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Querídos Hermanos:
Me alegra el poder compartir con ustedes algunos pensamientos con ocasión de este encuentro para celebrar el Capítulo General de la Orden de Hermanos Menores.
Son tiempos difíciles e inciertos; para Europa y para el mundo entero, que nos impulsan a una reflexión profunda para encontrar el verdadero camino de la renovación y de la paz.
La sensibilidad religiosa que Ustedes expresan con dedicación y espíritu de apertura, es un momento importante de esta reflexión y una aportación preciosa a la vida de toda la comunidad. Europa misma es la expresión por excelencia de una coexistencia posible de culturas, almas, tradiciones diversas, y encuentra su fuerza justamente en la valorización de las diversidades que la constituyen, incluso a nivel religioso.
Es fundamental enfrentar la cuestión de nuestra dimensión religiosa, espiritual y ética. Europa tiene necesidad de un pensamiento y de un alma, que se remonten a los valores fundamentales que la han modelado en el curso de la historia. Ellos hunden sus raíces incluso en la tradición cristiana y representan un patrimonio común para todos nosotros, sea cual fuere la tradición filosófica o espiritual a la que se pertenezca.
El corazón del proyecto europeo es propiamente la consecución y la promoción de la paz, del respeto, de la coexistencia. El proceso de integración que nos ha conducido a una Europa unida ha contribuído en manera sustancial a poner fin a los conflictos internos de nuestro continente. De este grande resultado, vemos hoy al diálogo entre las culturas como uno de los bloques fundamentales de nuestra identidad europea y de una acción que nos impulsa más allá de los confines de la Unión. La religión ayuda nuestra voluntad de diálogo y estimula la apertura y la difusión de aquellos sentimientos de unión y fraternidad que frecuentemente son pisoteados.
La espiritualidad que la religión cristiana expresa se base precisamente sobre la misericordia y sobre el dón de sí al prójimo: con la fuerza de estos principios podemos mirar hacia un futuro libre y pacífico, en el que los derechos humanos de la persona humana sean salvaguardados contra la violencia, el odio y las discriminaciones.
En estos tiempos de división y de conflicto, por tanto, debemos redescubrir y valorar las ideas que nos unen, en una prospectiva de respeto y comprensión del otro: me dirijo a Ustedes para que sepan ser portadores de valores de comunión y de paz, en plena sintonía con nuestra identidad de ciudadanos de Europa, hermanos de culturas diversas pero raíces comunes.
Romano Prodi - Presidente CE
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