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El Estudio Bîblico Franciscano:
Memoria y Desafîo

Roma, 8 de septiembre de 2001
Natividad de la Bienaventurada Virgen María
"Inclinad el oído de vuestro corazón
y obedeced a la voz del Hijo de Dios" (CtaO, 6).
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Muy queridos hermanos: ¡el Señor os dé Paz"!
Con gran alegría os comunico que la Congregación para la Educación Católica (para los Seminarios y los Centros de Estudio), con Decreto del 4 de septiembre de 2001, ha erigido nuestro Studium Biblicum Franciscanum (S.B.F.) de Jerusalén en Facultad de Ciencias Bíblicas y de Arqueología, dependiente del Pontificio Ateneo Antonianum. Se trata de un gran acontecimiento para nuestra Orden, algo que ciertamente nos honra, pero que lleva consigo también, para nosotros, grandes responsabilidades.
1. Agradecimiento
Lo que parecía un sueño, largamente acariciado, hoy se ha hecho realidad. Queremos ante todo dar gracias al Señor, de quien procede todo bien, por todo lo que ha realizado por medio del S.B.F. y continuará realizando a través de la nueva Facultad. Aprovecho también esta ocasión para expresar, en nombre de toda la Orden, nuestro particular agradecimiento a la Congregación para la Educación Católica, que ha acogido benévolamente nuestra solicitud: a su Eminencia el Cardenal Zenón Grocholewky, Prefecto; a su Excelencia Monseñor Giuseppe Pitau SJ, Secretario; y a todos los Oficiales de esta Congregación, que siempre nos han escuchado y nos han acogido en modo fraterno. Quiero, además, dar gracias a cuantos han trabajado y trabajan en el S.B.F.: Son ellos, con su trabajo, realizado "con fidelidad y devoción" (Rb 5, 2), los verdaderos artífices de esta hermosa realidad. Nuestro gracias va también a la Custodia de Tierra Santa, que con gran generosidad ha sostenido desde los momentos iniciales y continúa sosteniendo el S.B.F. Por último, nuestro agradecimiento lo dirigimos a cuantos han trabajado para que la solicitud que presentamos el año 1999 llegase a buen término.
2. El Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén, al servicio de las Ciencias Bíblicas
Nuestra Orden ha acogido siempre la llamada, repetida en muchas ocasiones por la Iglesia, al estudio en profundidad de la Palabra de Dios. San Antonio de Padua, San Buenaventura, el Beato Juan Duns Escoto, Alejandro de Hales, Juan de La Rochellle, Guillermo de Middleton pueden ser considerados entre los biblistas más prestigiosos del Medioevo. Más cerca de nosotros, especialmente en el siglo XX, los franciscanos hemos sido, no sólo difusores de la Palabra, a través de la predicación, sino también estudiosos cualificados de la Sagrada Escritura. De ello son testimonio concreto la traducción que a la lengua china hizo de la Biblia el Venerable Fr. Gabriele Allegra, la que se hizo al japonés bajo la dirección de Fr. Bernardin Schneider, la coordinación del trabajo de traducción de la New American Bible, publicada en 1970, bajo la dirección de Fr. Stephen Hartdegen, así como la edición de la Bibbia Francescana publicada en Italia bajo la dirección de Fr. Bonaventura Mariani. Lo demuestra también la inestimable colaboración de nuestros hermanos a la traducción y divulgación de la Biblia en muchos otros lugares.
Sin olvidar la gran actividad realizada por nuestros Estudios Bíblicos de Hong Kong y de Tokio, El S.B.F. de Jerusalén es ciertamente el más importante de la Orden. Erigido en 1923 por el Custodio de Tierra Santa, Fr. Fernando Diotallevi, siendo Ministro general de la Orden Fr. Buenaventura Marrani, para responder a la llamada hecha por el Papa León XIII en la encíclica Providentissimus Deus del año 1893, y para defender la autenticidad de los lugares sagrados de Palestina, el S.B.F. de Jerusalén nació con una clara vocación a la investigación y a la enseñanza, vocación vivida con dedicación ejemplar y con una cualificada profesionalidad universalmente reconocida, también fuera de la Iglesia.
3. Un compromiso para el futuro
El hecho de que la Congregación para la Educación Católica haya depositado su confianza en nuestra Orden al permitir que el S.B.F. de Jerusalén llegue a ser Facultad de Ciencias Bíblicas y de Arqueología, es para todos nosotros, al mismo tiempo un honor y un onus: un honor, en cuanto reconocimiento del trabajo intelectual serio y profundo que han hecho tantos hermanos nuestros; una carga, en cuanto nos confía una especial responsabilidad en el mantenimiento de este Centro.
Para que esta nuestra Facultad de Ciencias Bíblicas y de Arqueología pueda tener el futuro que la Iglesia espera de ella, considero importante resaltar algunas prioridades.
a) Nuestra Facultad Bíblica de la Flagelación deberá continuar e incrementar la doble dimensión de su vocación: la investigación bíblica y la enseñanza, de tal modo que la tradición franciscana, caracterizada por el estudio al servicio de la caridad y por una lectura cristológica de la Escritura, pueda verse reforzada. Por otra parte, la investigación arqueológica ha sido desde siempre una característica del compromiso de los Hermanos Menores en Tierra Santa: deberá continuar al servicio de la Verdad y de la Iglesia. De este modo, gracias a quienes enseñan en el Studium, la Orden podrá ayudar a los creyentes a profundizar en el conocimiento de Cristo y de las primeras comunidades cristianas hasta sentirlos casi como nuestros contemporáneos. Además, también el diálogo con nuestros "hermanos mayores" de religión judía podrá consolidarse sobre una base científica.
b) Toda la Orden ha de comprometerse a proseguir el esfuerzo para mantener la preparación de nuevos profesores, de tal modo que se asegure y se refuerce la vitalidad y la calidad del Studium Biblicum. Los Ministros provinciales se han de sentir corresponsales en la preparación de los futuros profesores para los Centros de estudios de la Orden, en especial para el Pontificio Ateneo Antonianum de Roma y para nuestros Estudios Bíblicos de Jerusalén, Hong Kong y Tokio. Todas las Provincias de la Orden y todos los Hermanos deberán mostrar su generosidad en este campo. En especial, invito a los Hermanos jóvenes a que se comprometan en el estudio de la Sagrada Escritura: un estudio que "exige una inversión intelectual continua y profunda, austera sin duda" pero que si viene "sostenida en el tiempo y animada por la fe", llevará a un progreso en la fe" (cf. Juan Pablo II, Mensaje al Capítulo General OFM, San Diego, 1991, 6).
4. Ministros y siervos de la Palabra
La confianza de la Iglesia con relación a nuestra Orden, manifestada en la erección de la nueva Facultad, debe incidir también en nuestra vocación y en nuestra misión: vivir y proclamar a todos el Evangelio. En efecto, nuestro S.B.F. de Jerusalén ha estado y continúa estando al servicio del anuncio a todos de la Buena Noticia, ha estado y continúa estando al servicio de toda la Iglesia. También el Studium, como toda la Iglesia, conserva la memoria del pasado, pero sobre todo desea "vivir con pasión el presente y abrirse con confianza al futuro" (Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte, 1). No se trata de gloriarnos por "nuestros" méritos, sino de percibir la acción del Espíritu de Dios que guía a la Iglesia y le ofrece, al momento oportuno, los ministros y siervos de la Palabra. Nuestra única pretensión debe ser la de hacernos siervos fieles de la Palabra.
Esto nos devuelve a la fuente de nuestra vocación: la forma vitae que el Señor reveló a Francisco y que él expresó en pocas palabras: "la Regla y vida de los Hermanos Menores es ésta, a saber, observar el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo" (Rb 1, 1). La verdad de nuestra vocación consiste, pues, en dejar que la Palabra de Dios ilumine y transforme nuestra vida, nuestras experiencias y el mundo en que vivimos.
San Buenaventura, en el Breviloquium pone en paralelo el "libro" del mundo y el de la Escritura: este último asume el gran libro de la creación, hace de nuevo "legible" su sentido original y de ese modo, nos guía en el camino hacia Dios, fuente de nuestra felicidad eterna (cf. Prólogo, 4, 5). Ahora bien, para poder leer adecuadamente la Biblia es necesaria una síntesis entre investigación y acción, entre palabra y silencio, entre deseo e inteligencia, síntesis que San Buenaventura recuerda en el Prólogo del Itinerarium mentis in Deum: "No pienses que sea suficiente la lectura sin el amor, la especulación sin la devoción, la investigación sin la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio sin la gracia divina, el espejo sin la sabiduría divinamente inspirada" (Prólogo, 4). Estoy convencido de que estas palabras recogen perfectamente el espíritu de San Francisco y ofrecen un método iluminado pera una lectura orante de la Palabra de Dios según el estilo franciscano.
Pido al Señor que todo esto se haga realidad en cada uno de nosotros, y que todos juntos, también con la ayuda de la nueva Facultad de Jerusalén, podamos volver a sentir y testimoniar el "perfume" que, según San Francisco, emana de las palabras del Señor (cf. 2 CF, 2).
Con la bendición del hermano Francisco
With the blessing of friar Francis
Br. Giacomo Bini, ofm
Minister General
Br. José Rodríguez Carballo, ofm
Secretary General
for Formation and Studies
Prot. No. 091401
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