El 5 de julio de 2026 en el lugar donde san Francisco acogió a los primeros hermanos y donde quiso concluir su camino terrenal, se ha inaugurado el VI Capítulo de las Esteras Under Ten de la Orden de los Hermanos Menores. 135 frailes con menos de diez años de profesión solemne, procedentes de los cinco continentes, se han reunido en la Porciúncula, junto con el Gobierno general de la Orden, para vivir un tiempo de escucha, discernimiento y fraternidad internacional.
La jornada de apertura tuvo su centro en la memoria viva de los orígenes franciscanos. Tras los primeros momentos de acogida, el programa incluyó la introducción, el saludo de bienvenida, la oración franciscana y la procesión desde la Domus Pacis hasta la Basílica de Santa María de los Ángeles. Los frailes portaron las banderas de sus países de procedencia, haciendo visible la variedad de pueblos, lenguas y culturas que hoy componen la Orden.
En el saludo inicial, Fr. Ignacio Ceja, OFM, Vicario general, acogió a los participantes recordando que este Capítulo no es simplemente un evento del calendario de la Orden, sino un laboratorio de fraternidad. Invitó a los frailes a vivir estos días con gratitud por la vocación recibida y por el don de los hermanos, según la expresión de san Francisco: “El Señor me dio hermanos”. En un contexto internacional, animó a cada uno a no quedarse encerrado en su propio grupo lingüístico o en su propia Conferencia, sino a abrirse al encuentro con hermanos de otros países, aun cuando la comunicación requiera creatividad, gestos sencillos, sonrisas y escucha paciente.
La celebración eucarística de apertura fue presidida por Fr. Ignacio Ceja, OFM, quien en su homilía recordó que la Porciúncula no es solo un lugar de la memoria, sino una fuente a la que los frailes están llamados a volver para reencontrar el sentido de su vida y de su misión. Precisamente aquí Francisco comprendió más profundamente su vocación, acogió a los primeros hermanos y buscó con ellos cómo servir mejor al Señor.
Al comentar la invitación de Jesús: “Vengan a mí todos los que estan cansados y agobiados, y yo los aliviaré”, Fr. Ignacio habló de las fatigas reales que los frailes jóvenes llevan en el corazón: el deseo de fidelidad, los desafíos de la misión, la vida fraterna, las responsabilidades pastorales, las transformaciones culturales, las guerras y las múltiples formas de pobreza material y espiritual. Antes de ser evangelizadores, recordó, los frailes son discípulos; antes de ser responsables de algo, son hermanos llamados por Alguien.
La Porciúncula fue presentada como el santuario de los pequeños. La minoridad, corazón del carisma franciscano, no es debilidad, sino libertad: la conciencia de que todo es gracia y de que el Reino crece a través de quienes saben confiarse a Dios con sencillez. En un mundo marcado por la competencia, la polarización, la violencia y las guerras, el carisma franciscano conserva una extraordinaria actualidad. Por eso, subrayó Fr. Ignacio, el mundo necesita hombres y mujeres capaces de anunciar la paz no solo con palabras, sino con su modo de vivir.
Por la tarde, después de regresar de la visita fraterna a los hermanos en Ucrania, Fr. Massimo Fusarelli, OFM, Ministro general, dirigió a los participantes la introducción al VI Capítulo de las Esteras Under Ten, situando el encuentro en el corazón del Centenario franciscano 1226-2026. El Ministro general saludó a los frailes recordando que llegan desde todos los rincones de la Orden, llevando historias de Entidades florecientes y de Entidades cansadas, experiencias de misión, esperanzas y también heridas. En la Porciúncula, sin embargo, las distancias se recogen y todos vuelven a ser sencillamente hermanos menores en torno a la casa de la Madre.
Fr. Massimo recordó el significado del nombre Capítulo de las Esteras. No se trata de una nostalgia del pasado, sino de una memoria que orienta el presente. Las esteras evocan a los primeros frailes reunidos en torno a la Porciúncula, pobres y sin aparatos, con el Evangelio en el centro y el vínculo de la fraternidad. Elegir hoy este nombre significa desear una Orden que se pone de nuevo a la escucha del Evangelio para anunciarlo con la vida y la palabra.
El Ministro general leyó después la experiencia de los frailes Under Ten a la luz del Testamento de san Francisco. Los primeros diez años después de la profesión solemne son una etapa delicada, en la que el idealismo de la formación inicial se encuentra con el realismo de la vida cotidiana. Pueden surgir desilusión, soledad, cansancio en las relaciones y en las estructuras. Sin embargo, observó, en las preguntas de los frailes jóvenes no se encuentran ante todo quejas, sino una búsqueda de autenticidad: el deseo de una autoridad vivida como servicio, de un diálogo real entre generaciones, de un acompañamiento sincero de las fragilidades, de una presencia evangélica en el continente digital y en las periferias del mundo.
En su intervención, Fr. Massimo indicó tres herencias de san Francisco como horizonte del camino: la misericordia hacia los pobres y el amor a Cristo crucificado; la Iglesia y la Eucaristía como tierra pobre pero fecunda; la fraternidad sin poder como fuente de paz. Estas herencias no son temas para discutir y archivar, sino semillas que deben dar fruto en la vida concreta de los frailes y de la Orden.
El Capítulo, subrayó el Ministro general, no es un curso, sino una experiencia participativa y sinodal. Los frailes no son destinatarios pasivos de una formación, sino protagonistas llamados a ofrecer su palabra, su escucha y su discernimiento. Lo que madure en Asís estará orientado también al Capítulo general de Pentecostés de 2027, que se celebrará en Vietnam, para que la voz de las nuevas generaciones pueda contribuir al camino de toda la Orden.
La primera jornada concluyó con el trabajo en grupos, el relato personal de la propia historia vocacional y la velada intercultural, signos concretos de una fraternidad que no nace de ideas abstractas, sino del encuentro entre rostros, lenguas, memorias y esperanzas. En la Porciúncula, en el lugar de los orígenes, el Capítulo Under Ten inició así su camino: no con la pretensión de poseer todas las respuestas, sino con el deseo de escuchar juntos lo que el Espíritu dice hoy a la generación franciscana llamada a hacer germinar de nuevo la semilla de san Francisco.
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