Saludo e introducción
del Ministro general
Queridos Hermanos:
Reciban todos ustedes, miembros del Consejo plenario de 2001, mi fraterno y cordial saludo de bienvenida. Gracias por su disponibilidad para participar en esta Asamblea tan importante para la vida y la misión de nuestra Orden en la Iglesia.
Participan aquí, junto con el Definitorio general y los peritos, Hermanos de todos los continentes y de todas las Conferencias. Gracias también a todos los Hermanos que desempeñarán trabajos más ocultos, menos visibles: intérpretes, traductores, actuarios, encargados de la liturgia, de las comunicaciones, ecónomos y todos los demás. Gracias a la Provincia de los Santos Francisco y Santiago, que nos acoge, que ha trabajado mucho -y continuará haciéndolo- en la preparación y el desarrollo de este encuentro. Doy también las gracias a los Ministros provinciales de la Conferencia de Santa María de Guadalupe, que participan hoy en la Asamblea, por su colaboración.
Somos testigos de acontecimientos dramáticos que están conmocionando al mundo entero. Tantos, demasiados Hermanos viven en el miedo, en el desaliento. ¿Qué palabras de vida y de esperanza estamos llamados a anunciar?
El último Capítulo general nos pidió: ´El Definitorio general:
1. proceda a una revisión global y orgánica de las estructuras de la Orden;
2, realice esta revisión, a la mayor brevedad posible, con la participación directa y activa de las Conferencias de Ministros provinciales;
3, someta al Consejo plenario de la Orden la aprobación del nuevo entramado estructural y promúlguelo ad experimentum hasta el próximo Capítulo generalª.
Guiados por el Espíritu, los Hermanos de toda la Orden nos piden que busquemos, en una actitud de escucha y de conversión, nuevos modos de presencia en los que resplandezca la autenticidad y la simplicidad de estructuras más aptas para garantizar nuestro proyecto evangélico, nuestro estilo fraterno, con vistas a la misión, que es hoy más urgente que nunca. Nuestras estructuras deben convertirse en signos cada vez más elocuentes que estimulen a los hombres y mujeres de nuestras culturas a una vida más humana, más solidaria, más cristiana.
´A vino nuevo, odres nuevosª (Mc 2, 22). Necesitamos reforzar y consolidar nuestras prioridades. Por eso, debemos revisar nuestras estructuras. Es un reto para nuestra identidad profética y fraterna. Es algo que espera con ansia nuestro mundo.
Fr. Giacomo Bini, ofm
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