Presentamos el número 66 de Comunión y Comunicación con especial alegría y gratitud. No solo porque es un número particularmente “denso”. Y porque concluye la serie dedicada a los 800 años de los escritos en lengua vernácula de San Francisco, Audite, poverelle y Cántico de las criaturas. Sino, sobre todo, porque ha habido numerosas Hermanas que, desde muchas partes del mundo, han enviado testimonios y reflexiones con prontitud, disponibilidad e incluso espontáneamente (desde Francia, Alemania, India, Italia, España, Países Bajos, Lituania, Irlanda), expresando el deseo de dar a conocer a los demás sus raíces (Estados Unidos), iniciativas y figuras de su historia y la nuestra más o menos reciente (Estados Unidos, Italia).
Este fue precisamente el espíritu que inspiró Comunión y Comunicación en el sueño de su creador, Fr. Dario Pili, OFM. Con este mismo espíritu, seguimos escribiéndola y leyéndola hoy, buscando plasmar en palabras los tres aspectos de nuestra Forma de Vida a través de los cuales Fr. Fábio reinterpreta para nosotros y con nosotros el Cántico de las Criaturas: «La primacía de la contemplación, la concreción de la vida fraterna, la aceptación de nuestra finitud y el espíritu de servicio».
Y ya estamos deseando que llegue el próximo número, que se publicará en junio de 2026, cuando celebremos el octavo centenario del Bendito Tránsito del Padre San Francisco. 2026 será también el octavo centenario de los dos Testamentos. Por ello, nos gustaría utilizar la voluntad/legado de Francisco, tal como se expresa en el llamado «Testamento de Siena» (abril-mayo de 1226), como guía para nuestras comunicaciones a través de cTc.
«Escribe cómo bendigo a todos mis hermanos, a los que están en la Religión y a los que han de venir hasta la consumación del siglo. Como, a causa de la debilidad y el dolor de la enfermedad, no me encuentro con fuerzas para hablar, declaro brevemente a mis hermanos mi voluntad en estas tres palabras:
Que en señal del recuerdo de mi bendición y de mi testamento, se amen siempre mutuamente, que amen siempre a nuestra señora la santa pobreza y la guarden, y que vivan siempre fieles y sumisos a los prelados y a todos los clérigos de la Santa Madre Iglesia».
El n. 67 tendrá, por tanto, como leitmotiv la “primera palabra” que San Francisco nos dejó como “signo y memoria” de su bendición: “Amaos siempre los unos a los otros”: los dones y desafíos de vivir en el amor fraterno.
Deseémonos una “Feliz Navidad”, abriendo nuestros corazones a la alabanza, conscientes de que podemos amarnos como hermanas porque, con el nacimiento de la Virgen Madre, “el Señor de la Majestad se hizo nuestro hermano" (2Cel 198).
¡Feliz lectura!
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