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La "comunidad en misión" anuncia a Jesús Resucitado con la palabra y el testimonio. De frente a la virtualidad del mundo cibernético, las comunidades franciscanas viven la relevancia de la misión para el mundo en la ligereza y cercanía concreta del cuerpo a cuerpo con los pobres. Viven esta relevancia en sensibilidad contextual y en la responsabilidad universal articulada. Como san Pablo buscaba las sinagogas y los Areópagos modernos para iniciar su misión. La articulación universal de la misión franciscana, como su relevancia para el mundo, exige que la "fraternidad en misión" sea una fraternidad formada –no necesariamente informada- sobre las causas y la amplitud del sufrimiento de la humanidad. Somos "hermanos menores", pero adultos, responsables, capaces de dar respuestas. El mundo de hoy, en el que la tecnología se hace cada vez más "ligera" y la posibilidad de comunicarse más veloz, una dimensión de inculturación de nuestra "fraternidad en misión" apunta hacia la ligereza estructural de la misión franciscana y la velocidad no burocrática de su solidaridad. La conversión produce simplicidad; el amor exige, hoy, inmediatez e información. Conversión y amor son inicio de la VIDA.
A los retos de la realidad mundial, marcada por la acumulación de riquezas por el espíritu de rivalidad y por la exclusión, la "fraternidad en misión" busca responder a través del compartir sus propios bienes, de la palabra y del tiempo, y con el obsequio de la presencia cercana a los pobres. "La esperanza estará en el núcleo de la misión evangelizadora de la Iglesia, si es capaz de poner al servicio de los indefensos su palabra y su comportamiento, su acción y su autoridad, su experiencia y su sabiduría. (...). En definitiva, solo en la esperanza cristiana se puede edificar el proyecto del Reino como utopía central"1. La fraternidad franciscana es enviada en misión para rescatar la credibilidad de la utopía del Reino en el mundo post-utópico. Concretamente, la utopía del Reino significa reconstruir el mundo para que sea un mundo para todos (también para las futuras generaciones) y para que nuestros rostros humanos resplandezcan a imagen de Dios.
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