El domingo 29 de octubre se clausuró, con la celebración de la Santa Misa presidida por el Papa Francisco, la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, inaugurada el 4 de octubre.
“Por la gracia común del Bautismo -se lee en la Relación de síntesis-, hemos podido vivir juntos con un solo corazón y una sola alma, a pesar de la diversidad de nuestros orígenes, lenguas y culturas. Como un coro, hemos intentado cantar en la variedad de voces y en la unidad de las almas. El Espíritu Santo nos ha hecho experimentar la armonía que sólo Él sabe generar: es un don y un testimonio en un mundo desgarrado y dividido”.
Durante cuatro semanas, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos dialogaron y debatieron sobre los numerosos temas de hoy, caminando "juntos como bautizados, en la diversidad de carismas, vocaciones y ministerios".
El documento final, que no pretende ser un punto de llegada, sino un punto de partida hacia la fase final del Sínodo (prevista para octubre de 2024), está estructurado en tres partes: El rostro de la Iglesia sinodal; Todos discípulos, todos misioneros; Tejer lazos, construir comunidad.
Entre los temas abordados en la primera parte, se dedicó bastante espacio al significado de la sinodalidad, en una Iglesia que quiere abrirse a la escucha de todos, valorando la diversidad e implicando activamente a todos los fieles. El tema de los pobres se aborda desde un amplio horizonte, que incluye no sólo a las personas con evidentes dificultades económicas, sino también a los migrantes, las minorías, los trabajadores explotados, los vulnerables, los indígenas, las mujeres víctimas de la trata, los “nuevos pobres” resultantes de las guerras, el terrorismo, el cambio climático y los gobiernos corruptos. Por todos estos que sufren, la Iglesia está llamada a comprometerse personalmente a denunciarlos y apoyarlos activamente, sin discriminación ni exclusión de nadie.
En la segunda parte del documento, “Todos discípulos, todos misioneros”, se insiste mucho en la igualdad de todos los fieles dentro de la Iglesia: “Laicos y laicas, consagrados y consagradas, y ministros ordenados tienen la misma dignidad” (8b), por lo que el objetivo es realzar y destacar los distintos carismas de cada persona, ya sea laica u ordenada.
Se hace una mención expresa sobre el rol de la mujer dentro de la Iglesia (9): por ejemplo, la hipótesis del diaconado femenino es la cuestión que suscitó más votos negativos en la asamblea sinodal (vea: https://www.vaticannews.va/content/dam/vaticannews/documenti/2023/sinodo-risultati-delle-votazioni.pdf ); sin embargo, los padres y madres sinodales propusieron continuar el discernimiento utilizando los resultados de las comisiones creadas especialmente por el Papa y las investigaciones realizadas hasta el momento. No obstante, confirmaron la necesidad de implicar a las mujeres en los procesos de toma de decisiones, de combatir las formas de discriminación en el trabajo, incluso en las instituciones eclesiásticas, y de promover el lenguaje inclusivo en los textos litúrgicos y los documentos eclesiásticos.
Otros temas de esta sección (diaconado, celibato, papel de los obispos, casos de abusos), seguirán explorándose en un futuro próximo.
En la tercera y última parte del documento, “Tejer lazos, construir comunidad”, la atención se centra en todas aquellas dinámicas que hacen sentir a las personas discriminadas por parte de la Iglesia de hoy: la situación matrimonial, la identidad de género, la orientación sexual son cuestiones que primero deben ser escuchadas, y no simplemente juzgadas.
En el apartado 17, “Misioneros en el medio digital”, la web también se convierte en tierra de misión: la cultura digital es hoy “una dimensión crucial del testimonio de la Iglesia en la cultura contemporánea, y por ello reviste especial importancia en una Iglesia sinodal” (17 b).
El informe concluye mirando al futuro: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios, o con qué parábola podemos describirlo?”. Esta pregunta del Señor ilumina el trabajo que ahora tenemos por delante. No se trata de dispersarnos en muchos frentes, siguiendo una lógica eficiente y procedimental. Se trata más bien de captar, entre las muchas palabras y propuestas de este Informe, lo que parece una pequeña semilla, pero llena de futuro, e imaginar cómo entregarla a la tierra que la hará madurar para la vida de muchos.