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Jerusalén
Muy Reverendo en Cristo Ministro General:
...Ciertamente me uniré en oración con todas las comunidades y con todos los hermanos para que el Señor les conceda experimentar el fuego de Pentecostés.
Viviendo aquí en Jerusalén, tengo la ocasión de admirar de cerca la espiritualidad de los hermanos y su vida de dedicación y sacrificio al servicio de los santos lugares. Les admiro particularmente en el momento en que la disminución de peregrinos hace más ascética y eremítica su forma de vida, sobre todo en los pequeños santuarios. Estoy seguro de que el Señor concederá abundantes frutos a este sacrificio y a esta paciente espera.
Justamente usted siente la necesidad de recibir todos los estimulos para vivir su carisma de comunión en un mundo siempre más dividido y conflictivo. Ustedes tienen para este mundo una receta fundamental, que es la de la vida según las bienaventuranzas evangélicas. Su capacidad de expresar, a ejemplo de san Francisco, la simplicidad, la fraternidad, el perdón y el gozo que brotan de las bienaventuranzas es lo más importante que se pueda hacer hoy en favor de la paz de parte de los cristianos. Considero también urgente profundizar el trabajo de evangelización a través del conocimiento orante de la Escritura, viviendo personalmente la lectio divina y ayudando a muchos otros a orar a partir de la Biblia, así como se recomienda en el último capítulo de la Dei Verbum. Representando ustedes tantas culturas, pueblos y naciones será también importante cultivar siempre la ecuanimidad, asuencia de prejuicios y superioridad sobre todos los asuntos conflictivos que permite mirar incluso a las partes en contraste con afecto, con pasión, simpatía y participación, de tal forma que ninguno se sienta puesto aparte o considerado como una parte contra la otra, sino todos se sientan abrazados por un amor común...
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