Las celebraciones para conmemorar el 38 aniversario de una experiencia que marcó una etapa fundamental en el diálogo entre religiones, y que con el tiempo ha adoptado el nombre de “El Espíritu de Asís”, concluyeron en la Basílica de Santa María de los Ángeles la tarde del 27 de octubre.
Corría el año de 1986 cuando el Papa San Juan Pablo II tuvo la intuición profética de invitar el 27 de octubre a los representantes de las distintas religiones del mundo a Asís, para que se elevara hacia el único Dios un canto único de paz, desde muchos corazones y en diversas lenguas.
Treinta y ocho años después de ese día, esta invocación multilingüe por un mundo mejor, renovado, profundamente fraterno y puramente humano se repitió en Asís. El evento encierra un mensaje importante: el deseo de paz, compartido por todas las personas de buena voluntad, con la mirada fija en la situación mundial y en la relación entre los pueblos.
Este año, El Espíritu de Asís comenzó el viernes 25 en la sala del Despojo del Palacio Episcopal, seguido por la oración el 26 de octubre en la iglesia de la Ciudadela-Laudato Si’. La solemne celebración litúrgica del domingo por la mañana en la Basílica Superior fue presidida por Monseñor Domenico Sorrentino, obispo de las diócesis de Asís-Nocera Umbra y Gualdo Tadino. «Lo que San Juan Pablo II hizo en 1986, precisamente aquí donde estamos –dijo el obispo en la homilía–, al reunir todas las creencias y religiones, fue dar testimonio a la humanidad de que nuestro Dios, el verdadero Dios, el único Dios, porque no hay muchos, no es un Dios de guerra, sino un Dios de paz: es un padre que siente la necesidad de acariciar a sus hijos y no ve la hora de reencontrarse con ellos. Jesús es el Dios que se ha desarmado por completo, como San Francisco, quien se despoja, se desnuda».
Por la tarde, en el Refectorio de la Basílica, se celebró la emotiva oración interreligiosa, que comenzó con las palabras de bienvenida de Don Tonio Dell’Olio, presidente de la comisión “Espíritu de Asís”, y del Fray Danilo Tremolada OFM, vicario del convento de la Porciúncula. «Estamos en un tiempo en el que la guerra se ensaña, junto con otros males de este mundo: necesitamos encuentros como el de hoy, para no perder la esperanza y pedir juntos la paz», expresó el Fray Danilo.
Las oraciones fueron acompañadas por música a cargo de Arca di Nazareth in Nova Laude. Tras la lectura del documento de 2019 sobre la “Fraternidad Humana para la Paz Mundial y la Convivencia Común” de Abu Dhabi, Antonella Violi, de la Iglesia Valdense, oró con las palabras del Salmo 85. Hermano Finnian de la Iglesia Anglicana leyó una oración inspirada en la versión aramea de las Bienaventuranzas de Jesús, mientras que, en representación del Islam, Judi Chahien invocó a Alá para que infunda en la humanidad el amor por la Creación, la paz y la fraternidad; Mohammad Bezzaz recitó cantando la primera sura del Corán, “Al-Fatiha”, la Apertura.
La “oración de las madres” de la tradición judía fue leída por Thérèse Goshen-Gottstein en conexión desde Jerusalén. Luego fue el turno de la Iglesia Ortodoxa Rumana, con la oración del Padre Petru Heisu y de Erika Chierico, quien compartió un fragmento de los escritos de la tradición bahaí, haciéndose eco del anhelo de paz de toda la humanidad.
La oración concluyó con las palabras de Monseñor Domenico Sorrentino, obispo de Asís, Nocera Umbra y Gualdo Tadino y de Foligno, invitando a todos los participantes a un momento de fraternidad en la sala San José.
Fuente y fotos: www.assisiofm.it