Del 15 al 17 de junio se celebró en la Domus Pacis de Santa María de los Ángeles, en Asís, la Asamblea de Delegados de la Caridad de la Conferencia de Europa Meridional (CEM). El encuentro estuvo dirigido por Fr. Francesco Piloni, presidente de la CEM, y se tituló «Hermanos y menores al servicio de las fragilidades de nuestro tiempo». El objetivo principal fue analizar, a la luz del Evangelio y del carisma franciscano, las nuevas formas de pobreza y vulnerabilidad que afectan a la sociedad actual, destacando la importancia de una red franciscana de la caridad capaz de poner en diálogo experiencias, recursos y sensibilidades procedentes de los distintos territorios.
El primer día, el biblista Fr. Giulio Michelini, OFM, presentó una reflexión titulada «La caridad, corazón del Evangelio: el nuevo mandamiento del amor», centrando su intervención en la raíz misma de la acción caritativa cristiana: no un simple compromiso ético, sino la respuesta al amor preveniente de Dios. «Dios nos amó primero» fue una de las afirmaciones clave de la ponencia, en la que el franciscano recordó que toda obra auténtica de misericordia nace de la imitación de la acción divina y que «si podemos realizar obras de caridad es porque Dios las realizó primero».
Fr. Cesare Vaiani, OFM, Definidor general, abordó el tema «La caridad en el carisma franciscano: Francisco y el encuentro con el leproso», evocando uno de los episodios fundantes de la experiencia espiritual del Poverello de Asís. Este acontecimiento sigue interpelando hoy a los Hermanos Menores sobre su capacidad de reconocer, en el rostro de las personas más frágiles, el lugar privilegiado del encuentro con Cristo.
Entre las intervenciones del último día destacó, por su especial relevancia, la del psicoterapeuta Alfio Lucchini, quien ofreció un lúcido análisis del fenómeno de la adicción en Italia. A partir de un recorrido por su evolución en las últimas décadas, evidenció cómo este fenómeno ha experimentado una profunda transformación: ya no se limita a las dependencias de sustancias, sino que se ha expandido hacia una amplia gama de adicciones comportamentales, que incluyen el juego, las tecnologías digitales, la web, las relaciones afectivas y los nuevos modelos de consumo. Cualquier respuesta eficaz, según el académico, debe partir de la persona en su complejidad y de la búsqueda de vías capaces de potenciar sus recursos y su dignidad.
El encargado de abordar este reto desde el punto de vista franciscano fue Fr. Stefano Gennari, uno de los organizadores del encuentro junto con Fr. Antonio Ridolfi, Ministro de la Provincia de la Inmaculada Concepción en Italia, y Fr. Antonio Lembo, referente de la Comisión de Caridad de la CEM. Fr. Stefano es responsable de Mondo X Cerdeña y pronunció una conferencia titulada «La evolución de una intuición franciscana: una profecía por revivir».
«Más que proponer un modelo —dijo Fr. Stefano—, creo que podemos dar testimonio de un estilo. La caridad es profundamente vocacional, porque ayuda a cada persona a redescubrir el plan de bien que Dios tiene reservado para ella. Acompañar a alguien significa ayudarle a reconocer su propia dignidad y su propia vocación. Esto vale tanto para quien sufre una adicción como para cualquier joven que esté en busca de sentido. La caridad se convierte así en un lugar donde se anuncia el rostro de Dios a través de la cercanía concreta a las personas».
De este encuentro surgieron varias ideas sobre las que hay que reflexionar: ante las nuevas fragilidades, las estructuras o los proyectos no son suficientes, sino que se necesitan comunidades capaces de crear vínculos. En este sentido, la caridad franciscana sigue mostrándose no como una simple asistencia, sino como una experiencia de fraternidad que devuelve la dignidad, la esperanza y un futuro a las personas, custodiando la profecía de Francisco de Asís y traduciéndola en formas siempre nuevas de cercanía hacia los más desfavorecidos. En una época marcada por la soledad, la marginación y nuevas formas de pobreza, la CEM se confirma como un taller de discernimiento y esperanza, donde la fraternidad se convierte en un instrumento concreto de servicio a las fragilidades de nuestro tiempo
Fuente: www.assisiofm.it