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La Vida Consagrada en el Jubileo 2025

“Peregrinos de esperanza en el camino de la paz”

13 Octubre 2025

Del 8 al 11 de octubre en Roma, miles de consagrados provenientes de todos los continentes participaron en el Jubileo de la Vida Consagrada como un solo cuerpo en oración, escucha y misión. Desde la Vigilia en San Pedro, los encuentros por formas de vida, hasta la peregrinación final, surgió un rostro eclesial de comunión, capaz de hablar al corazón de las Iglesias locales y de las periferias del mundo.

En la Misa en la Plaza San Pedro, el Papa León retomó los tres verbos lucanos de la oración como íconos de los consejos evangélicos: “Pedir” en la pobreza, “buscar” en la obediencia, “llamar” para ofrecer a todos la caridad de Cristo. “Para ustedes, para nosotros, el Señor es todo… Sin Él nada existe, nada tiene sentido” recordó, invitando a los consagrados a difundir “el oxígeno” de un amor concreto, fiel y duradero.

En la Audiencia a los participantes, el Santo Padre reconoció la vida consagrada como despertador del Evangelio en el mundo: “La Iglesia los necesita a ustedes y necesita toda la diversidad y la riqueza de las formas de consagración… Unidos a Cristo, sus pequeñas luces se convierten en un sendero luminoso en el gran proyecto de paz y salvación”. Entregó entonces un encargo que es método y estilo: la sinodalidad como “diálogo doméstico” que renueva relaciones, procesos y caminos, pidiendo convertirse en “expertos de sinodalidad… profetas al servicio del pueblo de Dios”.

En las plazas de Roma, bajo los temas -fraternidad, escucha de los últimos y cuidado de la creación- la Vida Consagrada mostró su sello más sencillo: cercanía que une, esperanza que no se rinde, cuidado de la casa común. En el Aula Pablo VI, momentos de discernimiento acompañaron la invocación de la paz, con el deseo de transformar comunidades y obras en laboratorios de reconciliación.

Sor Simona Brambilla, prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, ofreció una reflexión que atravesó todo el Jubileo, llamando a los consagrados a vivir su carisma como “yobel”, cuerno que anuncia la libertad y el nuevo comienzo. «Personas diversas, procedencias, culturas, experiencias eclesiales diversas, diversas formas de vida consagrada, diversos carismas», dijo en la audiencia del 10 de octubre. “Somos como tantos yobel, cada uno con su sonido único e irrepetible, pero llamados a tocar juntos la sinfonía del Jubileo de la esperanza”.

En el mensaje final en la Basílica de San Pablo Extramuros, sor Simona exhortó a los presentes a ser “lugar de diálogo y de encuentro, puente sobre el cual las diversas experiencias y sabidurías pueden transitar, encontrarse, intercambiar dones”, transformando las propias comunidades en «ambiente seguro y respetuoso en el cual relaciones de verdadera reciprocidad puedan nacer y crecer». Con una exhortación final alentó a todos: “Entonces, ¡vamos, hermanos y hermanas! Vamos, peregrinos de esperanza en el camino de la paz, llevando con nosotros la experiencia vivida para guardarla en el corazón y para compartirla con quienes encontramos”.

El Jubileo ha reavivado una decisión compartida: “ir” como peregrinos de esperanza, artesanos de paz, los consagrados parten nuevamente hacia los caminos del mundo con un “sí” renovado, listos para hacer brillar, en lo cotidiano, la alegría exigente del Evangelio. El encargo del Papa permanece como tarea de cada día: pedir, buscar, llamar — para que, en la pobreza, en la obediencia y en la caridad, la Iglesia reconozca el rostro de Cristo que camina con nosotros.

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Papa León XIV
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