como corresponde al estilo propio de la vida consagrada.
* Liberarnos de las seguridades internas y externas que no nos permiten gozar de la presencia activa del Espíritu.
* Liberarnos de toda propiedad personal, de los proyectos individuales exclusivamente auto-referenciales que nos repliegan tristemente sobre nosotros mismos.
* Liberarnos del mucho, demasiado dinero que usamos sin escrúpulos para tantas cosas superfluas.
* - ¡Dejarnos liberar por Dios! No podemos empezar el camino del seguimiento sin esta actitud de liberación.


                   

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