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Informe al Capítulo: Presentación de la tercera parte
Fray Giacomo Bini, ofm
Ministro generale
Evangelización y misión (nn. 109-122; 146-170)
Evangelizar: ir al otro con caridad creativa
Volver a ponernos en camino como Francisco
Si el término misión expresa la conciencia de ser enviados a todos los hombres, más allá de cualquier frontera geográfica, el término evangelización evidencia que hemos sido conquistados por la Buena Noticia, por el encuentro con una Persona que ha cambiado nuestra vida y que queremos anunciar a todos. Toda vocación es, al mismo tiempo, misión, y toda misión es evangelizadora: en el centro está el Señor resucitado que llama, envía a su viña y acompaña en un movimiento de vida, en un éxodo constante. Habitados por el Espíritu, nos volvemos gozosos portadores de esperanza, sea cual fuere la acogida reservada al mensajero. Siempre en camino, siempre al encuentro de los hombres, siempre trabajando en la construcción del Reino, que ya hace sentir su presencia.
El franciscano misionero no está atado o limitado a espacios de lugar o de tiempo: nuestro claustro es el mundo entero. Tiene, por tanto, una importancia capital el no dejarse guiar únicamente por las preocupaciones de erigir monumentos a nuestra Entidad territorial o a nuestra misma vida consagrada franciscana: no seríamos fieles a nuestro proyecto evangélico de vida. Estamos llamados y enviados al mundo para sembrar gérmenes de vida, para esparcir las semillas del Reino.
1. Fieles al Evangelio y a nuestra forma vitae
El elemento misionero de la predicación itinerante, del testimonio evangélico ofrecido por las calle y los caminos ha marcado casi siempre las principales reformas de la Familia Franciscana. Nuestra espiritualidad es, en su raíz, una espiritualidad de encuentro, de ir al otro; no prevé, primariamente, una espera tranquila, claustral, organizativa o de proyecto, vivida en un escritorio o entre las cuatro paredes de una oficina. También debemos reflexionar y revisar muchos servicios de suplencia que, aunque sean útiles a la Iglesia, absorben demasiado nuestro ser y nuestro hacer, nos quitan las alas de la profecía, limitan nuestro campo de testimonio evangélico, recluyen la misión en el círculo cerrado de los pocos practicantes que todavía frecuentan nuestras casas y nuestras iglesias. ¡Francisco nos abrió a horizontes muy distintos! Recuperando la dimensión itinerante, la identidad in via (tan actual en los grandes movimientos que nacen y crecen en todos los continentes), nuestro carisma volverá a brillar. Debemos ir a las muchedumbres que ya no son (o que todavía no son) cristianas, tan numerosas en el mundo entero, a las muchedumbres que no creen en Dios, ni en Cristo, ni en su Iglesia. Tenemos la tarea de ayudar a cambiar la religiosidad consumista e interesada de tanta gente en fe viva y vivificante en Cristo resucitado. Pero hace falta partir, empezar... No será el triunfo o el fracaso lo que dé sentido a nuestra misionariedad: ¡El Señor nos pide que salgamos no obstante las dificultades (cf. Mt 10, 16)!
2. La valentía de dejarse evangelizar
'El Señor mismo me condujo en medio de ellos [los leprosos]... y, después de esto, permanecí un poco de tiempo y salí del siglo' (Test 1-3). Si nos ponemos en camino sin miedo, inermes y expropiados, como quiere el Evangelio, para encontrar a los otros, somos evangelizados, nuestro corazón cambia y, como le sucedió a Francisco, se nos ofrece también a nosotros la posibilidad de experimentar la gracia de la conversión. Entonces el Señor hace los proyectos junto con nosotros: proyectos libres y liberadores, proyectos de vida y de entrega. El amor siempre es creativo, no teme a nada: el camino misionero de la evangelización es signo de una confianza que ha vencido al miedo y crea en los otros una nueva confianza en Dios; refuerza la fe y engendra un nuevo entusiasmo para vivir nuestra vocación.
3. Fieles al hombre de hoy. Los lugares difíciles son la casa originaria del evangelizador franciscano
En tiempos de Francisco los más marginados eran los leprosos: Francisco va en medio de ellos para servirlos; los enemigos más temibles para el mundo cristiano eran los sarracenos, a los que se combatía: Francisco, desarmado, quiere a toda costa encontrarse y dialogar con el Sultán de Egipto; el bosque de los ladrones de Montecasale, al igual que el palacio episcopal de Asís, frente al cual se reconciliaron el obispo y el podestà, fueron lugares privilegiados de acción para Francisco y para tantos seguidores suyos a lo largo de los siglos.
También hoy, todas las fraternidades, en sus propios contextos civiles y sociales, deben determinar cuáles son los lugares privilegiados de evangelización misionera: lugares de marginación, de miseria, de tensiones, de injusticias, de atropellos, de violencia... En esos lugares hay que establecer una presencia amiga, empática, una relación discreta, quizás silenciosa pero significativa.
La reconciliación y la paz son los dones más preciosos y más buscados por nuestro mundo: la búsqueda de esos dones debe ser la prioridad de toda forma de evangelización franciscana, auténtica forma de misión que no conoce límites o fronteras continentales, raciales, nacionales... Los pobres, los débiles, los marginados esperan nuestra presencia y nuestra palabra. Debemos unir nuestras fuerzas, liberar a los hermanos que están dispuestos a partir: esperan nuestro aliento y nuestro acompañamiento. Una nueva ola misionera podría ser la fuente de una profunda renovación en la Orden.
4. El viaje misionero más largo y comprometedor
Un lugar difícil y de misión quizás un poco olvidado pero que espera con urgencia la pacificación y la unificación es nuestro corazón, nuestra vida con Dios, nuestra misma vocación. ¿Dónde creemos ir, si estamos huyendo de nosotros mismos y de los otros? ¿Cómo anunciar la reconciliación, si no estamos reconciliados con nosotros mismos, con nuestros deseos, con nuestro pasado, con nuestro trabajo, con los hermanos que viven junto a nosotros? ¿Cómo hablar de pacificación, si no somos capaces de 'habitar' con nosotros mismos?
Por desgracia no faltan vocaciones misioneras marcadas por heridas interiores o motivadas por insatisfacciones y tensiones comunitarias, del mismo modo que el cerrarnos en 'nuestro' territorio no significa siempre más atención a nuestros vecinos: con frecuencia es ante todo una atención a nosotros mismos, a nuestras seguridades, a nuestros privilegios... Si no emprendemos este 'viaje misionero' al centro de nosotros mismos, ningún otro viaje, ninguna otra actividad evangelizadora producirá los frutos deseados, nunca seremos capaces de la caridad creativa e inventiva de los santos. Por eso dice Francisco, comentando la bienaventuranza evangélica de los pacíficos: 'Son verdaderamente pacíficos aquellos que, en medio de todas las cosas que padecen en este siglo, conservan, por el amor de nuestro Señor Jesucristo, la paz de alma y cuerpo' (Adm 15).
5. La metodología misionera que tropieza con mayores resistencias
La metodología misionera que tropieza con mayores resistencias es justamente la metodología evangélica, el ir de dos en dos por el mundo, el ir reconciliados en fraternidad. Nadie pone en duda las capacidades del fraile individual en los varios campos del apostolado, capacidades que deben sin duda ser valoradas. Todos conocemos bien la bondad de ciertas iniciativas promovidas individualmente y que han sido avaladas por el paso del tiempo; sin embargo, hoy en día se nos pide una 'santidad fraterna', una misión-evangelización proyectada y actuada en común. Es quizás más difícil de concebir y de realizar, sin duda requiere la renuncia a nuestro individualismo, pero está en sintonía con el Evangelio, corresponde más a nuestra vocación y misión, es más significativa y comprensible para el mundo en que vivimos, cada vez más probado por las divisiones, las violencias y las guerras.
Sugerencias
* Reestructuración de la Secretaría general (y provincial) para la Evangelización misional (nn. 167-168).
* Fraternidades interprovinciales al servicio de la Orden (n. 166).
* Hacia nuevas fundaciones (n. 162).
B) El servicio de la autoridad y de la obediencia (nn. 171-186)
'Ser recibidos a la obediencia' (Rb 2, 11)
No es fácil definir hoy el papel de la autoridad y de la obediencia, no sólo en nuestra sociedad sino también en el seno de la vida consagrada. Los modelos del pasado ya no nos parecen practicables: una especie de 'reivindicación' de la libertad, de la autonomía y de la autorrealización personal, local y provincial crea un clima de sospecha y de desconfianza hacia toda forma de autoridad... El camino positivo recorrido en los últimos decenios para valorar a la persona no debe 'oscurecer' o suprimir las mediaciones humanas de la autoridad y de la obediencia. San Francisco, con genialidad, logró armonizar la libertad y la obediencia a la Iglesia, el respeto a la persona y el valor de la fraternidad, que conllevan necesariamente una interdependencia. Si la primera autoridad es el Espíritu Santo, verdadero Ministro general de la Orden (cf. 2 Cel 183), entrar en la Fraternidad significa 'ser recibidos a la obediencia'. La Regla bulada empieza y concluye con un compromiso de obediencia a las mediaciones humanas, garantes del seguimiento fiel del Señor. Se trata para todos de consagrarse a Dios y a los hermanos en el respeto de los distintos papeles y servicios.
Llamados y convocados
'La profesión religiosa es expresión del don de sí mismo a Dios y a la Iglesia, pero de un don vivido en la comunidad de una familia religiosa. El religioso no es sólo un "llamado" con una vocación individual, sino que es un "convocado", un llamado junto con otros, con los cuales "comparte" la existencia cotidiana' (La vida fraterna en comunidad 44a).
Este texto de la Iglesia, reforzado por nuestra Regla y por las Constituciones generales, es sumamente elocuente y explícito: en los últimos años hemos repetido que la forma vitae es el punto de referencia a cuya luz hemos de observarnos constantemente. ¡Pienso que para una auténtica reforma de la Orden hoy bastaría una actitud de obediencia a lo que nos piden la Regla y las Constituciones sin recurrir a excusas de diferencias de tiempos, modos, culturas...! El sentido de pertenencia a nuestra Fraternidad se basa sobre esta obediencia que Francisco ve como una virtud teologal; en base a ella se mide nuestra visión de la vida consagrada, de aquí nacen las actitudes prácticas consiguientes: el aislamiento o la comunión, la independencia autosuficiente o la relación fraterna, la disponibilidad gratuita a los otros u opciones operativas individuales... Ambas actitudes dependen del valor que damos en la conciencia a la fraternidad y, por tanto, a la obediencia, a nivel personal, provincial y de toda la Orden.
En los últimos años hemos hablado mucho de la vida fraterna y de la problemática del individualismo: quizás estemos cansados de oír hablar de ello; sin embargo, en esa insistencia emerge el sentido de una carencia, un deseo insatisfecho, con frecuencia una herida que no se llega a cerrar. No hacen falta otras clarificaciones intelectuales: lo que hace falta es empezar un camino de conversión coherente con la forma vitae que hemos profesado.
El milagro de la confianza
Cualquier ministerio o servicio se expresa en la generosidad que no exige nada a cambio cuando percibe y vive su esencia como don gratuito y diaconía del Espíritu. Quien es llamado a un determinado oficio es un agraciado, una persona elegida por encima de todo mérito suyo, objeto de amor y de confianza por parte de Dios. Todo ministerio confiado no es sólo una llamada a la responsabilidad que dicho servicio conlleva, sino también a la gratitud humilde. El Ministro está obligado a acompañar en confianza a cada hermano, tal como es (¡no como quisiera que fuese!), hacia el Señor, siguiendo nuestro proyecto evangélico de vida.
* Vivimos juntos porque el Señor nos ha convocado y queremos ayudarnos mutuamente (corresponsabilidad, subsidiariedad) a ir al Señor, buscando su rostro y dispuestos a ser enviados al mundo a dar testimonio de su palabra y a edificar su Reino de paz.
* La confianza en Dios se vuelve confianza recíproca en el respeto de la diversidad y de la unicidad de cada hermano. Si queremos poner orden en nuestras relaciones y vivir nuestra identidad franciscana, hemos de reforzar esta confianza a nivel local, provincial y universal.
Una conversión ya empezada
Captar la relación autoridad-obediencia como un 'milagro' de la gracia y de la confianza crea inmediatamente un sentido de responsabilidad personal que madura en el diálogo y se opone netamente tanto al autoritarismo estéril como a la dependencia pasiva.
En la Orden se está recorriendo este camino: ha crecido la concepción del Ministro como animador espiritual, tal como prevé nuestra legislación, y no como un administrador de estructuras, de 'lo que siempre se ha hecho' y a lo que debe adecuarse cada hermano... Naturalmente, para entrar en esta nueva lógica hace falta una conversión, una kénosis; no es tiempo de preguntarse qué ventajas pueden sacarse de un cargo que conlleva autoridad o cuál es el sistema económica y estructuralmente más rentable para guiar una Entidad o cómo llevar a la 'tranquilidad' y al orden a las fraternidades de la Provincia. Más bien hay que interrogarse sobre la grave responsabilidad de acompañar a cada hermano al Señor, entregándose con dedicación exclusiva a este servicio; preguntarse si hemos hecho lo posible para adaptar las estructuras existentes a la vida de las personas que vienen a nosotros...
Hay Ministros que cuidan con atención la formación de los definidores, de los guardianes y de los formadores; visitan personalmente cada una de las fraternidades y animan su vida de oración y de fraternidad participando en los capítulos locales. Pero hay otros que están demasiado comprometidos en otras cosas y corren el riesgo de ser sólo 'pastores de ellos mismos' (Ez 34, 2). Estas situaciones de crisis, sobre todo cuando no se advierten como tales, son ocasiones de que se multiplique el número de los frailes descontentos, frustrados, individualistas, que buscan sobre todo su propio interés o que abandonan la Orden. En esos casos, ¡ni siquiera un número abundante de nuevas vocaciones salvará la Fraternidad!
Sugerencias
* 'El Ministro general goza de autoridad ordinaria sobre todos y cada uno de los hermanos, como también sobre las Provincias y Casas, y la ejerce él solo o con su Definitorio, o con el Consejo plenario de la Orden...' (CCGG 175 § 1). 'Todos los hermanos... le deben al Ministro general... una muy especial obediencia y respeto' (CCGG 7 § 2). En un contexto de confianza, ¿cómo 'volver a descubrir' el servicio de la obediencia, en cada situación, para construir juntos la Fraternidad universal?
*¿Qué formas de colaboración son posibles en el servicio de la autoridad (nn. 181-185)?
C) Fraternidad local y universal Revisión de las estructuras (nn. 188-205)
Necesaria complementariedad entre la fraternidad local y la Fraternidad universal
Para evitar desde el principio toda posible ambigüedad, debemos decir inmediatamente que no puede existir oposición entre una y otra fraternidad; al contrario, ha de haber entre ambas correlación vital y interacción dinámica como condiciones indispensables de vida y de crecimiento para todos los miembros de la misma familia. Esto no excluye una cierta tensión, que debe afrontarse con serenidad hasta transformarla en camino de comunión. El grupo que se cierra sobre él mismo (y esto sucede fácilmente en períodos de crisis) está destinado a perecer; como cualquier institución, no puede durar sin la aportación de todos. Se trata de vivir nuestro carisma en su integridad y amplitud, según nuestra inspiración y legislación, reforzando la colaboración interprovincial y universal. Esto es posible si estamos animados por una profunda confianza en la Orden, en las otras Entidades, en cada hermano, respetando la rica diversidad, pero caminando juntos.
Creo que si no 'liberamos' a hermanos motivados y entusiastas pertenecientes a todas la Entidades, será imposible volver a encontrar la vivacidad del espíritu misionero y evangelizador que caracterizó los principios y las reformas de nuestra historia. ¡'Id, porque los hermanos menores han sido dados al mundo...' (2 Cel 71) más que a un territorio determinado! En cierta ocasión en que los hermanos quisieron pedir privilegios para evitar tensiones con los obispos, Francisco les reprendió: 'Vosotros, hermanos menores, no conocéis la voluntad de Dios y no me permitís convertir al mundo entero, como Dios quiere' (LP 20b). Somos una Fraternidad al servicio del Reino, 'dados al mundo', aunque situados en un lugar determinado.
Formarnos a estas perspectivas, a estos horizontes espirituales y misioneros que abrazan al mundo entero, al complejo mundo de los hombres, significa ser fieles a nuestra misión y vocación, sin 'sacrificar' a los hermanos a la supervivencia, a las estructuras...
El fenómeno de la globalización que estamos viviendo acerca a las tierras, permite conocer todo de todos, pero no el corazón de los hombres: paradójicamente, las relaciones se han vuelto cada vez más difíciles. 'Vayamos, ¡hemos sido dados al mundo!'
Estructuras y vida
En este Capítulo tenemos la responsabilidad de revisar las estructuras que regulan nuestra vida, nuestras relaciones, a nivel local, provincial, interprovincial y universal. Sin duda, esta revisión no resolverá todos nuestros problemas, pero puede ser una importante ayuda para afrontar nuestro futuro. Estamos llamados a preparar la vida franciscana de mañana sin huir de las dificultades del presente y captando los signos de renovación que preparan el fututo. Estamos invitados a confrontarnos con una conciencia y una autenticidad vocacional más exigentes, más purificadas: la disminución del número de hermanos y de presencias (que seguirá dándose todavía), la velocidad y la radicalidad cada vez más sorprendentes con que el mundo cambia... no nos permiten dejar las decisiones importantes para más adelante.
¡No podemos recuperar el tiempo y las ocasiones perdidas! Debemos prepararnos a estructuras más movibles y flexibles que garanticen una comunión más vasta y profunda, a fin de estar prestos para cambios radicales. La verdadera reforma, o transformación de nuestra vida consagrada, exige un cambio de mentalidad, de corazón, de estilo de vida...
Las estructuras que deben ser transformadas contemporáneamente son:
a)Las estructuras personales e interiores de cada hermano.
Es decir, cuidar una sólida formación humana, cristiana y franciscana que abra la mente y el corazón a nuevos horizontes de vida teniendo en cuenta lo que es esencial para nuestra vocación y situando todo el resto en esta perspectiva. Llegar a una coherencia de vida que se vuelva anuncio significativo para nuestros contemporáneos.
b)Las estructuras organizativas y relacionales:
* que regulan la vida de la fraternidad local en sus líneas esenciales e indispensables, a las que estamos obligados por honestidad y rectitud respecto a nuestra misma vocación;
* que regulan la vida de la fraternidad provincial y de la Fraternidad universal en un espíritu de mayor colaboración;
* que definen nuestro papel en la Iglesia: un papel que hay que estudiar e inventar periódicamente para no reducirnos a una mera función de suplencia pastoral;
* que expresan nuestra relación con el mundo en su complejidad, variedad y movilidad.
c)Las estructuras externas:
el ambiente externo y vital de nuestra existencia cotidiana, nuestras casas, nuestros edificios, nuestro hábitat. Todo ello condiciona inevitablemente nuestras estructuras personales y relacionales.
Concluyendo: las estructuras -todas- sólo tienen sentido en función de la vida evangélica personal y comunitaria; y esto es algo que debemos vigilar atentamente.
Estructuras intermedias
Creo que es importante que en el Capítulo se reflexione y se decida sobre el papel de las estructuras intermedias entre la Provincia y el Definitorio general: es un elemento decisivo para una reforma significativa de las estructuras en general. Tras seis años de experiencia, el Definitorio general y yo hemos advertido con frecuencia un vacío, algo así como la falta de un anillo que enlace al Ministro general y a los Ministros provinciales. Debe pensarse seriamente cómo valorizar las Conferencias en el compromiso de coordinación y de acompañamiento de las Entidades locales.
Los presidentes de las Conferencias pueden ser, junto con el Definitorio general, una estructura de referencia muy importante para la Provincia y para el Ministro general.
Puede pensarse en crear otras estructuras intermedias provisionales y más sencillas: podrían facilitar la animación y la misionariedad de la Orden. En un mundo tan 'móvil' y complejo como el nuestro, donde todo cuanto es 'definitivo' genera angustia y temor, no debemos tener miedo a experimentar estructuras nuevas y ocasionales. Lo importante es la seriedad del discernimiento, el acompañamiento, la revisión periódica por parte de la autoridad respectiva y la fidelidad a nuestra forma vitae.
Conclusión: 'De los signos de los tiempos al tiempo de los signos'
'¿Qué debo hacer para tener la vida eterna?' (Mt 19, 16), preguntó el joven rico a Jesús. De modo parecdido, la muchedumbre que quedó saciada gracias a la multiplicación de los panes preguntó: '¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?' (Jn 6, 28). Las respuestas de Jesús siguen vigentes hoy en día: Volver a conquistar la libertad (deshacernos) de cuanto puede impedir el camino del seguimiento radical; creer y adherirnos totalmente y en primer lugar a la persona de Jesús, pasando incluso por encima de las exigencias más naturales como el comer o el sacar agua (la Samaritana). Esta antecedente disponibilidad a la confianza 'activa' y libera, nos abre a las infinitas posibilidades de Dios.
¡'Y [Jesús] no pudo hacer muchos milagros a causa de su incredulidad' (Mt 13, 58), advierte con cierta tristeza el Evangelista! ¡Cuántos 'milagros' serían posibles hoy, con nosotros y entre nosotros, si pusiéramos nuestra confianza en Dios, si nos atreviéramos...! El mundo espera de nosotros esta valentía; son muchos los hermanos que creen en la posibilidad de renovación y que se comprometen a 'encarnarla': algo nuevo está, pues, naciendo.
Querría concluir formulando, con S. Kierkegaard, este augurio: 'Si pudiera desear algo, no querría riqueza ni poder, sino la pasión de lo posible: querría sólo unos ojos eternamente jóvenes que brillasen eternamente iluminados por el deseo de ver lo posible'.
Sugerencias
* Cómo valorizar mejor y reforzar las estructuras de las Conferencias de Ministros provinciales.
* Papel y función de la Curia general (nn. 195-196).
* Otras sugerencias sobre los nn. 204-205.
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