El miércoles 4 de octubre, día de la fiesta de San Francisco y de la apertura de la XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos, se publicó la exhortación apostólica “Laudate Deum” (Alabado sea Dios).
“«Alaben a Dios por todas sus criaturas». Esta era la invitación que hacía san Francisco de Asís con su vida, con sus cánticos, con sus gestos. Así recogía la propuesta de los salmos de la Biblia y reproducía la sensibilidad de Jesús ante las criaturas de su Padre”: con estas palabras inicia la exhortación donde el Papa Francisco vuelve a enfocarse en la emergencia climática, 8 años después de la encíclica “Laudato Si”,
El texto también hace referencia a fuentes científicas, para dar aclaraciones contra las teorías negacionistas, contra “ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentro incluso dentro de la Iglesia católica. Pero ya no podemos dudar de que la razón de la inusual velocidad de estos peligrosos cambios es un hecho inocultable: las enormes novedades que tienen que ver con la desbocada intervención humana sobre la naturaleza en los dos últimos siglos” (LD, 14).
Entre los 73 párrafos recogidos en 6 capítulos, el pontífice dedica a la dramática actualidad medioambiental varios los pasajes, con un enfoque integral de la cuestión: contaminación, aumento de las temperaturas, migración, carestías, son consecuencias del “paradigma tecnocrático”, ya denunciado en LS, que “consiste en pensar «como si la realidad, el bien y la verdad brotaran espontáneamente del mismo poder tecnológico y económico». Como lógica consecuencia, «de aquí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos»” (LD, 20).
El Papa Francisco es claro al criticar la “lógica del máximo beneficio con el menor costo, disfrazada de racionalidad, de progreso y de promesas ilusorias”, que “vuelve imposible cualquier sincera preocupación por la casa común y cualquier inquietud por promover a los descartados de la sociedad” (LD, 31); y es igualmente claro al elogiar el comportamiento virtuoso de los individuos, de las familias, que debe guiar las conciencias de los poderosos.
La mirada se dirige también a la COP28, la 28ª conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que se celebrará en Dubái del 30 de noviembre al 12 de diciembre: “Si hay un interés sincero en lograr que la COP28 sea histórica -se lee en el párrafo 59-, que nos honre y ennoblezca como seres humanos, entonces cabe esperar formas vinculantes de transición energética que tengan tres características: que sean eficientes, que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente”.
El Papa Francisco también proporcionó la motivación espiritual de esta exhortación, que no aborda la cuestión de forma “romántica” o simplemente “verde” (LD, 58), sino que tiene una profunda base teológica. El punto 62 cita, entre otros, el Levítico: «La tierra no podrá venderse definitivamente, porque la tierra es mía, y ustedes son para mí como extranjeros y huéspedes» (Lv 25,23).
La conclusión encierra todo el sentido de Laudate Deum: “«Alaben a Dios» es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”. (LD, 73)
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