Francisco Venimbeni nació en Fabriano (AN – Italia) el 2 de septiembre de 1251, primogénito de Compagno y Margherita, ambos devotos de San Francisco de Asís, a quien dedicaron el nombre de su hijo. Desde niño demostró una inteligencia excepcional, por lo que Francisco pudo dedicarse al estudio con excelentes resultados, hasta tal punto que, según cuentan los biógrafos, a los 10 años de edad conocía tan bien la lengua latina que despertaba asombro entre los doctores.
Cuando era muy joven, fue con su mamá a Asís, a la tumba del Santo, y allí conoció al Beato Ángelo Tancredi de Rieti, quien dijo de él: “¡Este niño será de los nuestros!”. Según los datos biográficos de que se dispone —no muchos, en realidad—, alrededor de los 16 años Francisco oyó una voz que le repetía: “Ve a ver a Fr. Grazia de la Orden de los Hermanos Menores y haz lo que él te diga”. Y así lo hizo: tras un periodo de discernimiento, el 29 de septiembre de 1267 fue recibido en la Orden por Fr. Monaldo de San Elpidio, ministro provincial de la Marca de Ancona, y fue confiado a la guía del fraile Grazia para el año de noviciado.
En 1268 recibió la orden de ir en peregrinación a Asís para adquirir la indulgencia de la Porciúncula y, en esa ocasión —como él mismo relata en su Crónica manuscrita, de la que hoy solo se conservan algunos fragmentos—, pudo leer un informe autenticado con el sello del obispo de Asís, Teobaldo, sobre el origen de la indulgencia concedida a la pequeña iglesia de Santa María de los Ángeles. En el santuario de la Porciúncula, Francisco pudo encontrarse con Fray León, uno de los primeros compañeros de San Francisco. La noticia es muy valiosa para la historiografía franciscana, porque Fray León pudo testificarle “haber oído de boca de San Francisco todo lo referente a la indulgencia que él había obtenido” y también porque le mostró los escritos del Poverello. Su Crónica atestigua asimismo que en ese mismo año falleció Fr Raniero, con quien San Francisco se confesaba cuando pasaba por el territorio de Fabriano.
Francisco fue ordenado sacerdote y se dedicó a la predicación. Demostró un notable equilibrio en el uso de los bienes materiales y se reveló como un amante del saber: no solo para desempeñar con competencia el oficio de la predicación, sino sobre todo para ayudar a sus hermanos en el estudio de las disciplinas divinas y en la preparación doctrinal, así como para asistir a los jóvenes en formación. Con este fin, reunió numerosas obras y creó una biblioteca, que él afirmaba ser el mejor taller del convento para huir de la ociosidad, enemiga del espíritu. Por este motivo, Venimbeni es reconocido como el primer bibliotecario de la Orden de los Hermanos Menores.
Su padre, al enterarse del deseo tan noble de su hijo, le compró numerosos libros. Lamentablemente, de esta rica biblioteca solo quedan hoy en día unos pocos vestigios, como por ejemplo el Codex Vaticanus Latinus 1053, que había recibido del cardenal Giovanni Minio de Morrovalle, antiguo ministro general de la Orden.
Francisco también se distinguió por la caridad que mostraba hacia las necesidades espirituales y materiales del prójimo, por lo que se esforzó mucho con palabras de sabiduría, con escucha paciente, con limosnas y comidas para quienes llamaban a la puerta del convento.
En 1319, el Capítulo provincial lo nombró Visitador de la Provincia de Las Marcas. Sin embargo, no se sintió a la altura, porque necesitaba ante todo “visitarse a sí mismo” y porque no se consideraba apto para corregir las faltas ajenas; por lo tanto, renunció al cargo.
Sus últimos meses de vida estuvieron marcados por dolores físicos y diversas enfermedades que soportó con fortaleza y ánimo, uniéndolos al sufrimiento de Cristo crucificado. Un escrito considerado autógrafo, hallado en su celda tras su muerte, narra una revelación divina relativa al día exacto de su fallecimiento, que tuvo lugar el 22 de abril de 1322.
La veneración que ya le rendía el pueblo de Fabriano en vida creció tras su muerte y su sepulcro fue siempre venerado. Por ello, su culto fue aprobado por el papa Pío VI el 1 de abril de 1775.
Véase: Frati Minori Santi e Beati, a cura di Fr. Silvano Bracci, OFM, e Sr. Antonietta Pozzebon, FMSC. Editrice Velar, 2009, pp. 110-113.