Del 19 al 22 de febrero del 2024, en el convento “San Francisco del Desierto” en Venecia, se llevó a cabo el Congreso de Formación Inicial de la COMPI, bajo el tema: “Los estigmas en la formación”. Fr. Luigi Riccio OFM de la Provincia de Puglia-Molise, comparte su experiencia.
Tomando punto de referencia la cita bíblica: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2,5) y con la esperanza de comprender el camino que San Francisco recorrió con sus emociones, desde el encuentro con el leproso hasta el gran acontecimiento de la impresión de las Llagas, pasando por la experiencia de la dicha perfecta, nos dejamos guiar por Sor Michela Della Volpe, hermana franciscana Alcantarina.
Fue un tiempo para la formación, la oración, convivencia y fraternidad, al final del cual cada uno de nosotros expresó su gratitud a Dios y a los hermanos.
Hubo muchos puntos para la reflexión personal y comunitaria, junto con algunas preguntas que la Hna. Michela nos ha hecho; comparto algunas de ellas que tocaron especialmente el corazón de muchos de nosotros: ser a imagen y semejanza de Dios y aprender a mirar al otro con los ojos de Dios; dejarse atravesar por sentimientos y emociones, dándoles un nombre (signo de autenticidad en un camino de seguimiento) recordar las "diferentes" llamadas del Señor, en nuestra vida, ya que, para cada uno de nosotros, como le ocurrió a Francisco de Asís, no hay una sola llamada, sino varias llamadas de Dios, para poder emprender continuamente el camino del seguimiento; afrontar los miedos, aprovechando así la oportunidad de transformar en un punto de fuerza lo que inicialmente puede parecer un obstáculo, un impedimento. Para san Francisco, de hecho, ya sea el abrazo con el leproso como la experiencia de la alegría perfecta fueron ocasiones para transformar su propia manera de ver y de pensar y, sobre todo, fueron motivos para tomar decisiones elevadas y otras, como la elección de ir al Alverna.
Fue precisamente aquí, en el monte Alverna, donde el seráfico padre Francisco eligió ir, para comprender de nuevo la voluntad de Dios, lugar de llegada, pero también de partida.
El santo de Asís, con la señal de los estigmas, recibe una nueva llamada del Señor; el miedo que sintió inicialmente al tocar al leproso y la rabia que sintió al ser rechazado por sus hermanos se transforman en alegría, amor y caridad; San Francisco, al bajar de la montaña, reemprende el seguimiento de Cristo, transmitiendo a sus hermanos una mirada diferente, una confianza renovada, una fuerza alimentada por la alegría del Amor de Dios.