Del 18 al 25 de enero se llevó a cabo la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que este año tenía como tema “Amarás al Señor tu Dios... y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10,27).
El 24 de enero, en la Custodia de Tierra Santa, el Custodio Fr. Francesco Patton OFM presidió la Vigilia de oración celebrada en la iglesia parroquial latina de San Salvador en Jerusalén. Fr. Francesco habló sobre la unidad de los cristianos, paradójicamente ya alcanzada en ese lugar: “Como cristianos en Tierra Santa tenemos un elemento ecuménico que nos une a todos y es el elemento del sufrimiento común, lo que en casos extremos se llama el ecumenismo de sangre. Cuando nos apuntan, no lo hacen porque seamos católicos u ortodoxos o armenios o sirios o coptos o anglicanos o luteranos. Somos el blanco por el simple hecho de ser cristianos. [...] Aunque aún no nos percibamos unidos, quienes quieren golpearnos porque ya nos perciben como una sola realidad. Creo que en esto hay un impulso del Espíritu para que aprendamos también a reconocernos cada vez más como parte de un único cuerpo golpeado y humillado y, por tanto, con la posibilidad de manifestar alguna forma de unidad que ya existe en la participación de la pasión del Señor, puesto que todavía no somos capaces de compartir juntos su gloria.
El jueves 25, en la basílica de San Pablo Extramuros de Roma, durante la celebración de las Segundas Vísperas en la Solemnidad de la Conversión de San Pablo, el Papa Francisco comentó el pasaje evangélico de Lucas que ha inspirado esta semana. Si, por un lado, el Doctor de la Ley quiere dividir como el diablo preguntando quién es el «prójimo», es decir, se pregunta a quién hay que amar y a quién hay que ignorar, por otro lado, el Samaritano va más allá de las prescripciones religiosas y se hace prójimo, se acerca a su hermano herido. “Sólo este amor que se convierte en servicio gratuito -dijo el Pontífice-, sólo este amor que Jesús proclamó y vivió, acercará a los cristianos separádnoslos unos a los otros. Sí, sólo este amor, que no vuelve al pasado para poner distancia o señalar con el dedo; sólo este amor, que en nombre de Dios antepone el hermano a la férrea defensa del propio sistema religioso, sólo este amor nos unirá. Primero el hermano, luego el sistema”.
El Santo Padre reiteró la diferencia entre las preguntas «¿Quién es mi prójimo?» y «¿Me hagoyo prójimo (sic)?»: “Yo y también mi comunidad, mi Iglesia, mi espiritualidad, ¿se hacen prójimos? ¿O permanecen atrincheradas en defensa de sus propios intereses, celosas de su autonomía, encerradas en el cálculo de sus propias ventajas, entablando relaciones con los demás sólo para obtener algo de ellas? Si así fuera, no se trataría sólo de errores estratégicos, sino de infidelidad al Evangelio”.
El Papa Francisco hizo una relación entre el Doctor de la Ley, que pregunta a Jesús qué debe hacer para heredar la vida eterna, y a San Pablo, que, cegado por la luz del Señor, le pregunta simplemente: «¿Qué debo hacer, Señor?». Pablo no cambia de vida según sus propósitos, no se vuelve mejor por realizar sus proyectos. Su conversión nace de un cambio existencial, donde el primado ya no le pertenece a su perfección frente a la Ley, sino a la docilidad para con Dios, en una apertura total a lo que Él quiere. […] Y Él, la noche antes de dar la vida por nosotros, oró ardientemente al Padre por todos nosotros, «que todos sean uno» (Jn 17,21). Esa es su voluntad”, dijo Francisco.
El Santo Padre concluyó su homilía recordando la importancia de la oración, con un pensamiento dirigido a las guerras en Ucrania y Tierra Santa.
El subsidio para acompañar las celebraciones, publicado por el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el Consejo Ecuménico de las Iglesias, fue preparado por un grupo ecuménico de Burkina Faso, coordinado por la comunidad local de Chemin Neuf.
Este país de África Occidental, situado en la región del Sahel, tiene 21 millones de habitantes, de los cuales el 64% son musulmanes, el 9% profesan religiones tradicionales africanas y el 26% son cristianos (20% católicos, 6% protestantes). Desde hace años sufre una grave inestabilidad política que pone en peligro la seguridad de sus ciudadanos: los atentados terroristas y el tráfico de seres humanos han provocado más de 2 millones de desplazados internos. Una situación fuera de control en muchas regiones del territorio nacional. Las iglesias cristianas han sido blanco de numerosos atentados y el culto, acortado en rituales, sólo puede considerarse “seguro” en las grandes ciudades, bajo la protección de la policía local.
Sin embargo, esta situación incómoda ha fomentado una nueva solidaridad entre las distintas religiones, especialmente las cristianas, que se han reunido para trabajar en los textos de la Semana de Oración y dar su testimonio de unidad a pesar de las dificultades objetivas que atraviesan.
Puede leerse en el texto: “Los cristianos solo podemos convertirnos en prójimos, al estilo del buen samaritano en el Evangelio, aprendiendo a amarnos unos a otros independientemente de nuestras diferencias” (Textos para la Semana de oración por la unidad de los cristianos p. 5).
Foto: Custodia Terræ Sanctæ