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8.07.2007 @ 17:32

Under 10: Vivir el presente abiertos al futuro - Min. general

Vivir el presente abiertos al futuro - Fr. José Rodríguez Carballo, OFM - Ministro general

Queridos hermanos: nuestro Capítulo de las Esteras está llegando a su fin. En estos días, juntos hemos celebrado con gozo el don de nuestra vocación de Hermanos Menores, compartiendo, en profunda comunión fraterna, lo que cada uno de nosotros lleva en su propio corazón: sus gozos, sus miedos, sus esperanzas. Juntos hemos reflexionado sobre los desafíos del seguimiento de Jesús a la luz de los textos vocacionales del Nuevo Testamento, y sobre el Evangelio como nuestra Regla y vida. Juntos hemos peregrinado a los principales lugares de nuestra redención: Nazaret, el Lago, el monte Tabor, Jerusalén y Belén. Hemos dejado que las piedras nos hablaran, pero sobretodo que el Señor nos hablara a través de su Palabra.

Haciéndome eco de lo que muchos de vosotros me habéis compartido personalmente o en grupo, bien podemos decir que nuestro Capítulo espiritual ha sido un momento fuerte de encuentro y de fraternidad entre todos nosotros, provenientes de más de 49 países diferentes. Han caído barreras y todos hemos hecho nuestra parte para construir puentes de encuentro y de comunión. Pero nuestro Capítulo ha sido, sobretodo, un momento fuerte de encuentro con nosotros mismos y con el Señor, que nos sigue mirando con amor y llamando por el propio nombre a seguirle cada día más de cerca.

Al final de este Capítulo sentimos la necesidad de manifestar nuestra profunda gratitud al Señor por la posibilidad que nos ha dado de visitar su tierra, y también a la amada Custodia Franciscana de Tierra Santa, -particularmente al P. Custodio y a su Discretorio, así como a las fraternidades de Nazaret, Cafarnaúm, Tabga, Monte Tabor, Getsemaní, San Salvador, Belén y Ain Karem-, por habernos abierto sus puertas de par en par, habernos acogido con verdadera alegría fraterna, y habernos acompañado constantemente en nuestra peregrinación. Personalmente siento también la necesidad de dar las gracias a la Comisión que se encargó de la organización del encuentro, tanto la nombrada por la Curia como la nombrada por la Custodia de Tierra Santa, y al Definitorio general por su apoyo entusiasta a esta iniciativa, y por su participación.

En este momento deseo compartir con vosotros algunas convicciones y ofreceros algunos elementos que considero fundamentales en vuestro proyecto de vida, como en el mío, para continuar el camino.

Dos convicciones

1. La vida, nuestra vida, es bella, muy hermosa. Queridos hermanos jóvenes: Vividla en plenitud, vividla a “tope”. Esto lleva consigo el vivirla sin reservas. No es tiempo de rebajas. Nunca lo fueron, pero hoy menos. Tampoco es tiempo para la mediocridad. Vivid con gozo vuestra vocación. A ello os ayudará el saber que si estamos aquí es porque Él nos ama. Como hombres y como franciscanos somos fruto del amor sin límites de una persona: Jesús. Haced memoria agradecida de este don. Os ayudará a mantenerlo “joven”.
2. La vida, y con ella nuestra vida, no es fácil. La vida es lucha, agonía constante. Ante vosotros se presentan dos puertas una ancha, que lleva a la perdición y otra estrecha que lleva a la vida. Ante vosotros se presentan dos caminos. Toca a vosotros elegir aquel que, aunque duro y marcado por la cruz, lleve a la vida y no a la muerte. ¡Remad mar adentro! Luchad, queridos hermanos, sin desfallecer, hasta alcanzar la meta, como nos enseña Pablo de Tarso, el gran atleta y luchador. Comenzad siempre de nuevo, como nos enseña Francisco, deseoso de reiniciar siempre de nuevo. No os canséis de comenzar una y otra vez. No hay derrota excepto la que nos imponemos a nosotros mismos. No hay fracaso excepto el dejar de intentarlo, una y otra vez. Hoy, y seguramente mañana, nuestra vida sólo es para atletas.

Dos miedos

En estos días habéis compartido algunos miedos. Deseo subrayar dos, en particular.
1. Las estructuras. Habéis dicho que os da miedo sentiros utilizados para mantener estructuras que hoy no parecen tener mucho sentido. Os da miedo el sentiros guardianes de estructuras. Sobre el particular deseo hacer una distinción entre estructuras físicas o materiales, estructuras de vida y estructuras mentales.
– Estructuras físicas o materiales. En lo relacionado con estas estructuras, veo necesario, en muchos casos, y algunos urgente, un adecuado redimensionamiento para que las estructuras estén al servicio de la vida y no la vida al servicio de las estructuras, como está sucediendo en no pocos casos. Veo necesario un discernimiento adecuado para que las estructuras nos ayuden a vivir como menores entre los menores, y aseguren la vivencia de los demás valores irrenunciables de la vida franciscana, particularmente la fraternidad y la dimensión contemplativa. Pero al mismo tiempo lo que más me preocupa es que las estructuras que tenemos, pequeñas o grandes, estén al servicio de relaciones interpersonales evangélicas auténticas. Hemos de responder ciertamente a los signos de los lugares (no es lo mismo estar en un sitio que en otro), pero la pregunta ¿dónde estamos? hemos de acompañarla con otras dos no menos importantes: ¿quiénes somos? ¿cómo estamos?
– Estructuras de vida. Me refiero aquí a las estructuras que han de entrar dentro de la mediación que llamamos proyecto personal y fraterno de vida. Tanto en la vida personal como fraterna, no pueden faltar algunos elementos o herramientas que nos permitan alimentar nuestra vocación y manifestar nuestra misión: oración, trabajo, capítulo local, formación permanente, lectura orante de la palabra, obras apostólicas… Estas estructuras nos ayudarán a poner orden en nuestra vida. A elaborar un proyecto ecológico de vida y a vivir dentro de él. Sin ellas es muy difícil mantener nuestra fidelidad a cuanto prometimos.
– Estructuras mentales. La renovación profunda de la Orden no se logrará sino cambia la mente y el corazón de los hermanos. De poco sirven estructuras nuevas, decía Monseñor Romero, si no hay corazones nuevos. Es a este cambio estructural al que debemos dar prioridad. Logrado éste, los demás vendrán como consecuencia. En este contexto considero irrenunciable una formación permanente adecuada a las exigencias de hoy, tanto personales como fraternas.
2. El acomodamiento y el aburguesamiento. Tanto lo uno como lo otro es para temer. Os pido que miréis al pasado con gratitud, que abracéis el futuro con esperanza, viviendo el presente con pasión. No podéis pensar que todo inicia con vosotros, sería un grave error desconocer nuestra historia y hacer a menos de lo que hicieron y hacen vuestros mayores, pero tampoco podéis pensar que estáis aquí para continuar viviendo como vivimos nosotros, o hacer lo mismo que hacemos nosotros. Vino nuevo en odres nuevos. A nuevas preguntas, y nuevas situaciones, nuevas respuestas. Es el tiempo de la fidelidad, pero de la fidelidad creativa. Tenéis que tener la parresía, la lucidez y la audacia necesarias para reproducir la creatividad y la santidad de Francisco. Tenéis que tener la valentía de ser profetas, como Juan Bautista, la valentía de vivir el presente con pasión y de este modo comenzar a preparar el futuro. No seáis meros espectadores, sed constructores; no seáis meros repetidores, sed creativos. No seáis víctimas del materialismo y el consumismo que, justamente, señaláis a vuestro alrededor.

Preparando el futuro

Entre otras cosas, preparar el futuro exige:

1. Dar calidad a nuestra vida. Esto pasa necesariamente por la calidad de relaciones, como justamente vosotros mismos habéis pedido durante este Capítulo. Calidad de relación con uno mismo, plenamente reconciliados con la propia historia, sin complejos de ninguna clase. Calidad de relaciones con los demás, relaciones sanas, pedíais en estos días, caracterizadas por la confianza, la familiaridad y aceptación del otro desde la fe. Calidad de relación con Dios (atención a no manipularlo) que se manifiesta en la búsqueda y el encuentro cotidiano con Él, en la oración personal y fraterna, en la Palabra, en los sacramentos, en los hermanos, en los hombres y mujeres con los que nos encontramos, particularmente de los pobres… Calidad de relación con el mundo, lo que supone, como vosotros mismos habéis dicho, una relación justa, vigilando para no dejarnos atrapar por él, pero manteniendo siempre una visión amplia y positiva, y al mismo tiempo una realista desde la fe. Ni pesimistas ni ingenuos. Estamos llamados a ser fermento en la masa.

2. Crecer en la comunicación a varios niveles: personal, fraterno, provincial, interprovincial, de Orden. Mucho es el camino recorrido, largo es todavía el camino que nos queda por recorrer. Para ello considero fundamental el que nos vaciemos, sólo así podremos abrirnos a la riqueza del otro, y podremos buscar juntos la verdad, y comunicar sin miedo nuestros miedos, preocupaciones y esperanzas. Para crecer en la comunicación considero fundamental el que superemos prejuicios, derribemos muros y creemos puentes. También considero importante el que, particularmente vosotros, aprendáis otra lengua, además de la lengua madre. Sólo así caminaremos hacia una Orden más internacional e intercultural, como vosotros mismos habéis señalado en estos días.

3. Tener claro el sentido de pertenencia a la Orden de los Hermanos Menores. Ésta es mi familia. Aceptarla como tal, con sus luces y con sus sombras, como aceptamos la familia de sangre. En este sentido considero fundamental el que pasemos del yo al tu, y del tu al nosotros. Atención a cuando decimos: “Ellos”, los “otros” para indicar a los hermanos.

4. Superar el abismo que todavía existe, como vosotros mismos habéis denunciado, entre formación inicial y formación permanente. Ayudadnos en esto, queridos jóvenes. Seguramente que hay hermanos que, debido a la edad y a otras situaciones existenciales ya no pueden cambiar. Vosotros podéis y debéis. Si para todos la formación permanente, con todo lo que ello comporta, es cuestión de fidelidad a la propia vocación, para vosotros, además, es cuestión de sobrevivencia, lo mismo que el acompañamiento.

5. Dar prioridad a la vida sobre la teoría. La teoría, como nos recordó el último Capítulo general extraordinario, puede y debe iluminar la vida, pero no puede suplantarla.

6. Abrirse a los proyectos misioneros de la Orden. Somos una Orden misionera. Y así como nadie puede ser misionero por su propia voluntad, tampoco nadie puede cerrarse, ni uno mismo ni los ministros provinciales, a una llamada o a la inspiración divina a “salir”de la propia tierra para ir a Tierra Santa, Marruecos, Tailandia, Miamar, China, Proyecto África, Sudán… Sed generosos y asumid el riesgo que comporta el “salir” sin saber a dónde se va.

Queridos hermanos “under ten”: Sed hombres de esperanza, la esperanza que nace el sabernos amados y acompañados por el Señor. Abrid los ojos a lo positivo que hay en torno vuestro. Volved cada día al primer amor. No seáis simplemente jóvenes frailes, sed frailes jóvenes. Vivid anclados en lo esencial, sin distracciones. Vivid en la verdad y autenticidad. Vivid el presente abiertos al futuro. Buscad al Señor assiduamente y, una vez encontrado, seguirlo radicalmente. No tengáis miedo, nuestro Dios es el Dios de los imposible. Y luego, corred y anunciad a todos los que encontréis por el camino, lo que habéis visto y oído.

Que el Señor os bendiga y os guarde siempre.