Encuentro de Ministros y Custodios: MG Presentación 2
El acompañamiento de los hermanos en dificultad es una parte importante del servicio de la autoridad, según la lógica del Evangelio. He aquí las maneras de acercamiento y ayuda por parte del los Ministros respecto a los hermanos en dificultad, que personalmente considero fundamentales.
1. La acogida. Acoger significa crear una relación interpersonal auténtica en la que el hermano necesitado de ayuda se sienta considerado, comprendido, respetado, amado. El Ministro manifieste la acogida del hermano en dificultad a través de un conjunto de actitudes: la atención, la comprensión efectiva, la consideración positiva, la autenticidad y la concretez.
2. La escucha. La escucha es el primer imperativo de Dios a Israel que siguió a la estipulación de la alianza. Actitud difícil de realizar, la escucha pide centrarse en el otro, dar importancia a la persona del otro y a la situación que está viviendo, olvidándose de sí mismo y del abigarrado mundo hecho de diversas exigencias y necesidades, deseos y estados de animo…
3. La empatía. La empatía es la capacidad de comprender lo que el otro está viviendo y de comunicarle esa comprensión. La actitud de empatía supone la capacidad de ponerse “en el punto de vista” del otro, “ponerse en su lugar”, poniendo entre paréntesis, aunque sólo temporalmente, sus sentimientos, opiniones, creencias, gustos y el propio rol.
4. La consideración positiva. El sentirse tratados como individuos dignos de valor es una necesidad fundamental de la persona humana, necesidad que se advierte más por aquellos que se encuentran en una situación caracterizada por crisis, conflictos, dificultades. La consideración positiva recibe varios nombres: aceptación incondicional, respeto y estima, confianza, calor humano.
5. La autenticidad. La autenticidad es la capacidad de ser uno mismo en la relación con el otro, sin manipular y sin dejarse manipular. La autenticidad implica transparencia y libertad. La presencia de falta de autenticidad en la relación crea un clima de desconfianza, incapacidad de escucha y de participación. La falta de autenticidad cierra la posibilidad de una relación interpersonal auténtica.
6. El discernimiento. El discernimiento tiene como objetivo ayudar a la persona a llamar por su nombre el malestar, a reconocerlo como propio, como algo que forma parte de su vida y del cual debe asumir la responsabilidad, a mirar en qué dirección se moverá para superar las propias dificultades.
7. La confrontación. Consiste en poner al hermano frente a la situación que está viviendo con verdad, de manera que él pueda ver los aspectos positivos y negativos, la coherencia y las contradicciones. Para que la confrontación pueda ser eficaz, es necesario que se resuelva en una expresión de amor auténtico. Cuando se evitan juicios y condenas, el hermano en dificultad puede acoger, en la actitud de confrontación del Ministro, la clara voluntad de ayudar. A la dimensión “materna” receptiva constituida por la empatía, se agrega aquella “paterna”, sin la cual la primera peligraría de permanecer ineficaz.
8. La fase de la acción. De poco o nada serviría el acompañamiento de quienes se encuentran en dificultad si no se logra un cambio en su modo de ser y de actuar, y de iniciar un camino de ayuda para salir de la situación en la que se encuentran. La fase de la acción no inicia repentinamente; ya en la fase de la acogida y del discernimiento, el Ministro debe preocuparse de favorecer en el hermano una apertura al valor y a la esperanza, infundiéndole la certeza de que es posible cambar, dejándose ayudar a afrontar y sanar el malestar. Sólo cuando clarifica y acoge la alternativa a la situación de insatisfacción que está viviendo, la persona puede pasar al compromiso concreto. En ocasiones puede suceder que la persona misma, sintiéndose escuchada y sostenida, proponga iniciativas concretas para abrirse a una ayuda y a un itinerario de cambio. Cuando esto no sucede, le toca al Ministro estimular y elaborar un plan de acción o por lo menos colaborar en este proyecto. Por consiguiente, se deben establecer objetivos, identificar las fuerzas, elegir las acciones y las personas que lo pueden ayudar, determinando los diferentes pasos a cumplir, previendo la verificación del itinerario establecido.
9. Estar presente y no delegar. Incluso cuando el hermano emprendiera un itinerario de ayuda, es importante permanecer en una relación interesada a través de la presencia, del contacto frecuente y genuino interés. El hijo enfermo necesita aún más, sentir el amor y el acercamiento del padre y de la madre. El hermano en dificultad ya sea que permanezca en la fraternidad/comunidad o vaya a una comunidad de ayuda o haga otro itinerario, tiene necesidad de sentirse amado y acompañado por el Ministro.
10. Amor y firmeza. Desear siempre el bien del otro también significa ser exigentes y actuar con firmeza para que el hermano se deje ayudar y asuma la responsabilidad por sí mismo, de quien esté involucrado en su vida, de sus elecciones y de las consecuencias que se derivan. El Ministro debe desear siempre el bien del hermano, con la esperanza de que también él lo desee y lo haga por sí mismo, con amor y con valor. El Ministro no puede ceder a la tentación de ser amable haciendo descuentos en las exigencias.
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Ministro general, OFM








