Under 10: Itinerancia 2012 – Buenos Aires – Guadalajara
1. “De lo seguro a la intemperie, de la intemperie a lo SEGURO”.
Este título puede describir una experiencia que nos dejó el camino: cuando pensamos en la itinerancia se nos viene a la mente el dejar casa, el dejar lo nuestro, lo conocido y demás cosas que representan nuestras seguridades y nos vamos con lo mínimo al camino. Este mes de itinerancia nos hizo descubrir que la verdadera seguridad es la que experimentamos en el camino: Un Dios que nos mira y cuida entrañablemente, es demasiado detallista para manifestar su amor. Nosotros vivimos toda nuestra itinerancia como un proceso de pasar de la seguridad que tiene mucho de defensa, de encierro, a la SEGURIDAD que nos hace sentir felices y que nos libera.
2. “Si se escribiera todo lo que Jesús hizo no bastaría el mundo para contener los libros. Estos han sido escritos para que creyéramos”
La experiencia de los tres es que vivimos muchas cosas, fue tanto que no lo podíamos contener, de hecho se nos mezclaban los nombres de los lugares y de las personas sin llegar a compartir lo que cada uno había vivido en su propio corazón, algo que todavía hoy no terminamos de procesar.
3. Otro titulo podría ser: “Camino de la Droga, una dependencia” Desde que salimos de Buenos Aires hasta llegar a México todos nos han hablado de que transitábamos el camino de la droga y nos advertían de sus peligros y nosotros seguimos sin percibir que se nos iba creando una dependencia a este estilo de vida: la itinerancia.
4. “La pobreza en medio de la riqueza” Nos provocaba muchas cosas en nuestro interior encontrar las riquezas de las tierras que transitábamos: Minerales, agricultura, ganadería, flores, frutas, paisajes, peces, turismo y ver al mismo tiempo tanta pobreza de la gente que encontrábamos. Esto nos interpeló mucho.
5. “Desde el primero de Mayo a las 16 hs hasta el 1 de junio a las 16 hs” Este titulo no quiere dar testimonio de nuestra obediencia, ni de ninguna cosa que nosotros hallamos hecho, solo quiere testimoniar a un Dios que estaba totalmente comprometido con nuestro camino. El lo tenía todo pensado, designado amorosamente hasta la exactitud del tiempo y los detalles.
6. “Esto es lo que quiero, esto es lo que anhelo, esto es lo que en lo mas profundo de mi ser anhelo poner en práctica”. Este es el texto de Francisco que citamos una y otra vez a lo largo del camino para explicar porqué estábamos viviendo de esta manera, al concluir esta parte del camino descubrimos que Francisco nos regala ya no citarlo sino decirlo por nosotros mismos respecto a este nuestro estilo de vida.
Estos podríamos decir, son algunos de los títulos que le pondríamos a este tiempo de itinerancia, cada uno puede elegir el suyo o incluir uno nuevo.
Este estar en el camino o vivir un estado “de camino” lo experimentamos como un salir a buscar al otro al camino, esto implica apertura, nos abríamos a todos, era buscar al que Dios ya había elegido amorosamente y este amorosamente no es piadoso, es confesión de fe. Pues nos trataban con tanta delicadeza y generosidad, cambiando sus rutas, guiándonos, tratando de darnos lo necesario, eso es estar en la ruta haciendo dedo y lo hacíamos de un modo especial como necesitados, como los que no tenían nada. Eso nos permitía decir al otro desde el vamos que era alguien importante, que era valioso que tenía mucho para dar, eran portadores de Dios. El gran desorden se provocaba en el agradecimiento, nosotros agradecíamos, ellos agradecían, parecía una pelea por demostrar quien había recibido más, finalmente en nuestro interior todos reconocíamos que la acción de gracias eran para EL, de unos y de otros.
En muchas oportunidades del camino parecía que lo que estábamos viviendo en el día llegaba hasta ahí y nosotros lo aceptábamos aunque quizás no fuera lo que habíamos imaginado, y justamente ahí cuando parecía que no había nada más, Dios hacía surgir un camino nuevo de la nada:
En el cruce de rutas de tránsito pesado y liviano en Perú, Chancay, después de 7 horas de hacer dedo sin novedades. Y siendo la 1 de la mañana, cuando decidíamos dormir en la calle, conocimos a Jesús el cuidador de carros quien con esmero preguntaba a todos los camioneros si nos podían llevar. A la 1 él se iba a dormir y nos invitó a la habitación que alquilaba, improvisando con cartones y frazadas una cama para nosotros. Nos despertó a la mañana con un desayuno de avena y huevos fritos con pan. Nosotros percibíamos que nos lo daba todo.
Ya se anochecía en medio de la panamericana, en Perú, un hombre había decidido llevarnos por un camino en el que no transitaba mucha gente y ya oscuro nos dejó en medio del campo. Nos decidimos a dormir en una iglesia que se veía no muy lejos. Pero bueno apareció un camión (colectivo chico) que nos paró en la noche y aceptó llevarnos gratis aunque no iba hasta Piura (Perú). Nos dejó donde había otro camión que no se pudo resistir a llevarnos hasta la terminal de Piura. Ahí la gente que estaba en la terminal nos pagó una moto taxi que nos dejó a unas cuadras del convento. Nuestra felicidad era total. Las perspectivas habían cambiado demasiado.
En Huixla muy cerca de la frontera de México los frailes no estaban y lo único que encontramos fueron un par de monjas, a las cuales preferimos no describir, participamos de su celebración de la palabra y se fueron, antes habían hecho todo lo posible por ignorarnos. La gente nos informó que esa era la única parroquia del pueblo y nos preguntaron a que hotel íbamos a ir y le contamos de nuestro modo de andar; y se pusieron las viejitas a buscar que podían hacer, nos conectaron con Isidro, el hombre del coro, que nos llevaría a lo de un tal hermano Daniel, él se ocupaba de los inmigrantes. La parroquia tenía una casa para ellos, fuimos hasta ahí y nos encontramos con cuatro de ellos de Honduras y El Salvador, en minutos llegó la comida: unos tacos muy picantes y un jugo llamado Jamaica. Se fueron los que no iban a dormir ahí y nosotros nos quedamos hablando con Hugo, un salvadoreño, su relato era demasiado fuerte. Nos contó de su pobreza en El Salvador, su vida de inmigrante en EEUU, el estar preso como inmigrante y la deportación. Los riesgos que corre la gente en el tren que lleva a la frontera, o en el desierto atravesándolo de noche con temperaturas muy bajas. Después de lo compartido agradecimos a Dios que los frailes no estuvieran, el encuentro nos había enriquecido mucho.
Cuando pasamos la frontera de Costa Rica nos quedaba a unos 20 km un pueblo llamado Neilly, pero ya era de noche y llovía. La frontera no era lo mejor para pasar la noche, pero parecía que iba a ser nuestra experiencia fuerte de ese día, porque nadie nos quería llevar. Cuando quizá nuestras esperanzas de llegar a Neilly ya parecía que se acababan, apareció Tomás, un taxista, que aceptó llevarnos gratis hasta la parroquia. Ahí nos recibió un cura amigoniano, verdaderamente un amigo que nos atendió muy bien, mandó comprar comida china y nos ofreció pagarnos el pasaje para seguir. Dormimos un poco y también él se levantó a las 3.30 am para llevarnos a la terminal y así pudimos llegar al cruce de Punta Arenas. Otra vez nos encontramos con lo que no podíamos imaginar.
La llegada a Medellín, no solo habíamos transitado ese día sino que en Cali habíamos llegado a las 2 de la mañana y decidimos “descansar” un poco en la terminal (lo que no fue posible) y seguir nuestro viaje, Cuando llegamos a Medellín a las 21hs, un poco tarde para los horarios de los frailes que a las 18 hs. ya habían terminado su jornada, estábamos en la terminal y nos habían dicho que el convento mas cercano quedaba a 40 cuadras. No era tanto el problema el caminar sino el horario. De la nada apareció un matrimonio realmente chiflados que comenzó a gritarle a todo el mundo que nos llevara, a lo que finalmente Jorge, un taxista, accedió a llevarnos preguntándonos: ¿Porqué vienen tan a la San Francisco, San Francisco? Parecía el evangelio en que los amigos intentan acercarlo a Jesús rompiendo el techo y lo bajan en su camilla. Llegamos al convento y todo estaba oscuro y nadie contestaba los timbres, en la desolación caminamos para la otra cuadra y encontramos una sede de la universidad de los frailes abierta y ellos se pudieron comunicar con los frailes. Ahí apareció Raúl, el guardián con mucha alegría de recibirnos. Su fraternidad es lo que mas nos descansó. Fue la primera vez que no nos retaron por llegar sin avisar y tan tarde.
La comida fue también una delicadeza grande de nuestro buen Dios. En Bolivia comenzamos a pedir más tímidamente, tal vez su pobreza nos desanimaba a pedir, igual lo hacíamos convencidos de que el pobre se goza de compartir porque sabe de necesidad y nuestra certeza era que Dios recompensaría. El tiempo fue pasando y parece ser que nuestra timidez también, ya después era común sentarnos en un restaurant a comer y disfrutar de su generosidad. Terminamos sintiendo como cuando Jesús dice a sus discípulos que vayan y preparen la última cena: vayan a tal lugar y digan que el Señor desea celebrar la Pascua. Era tan fácil conseguir que nos den de comer que parecía estar todo arreglado. Llegó un momento en que hasta decíamos antes qué queríamos y nos encontrábamos con eso. “Hoy quiero Pollo” “ tengo ganas de comer ceviche” “quiero una comida típica” etc. Gracias a Dios no tenemos nada que decir de los cambios de comida que probamos en el transcurrir de los días. Dios es grande con nosotros y estamos llenos de alegría.
Otro aspecto importante y decidor es que desde que salimos de Pichanal hasta que llegamos a Guadalajara estuvimos siempre los tres juntos. La gente nunca nos ofreció llevar a alguno y dejar a otro. Ahí arreglábamos quien iba adelante y conversaba y quienes atrás para aprovechar a descansar. Muchas veces la conversación era tan linda que los tres estábamos expectantes.
Siempre tomamos el camino correcto, muchas veces no contábamos con mapa del lugar, y sin embargo nunca tuvimos la incertidumbre de no saber donde estábamos.
Siempre había alguien que nos pronosticaba un mal porvenir: Acá no los van a levantar, nadie los va a llevar, nadie los va a recibir, van a pensar que son ladrones disfrazados, los ómnibus y los camioneros tienen prohibido levantar pasajeros en la ruta. Y siempre había alguien que aparecía en nuestro camino sobreponiendo la ley del amor a la ley del cumplimiento.
Siempre fuimos cuidados por El ante los peligros: era la ruta de la droga, existían los sicarios (de hecho en Cali delante nuestro pararon dos jóvenes en moto con sus armas en la cintura, nosotros en el camino ya habíamos escuchado mucho). Las Maras, los zeta (grupo militar un tanto peligroso y con métodos para nosotros ya conocidos) las fronteras, los robos (el robo de la insulina que nos dimos cuenta recién a la noche). El trafico de hojas de coca de Martín que terminó con una gran amistad con el coronel Fernández (jefe), desayunos y demás. Benicio, un comerciante, que nos llevó después de El Triunfo, Honduras, en el que Martin iba adelante y Cristian y Nico atrás. Martín nos cuenta al bajarse que el Señor se había negado a dar la plata que exigen las maras como extorsión bajo amenaza de muerte. Le había dicho que algún día lo iban a matar, el llevaba un arma para defenderse y nosotros viajamos muy tranquilos y la pasamos genial. En Morelia fuimos a parar a un convento en que las maras habían quemado la puerta de la Iglesia por negarse los frailes a pagar.
En ningún momento nosotros vivimos estas situaciones con temor, muchas veces porque recién nos enterábamos después que pasaban. Dios nos cuidaba.
Siempre vivimos el día con intensidad y acción de gracias. Y Siempre nos recibieron muy bien.
Si hubo algo que nos sorprendía día a día es el amor de la gente por los frailes, Nos tocaban bocina para saludarnos con mucha alegría, salían de la nada para ofrecernos algo. En muchos lugares donde nosotros podríamos estar en desacuerdo con nuestros hermanos o criticar, la gente nos amaba en medio de nuestras incoherencias. Esto nos hizo reflexionar mucho sobre nuestra vida. Parece ser que el Señor desde Francisco elige hacer cosas grandes en medio de nuestras cosas tan frailunas. Es algo que no podemos negar. Hemos visitado muchas Iglesias en el camino, pero tanta concurrencia y tan popular como la de los frailes no había. Los frailes eran siempre los que nos retaban cuando llegábamos tarde y sin avisar, y el resto, como los diocesanos, no nos decían nada, estaban felices de que eligiéramos ese lugar para quedarnos. Cuando los frailes superaban la sorpresa de nuestra llegada nos recibían con mucha hospitalidad.
Nos encontramos con algunos testimonios que vale la pena compartir. Uno fue Fr Sergio en el hospitalito de Antigua Guatemala. La obra social del Santo Hermano Pedro, un cotollengo, nos suscitó muchas ganas de quedarnos, no solo para ayudarlo en su trabajo y compartir con esa gente hermosa, sino también aliviarlo en su vida fraterna. Fue muy lindo el encuentro con la hermana Ana María del Quiche en Guatemala y su trabajo con las mujeres que habían perdido sus hijos, maridos o familias enteras, fue una experiencia de liberación. Fue muy lindo el testimonio de fr. Graciano un yanqui de unos 70 largos años y su visión de la inserción, cuando decía acá se vive la realidad, y su compartir con las maras. Lo más fuerte fue el encuentro en las comunidades y sus Mártires. Se experimentaba la fecundidad del Martirio en las comunidades, en la formación de los frailes. De ahí comenzamos a pensar quien podía ser el mártir de nuestra provincia. No se nos ocurrió pensar en nosotros. Es muy distinto formarse como fraile en una casa donde está el cuadro de cuatro frailes de tu provincia que fueron martirizados a que no. Nos pusimos a charlar conociendo la historia del Salvador y Guatemala que nosotros en Argentina nos perdimos mucho en elegir el término “desaparecidos” y no mártir. Creemos que más duro que su desaparición física es hacer desaparecer el contenido de una entrega. Angelelli, como Romero, Los Palotinos como los jesuitas. Muchos de los que “desaparecieron “ en su juventud formaban parte de grupos de iglesia de argentina y ahí comenzaron el camino, y los catequistas de Guatemala que por llevar la biblia eran asesinados. Creo que podemos mirar distinto y darnos la posibilidad de la fecundidad de esa entrega.
Hubo personas que significaron mucho en el camino, que el encuentro con ellos lo recordamos a lo largo de los días, los llamaríamos nuestros ángeles: Ariel en Bolivia, Fr. Lorenzo en Copacabana, Jorge en Perú y su deseo de cocinarnos y despedirnos con un abrazo emotivo, Araceli y su familia en Ecuador, Oscar en Colombia, los locos en Medellín, Fr. Jorge y su generosidad en Morelia. Ulf en Costa Rica, quien nos contaba que en Austria trabajaba poco y ganaba mucho y allí, trabajaba mucho y ganaba poco pero era Feliz….prefiero ser Feliz, terminó diciendo.
También hubo de los otros que no queremos llamar demonios en contraposición a ángeles, pero que fueron algo muy distinto a todo el resto. Fr Lorenzo (conventual) que en la celebración de su misa nos hizo experimentar las atrocidades que como iglesia hemos dicho y hecho. Un fraile de Quito que nos gritó por la ventana que volvamos al día siguiente a las 7.
Fue difícil poder disfrutar de lo enorme y hermoso de las iglesias, porque pensábamos en los que habían estado haciéndolas (los aborígenes). La Historia del convento de Quito (Convento de 7 Claustros) nos dio la razón. Dice la historia que el indígena que estaba construyendo el convento hizo un pacto con el diablo, estaría harto de trabajar, en el que vendería su alma si el diablo terminaba de construir esa noche el convento. Al día siguiente el convento estaba terminado y solo le faltaba un ladrillo, por lo que el indio no tuvo que entregar su alma. ¿La de quien se habrá llevado el diablo?
Algo muy lindo que marcó nuestro camino fue la Fiesta. Cuando llegamos a Copacabana todo el pueblo estaba de fiesta festejando a la virgen , muchos grupos y orquestas y mucha, mucha, mucha cerveza. No pudimos probar nada porque estábamos apunados. En Perú estaban en el día de la Madre. En el Quiché, Guatemala, llegamos para Pentecostés que era la fiesta Patronal, la fiesta tenía dimensiones inimaginables. Para nosotros la Misa en Cuna Yala (Panamá) en una comunidad aborigen tuvo dimensión de fiesta.
Son muchas las cosas que nos gustaría compartir, estas son las que hoy podemos compartir.
Terminamos compartiéndoles que si san francisco hubiera vivido más hubiera dicho que la perfecta alegría consiste en vivir esta experiencia de camino tan gozosa e incorporable.
Faltaría compartir nuestra oración en el camino, el compartir la vida entre nosotros. El apoyo de muchos. El caminar con nosotros de tantos.
Nos da mucha nostalgia hacer el camino de vuelta en avión, en solo 9 horas y 20 minutos y dejar atrás tantas cosas vividas. Transitar el mismo camino sin encuentros, sin sorpresas, sin necesidades, sin pedir, sin la experiencia fuerte y profunda de la providencia y transitarlo desde una distancia y una velocidad que no nos permiten conectar con lo vivido.
En el encuentro Under Ten, nos recibió fr. Sergio el encargado del encuentro diciéndonos: “como no contaron que venían así…. Les voy a pegar…esto es algo para compartir” Y así fue, nos hicieron un lugar en el encuentro donde compartimos muy brevemente la experiencia. Pero luego de a uno o de varios se acercaban los frailes para pedirnos más detalles de la experiencia. Con muchas preguntas y deseosos de vivir la experiencia en sus países. Agradecidos, motivados y entusiasmados, los frailes nos invitaban a sus tierras y comunidades.
Nos despedimos con dos preguntas
¿Por qué aún cuando no lo necesitamos, la Providencia se volvía a manifestar desbordantemente?
Cuando llegamos y nos enteramos que había que pagar, empezamos los trámites para que nos manden dinero de Argentina y cuando la hermana Marta se enteró de nuestra experiencia, decidió invitarnos gratis a su casa de retiro. De los 400 dólares cada uno solo teníamos que pagar 100 euros cada uno. Y fue así que el día en que peregrinamos con los frailes under ten a la basílica Sergio, un médico, nos avisa que él saldaría la deuda del encuentro y nos preguntó si necesitábamos que nos pague los pasajes de vuelta. Demasiada gratuidad. Muy agradecidos y emocionados.
¿Por qué asombra tanto? ¿Qué moviliza en el corazón de las personas con las que compartíamos la experiencia?
Podríamos responder simplemente que es el encuentro con el Evangelio, con el ideal de San Francisco, con Jesús. Pero preferimos llevarnos la pregunta abierta y seguir buscando la respuesta.
Estas dos son las preguntas con las que creemos volveremos al camino en la próxima itinerancia. No sabemos el porqué de las mismas pero sí que percibimos en ellas una invitación a transitar nuevos caminos.
Fr. Cristián Isla Casares, fr. Nicolás Aguilar y fr. Martín Caserta.
12 de junio de 2012.








