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En opinión de… Fray Massimo

Febrero 2025

22 Febrero 2025

A finales de enero concluí mi visita a Portugal y mi participación en el encuentro con los Definidores de la Península Ibérica. Esta tierra, que en su tiempo vio florecer una fuerte e incisiva presencia franciscana, muestra hoy un rostro distinto, marcado por la fragilidad y el envejecimiento de nuestras fraternidades. No obstante, en esta realidad aparentemente frágil, percibí signos luminosos de una auténtica peregrinación de la esperanza.

Nuestros hermanos viven inmersos en sociedades profundamente secularizadas, donde la voz de la fe se debilita cada vez más y nuestras presencias son cada vez más pequeñas y humildes. Las grandes estructuras del pasado, que en su momento reflejaron una presencia fuerte y visible de la Orden, hoy nos parecen desproporcionadas para nuestras reducidas fraternidades. No obstante, es precisamente en esta vulnerabilidad donde he reconocido una gracia especial: la de redescubrir lo esencial de nuestra vocación de hermanos menores.

He visto frailes que, a pesar de su avanzada edad, siguen en vela, como centinelas que observan el horizonte en espera. No se limitan a atesorar los recuerdos de un pasado glorioso, sino que saben leer los signos de los tiempos con ojos de fe. Su fidelidad a la vocación, vivida en un contexto a menudo indiferente u hostil, se convierte en una profecía silenciosa.

Esta nueva minoridad no es el resultado de una estrategia o de una elección planificada, sino la humilde aceptación de una condición que nos viene dada. En ella redescubrimos la gracia de ser simplemente hermanos que caminan con su pueblo, compartiendo las inquietudes y esperanzas de este tiempo. Los gestos cotidianos de cercanía, la escucha paciente, la oración fiel, se convierten en los lugares donde se manifiesta la promesa de Dios que sigue cumpliéndose en el mundo.

He encontrado fraternidades que han sabido convertir su debilidad en fortaleza, no buscando prestigio o relevancia social, sino dando testimonio con humildad de la belleza del don de la vida. Algunos frailes compartieron conmigo cómo esta condición de gran pobreza, tanto numérica como estructural, les ha ayudado a redescubrir la alegría de las cosas pequeñas, la importancia de las relaciones auténticas y el valor de una presencia silenciosa, pero fiel.

No faltan inquietudes sobre el futuro, preguntas sobre cómo acompañar este proceso de transformación e incertidumbres sobre la gestión de estructuras y presencias que ya no podemos mantener. Aun así, he visto que allí donde existe la voluntad de acoger esta nueva etapa como un tiempo de gracia, florecen las semillas de una novedad inesperada.

Esta peregrinación a la Península Ibérica me ha recordado que la esperanza no está ligada a los números ni a las estructuras, sino a la fidelidad creativa con la que hoy sabemos vivir nuestro carisma. La promesa de Dios sigue cumpliéndose, probablemente de formas que nunca habíamos imaginado, a través del testimonio humilde de los frailes que saben ser “menores” no solo de nombre, sino en lo concreto de sus vidas.

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Ministro General
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Fr. Massimo Fusarelli En opinión de Fray Massimo
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