El 1 de marzo, Fr. Enrique González Arango, de la Provincia de San Pablo Apóstol, Colombia, regresó a la Casa del Padre tras 66 años de vida religiosa y 58 de sacerdocio.
Fray Enrique nació el 21 de mayo de 1933 en Manizales, Caldas, Colombia. De su madre Josefita heredó la ternura y la delicadeza en el trato con la gente. Cuando cumplió 12 años, en 1945, descubrió que quería ser fraile franciscano. Se lo dijo un folleto que le prestó un profesor en el Instituto, cuando vio una imagen borrosa de San Francisco de Asís y donde, en cinco líneas, se relataba su vida y pensamientos.
En 1954 llegó al seminario de Nazaret en Cali. Aquí se distinguió por ser un hombre alegre, por su don para el canto, por ser un gran orador y amigo. Fue un hombre de gran fe en Jesús, amante de la Palabra de Dios y de la espiritualidad franciscana, un verdadero Hermano Menor.
El 6 de enero de 1958 profesó “vivir el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, al estilo de Francisco y Clara de Asís”. El 4 de diciembre de 1965 fue ordenado sacerdote por Monseñor Rubén Isaza Restrepo.
Fue nombrado profesor de filosofía en el colegio Virrey Solís en Bogotá. Luego fue destinado a la educación de jóvenes novicios en el convento de Bogotá. Desde entonces, su pasión ha sido la educación. En 1966 fue nombrado profesor en el colegio San Solano de la ciudad de Armenia. En 1967 fue vicerrector del colegio San Francisco de Asís de Ubaté, en 1968 vicerrector del colegio Agustín Gemelli en Manizales. Durante el 1979 dejó el colegio y continuó trabajando en comunidades pobres de Colombia, tanto en la educación como en el trabajo social.
El 15 de julio de 1982 se constituyó el Vicariato de San Pablo Apóstol, cuya opción era vivir en lugares social y eclesialmente marginados, y fray Enrique pasó a formar parte de esta nueva Entidad franciscana. De 1982 a 1986 fue Secretario del Vicariato y, al mismo tiempo, Vicemaestro en el postulantado del Vicariato.
Realizó su servicio misionero en varios lugares de la periferia en Colombia. Luego, de 1996 a 2000 en Cali trabajó como asistente de las Hermanas Concepcionistas. Aquí encontramos otro don que el Señor le había dado: acompañar la vida contemplativa. A partir de 1996 se convirtió en asistente de la Federación de Monasterios Concepcionistas de Colombia. Las Hermanas Concepcionistas de Cartago escribieron sobre él lo siguiente: “Fue el que más nos amó, lo dio todo sin escatimar nada, su inteligencia, su sabiduría, su exquisitez para compartir el conocimiento, su alegría desbordante y su pobreza evangélica, que siempre admiramos entre otras muchas virtudes con las que el Señor lo adornó; por todo ello expresamos nuestra eterna gratitud”.
En 2001, Fr. Schneider, al final de su servicio como Asistente general pro Monialibus en Roma, propuso a Enrique como su sucesor al Ministro general, diciendo: “Es el mejor asistente para las Contemplativas en la Orden Franciscana”. Este servicio permitió a un juglar franciscano llegar a la Curia general. Su caballerosidad, su alegría contagiosa, sus cantos, sus dichos, su fraternidad, su espiritualidad, su sentido tan humano llenaron de franciscanismo la Curia general y todos los Monasterios donde llevó el espíritu de Francisco y Clara y de su querida Provincia Franciscana de San Pablo Apóstol.
Nuestro Ministro general, Fr. Massimo Fusarelli, da testimonio de ello: “Tuve la gracia de compartir seis años con él en la fraternidad de la Curia general y aprendí a apreciar sus dones de humanidad, alegría, preparación seria y profunda y amor por las Clarisas y Concepcionistas. Fue un punto de referencia importante para nosotros por su sabiduría y su humor, siempre muy vivo. En él vimos realizadas las palabras de San Francisco: Bienaventurado aquel religioso que no encuentra alegría y felicidad sino en las santísimas palabras y obras del Señor, y por medio de ellas conduce a los hombres al amor de Dios con alegría y felicidad (Adm 20)”.
Consiguió superar ictus, que, al despertar, expresó con su buen sentido del humor diciendo que “Dios le llamaba a plazos”. Estos incidentes le animaron a escribir un pequeño libro, que tituló: Antología de pensamientos vitales, una colección de frases, algunas célebres, otras de autores menos conocidos y algunas propias.
El viernes 1 de marzo de 2024 vivió su Pascua en el Señor, recibió la visita de la Hermana Muerte y, aunque no le gustaba la expresión cumpleaños, le gustaba celebrar la vida. Por eso dijo: “No soy viejo, pero tengo vida”. Por eso, al celebrar la vida, la encontró en su plenitud, a los 90 años, en la ciudad donde nació su “Manizales del alma”.
Colaboración de Fr. Nelson Tovar Alarcón, Ministro provincial
© Foto: El Quindiano