El sábado 11 de julio, los hermanos participantes en el VI Capítulo de las Esteras Under Ten OFM concluyeron en Asís el camino vivido durante estos días, marcado por la oración, la escucha, el discernimiento y la experiencia concreta de la fraternidad internacional. La jornada comenzó con la salida hacia la Basílica de San Francisco, donde Fr. Massimo Fusarelli, OFM, Ministro general, presidió la Eucaristía votiva de San Francisco de Asís. En aquel lugar, memoria viva de la Pascua de Francisco, los hermanos fueron invitados a releer el camino del Capítulo a la luz del Evangelio de los pequeños, de la cruz y de la alegría.
En la homilía, el Ministro general recordó que el Padre revela sus cosas “a quien permanece pequeño”, y dirigió esta palabra a los frailes de los primeros años, llegados de todos los continentes. “Ustedes son esos pequeños de hoy”, afirmó, invitándolos a custodiar ese lugar interior donde la vocación no se apoya en las propias fuerzas, sino en la confianza en Dios. Desde la experiencia de Francisco, que “no comprendió el Evangelio por ser sabio” sino porque “se hizo pequeño”, Fr. Massimo señaló que el camino de la Orden no nace de la eficiencia, sino de una forma de vida asumida con humildad.
La celebración en la Basílica permitió unir el itinerario de los hermanos Under Ten con el VIII Centenario de la Pascua de San Francisco. En su reflexión, el Ministro general recordó que Francisco “murió pobre, sobre la tierra desnuda, llamando hermana a la muerte”, y que no simplemente padeció la Pascua del Señor, sino que la vivió. Por eso, celebrar la Eucaristía sobre su tumba ayudó a reconocer que también hoy la cruz sigue siendo la forma de la vida menor: “El yugo se vuelve suave no porque pese menos, sino porque ya no lo llevamos solos”. Desde esta certeza, los hermanos fueron llamados a recomenzar desde la pequeñez, la cruz y la alegría.
Tras la Eucaristía, los hermanos realizaron una visita guiada a la Basílica, organizados en grupos lingüísticos. La guía estuvo a cargo de los Hermanos Menores Conventuales, que ayudaron a los participantes a descubrir la riqueza espiritual, histórica y artística que narran sus muros. Después, al regresar a la Domus Pacis, la mañana continuó con la aprobación de las propuestas, elaboradas el día viernes mediante trabajo en grupos y discusión en asamblea. El trabajo realizado en los grupos encontró así una forma común para ser entregada a las Entidades, a las Conferencias y al próximo Capítulo general.
Por la tarde, los hermanos realizaron la votación del mensaje final y participaron en la dinámica de evaluación; a continuación, se reunieron nuevamente para el saludo final del Ministro general. Fr. Massimo comenzó con una palabra sencilla: “Gracias”. Agradeció a Dios, a los participantes venidos de los cinco continentes, al Definitorio general, a quienes prepararon y animaron el encuentro, a los traductores y a la Provincia Seráfica que acogió el Capítulo. En el año del VIII Centenario de la Pascua de San Francisco, reconoció que los frailes habían traído a Asís “algo de la frescura de los orígenes: hermanos sentados en esteras, custodiados por el Evangelio y con la alegría de estar juntos”.
El Ministro general recogió las resonancias de lo escuchado durante estos días, comenzando por las historias vocacionales de los participantes. Recordó que en muchas de ellas aparece un mismo hilo: el encuentro con un fraile auténtico y alegre, con una fraternidad sencilla y cercana a la gente. “Ninguno de ustedes fue conquistado por un discurso. Fueron atraídos por una forma de vida”, dijo, subrayando que no existe una pastoral vocacional más auténtica que la de un fraile feliz de su propia vocación. También las fragilidades, los temores y las búsquedas fueron presentados como lugares donde aprender que Dios confía en cada hermano más de lo que uno mismo logra confiar.
Desde el discernimiento de los grupos, Fr. Massimo confió tres orientaciones para el camino: custodiar el centro, custodiar los vínculos fraternos y custodiar lo humano. La oración fue presentada como el lugar que purifica las motivaciones y devuelve a la realidad con una mirada nueva; la fraternidad, como casa donde es posible decir cansancios, crisis y heridas sin temor al juicio; y lo humano, como una tarea especialmente necesaria en la cultura digital. Ante la inteligencia artificial y los nuevos lenguajes tecnológicos, el Ministro general recordó que “ningún algoritmo podrá sustituir el tiempo pasado ante el Señor, ni la humanidad concreta de un encuentro”.
Una de las palabras que resonó del saludo conclusivo fue la internacionalidad de la Orden. Al escuchar la oración en tantas lenguas, ver a los hermanos buscar palabras para comprenderse y compartir cantos de culturas diversas, Fr. Massimo afirmó haber contemplado “el rostro de la Orden que está naciendo: una Orden internacional, joven y plural”. Esta realidad, dijo, no es una proyección hacia el futuro, sino un don ya presente, sentado sobre las esteras. Por eso invitó a aprender lenguas como forma de minoridad y comunión, a salir de las fronteras de las propias Provincias, a sentir como Orden y a acoger los diferentes matices del carisma.
El camino del Capítulo se abrió así hacia el regreso a las fraternidades. El Ministro general pidió a los hermanos no dejar que estos días quedaran como un hermoso paréntesis, sino volver como testigos: “No lleven programas; lleven un estilo de vida”. Ese estilo puede comenzar por gestos pequeños y concretos: una manera renovada de vivir la oración comunitaria, una palabra sincera en el Capítulo local, la escucha paciente de un hermano anciano, el estudio cotidiano de una lengua. En cada uno de esos gestos se expresa la posibilidad de hacer presente el Evangelio en la vida ordinaria.
En la celebración de clausura, la reflexión volvió a la forma evangélica de partir: “sin saco, sin pan, sin dinero”. No como una privación, sino como una libertad. Los hermanos fueron invitados a volver con las manos abiertas y el corazón encendido, llevando la alegría de estos días y un nuevo fuego para seguir a Cristo en el espíritu de Francisco y Clara.
Después de la oración final por los frailes de la Orden, tuvo lugar la bendición del Tau, signo de salvación y memoria de san Francisco. Las cruces Tau, elaboradas por un carpintero local con madera de Asís, fueron entregadas como un signo sencillo de pertenencia y misión. En ese mismo espíritu, se expresó el agradecimiento a quienes hicieron posible la experiencia: facilitadores, secretarios de grupo, traductores, equipo de comunicación, comisión preparatoria y todos los que contribuyeron a crear un clima de familia.
Con la declaración oficial de cierre del VI Capítulo de las Esteras Under Ten, la experiencia vivida en Asís llegó a su conclusión, pero no su fruto. “Aunque nuestras deliberaciones han terminado, nuestro trabajo apenas ha comenzado”, se recordó antes del regreso a las Provincias, Custodias, Fundaciones y ministerios. Las palabras inspiradas en san Francisco quedaron como consigna final: “Hermanos, comencemos a hacer el bien, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho”. Bajo la mirada del Poverello, los frailes fueron llamados a continuar su vocación en la Iglesia y en el mundo con sencillez, minoridad y esperanza.
Leer la homilía del Ministro general
Leer el saludo final del Ministro general
Ver todas las fotos del encuentro