Sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores - Cofundador de la Orden de la Santísima Anunciación
El día 21 de febrero de 2026, el papa León XIV recibió en audiencia al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, y autorizó la publicación del Decreto sobre la vida, las virtudes y su fama de santidad, así como la confirmación del culto inmemorial del Venerable Siervo de Dios Gabriele Maria Nicolas, sacerdote profeso de la Orden de los Hermanos Menores, cofundador de la Orden de la Santísima Anunciación de la Bienaventurada Virgen María, nacido en Riom (Francia) alrededor de 1460 y fallecido en Rodez (Francia) el 27 de agosto de 1532.
La beatificación del beato Gabriel María Nicolás, decretada por el papa León XIV el 21 de febrero de 2026, renueva la memoria de una de las figuras más singulares de la Orden de los Hermanos Menores del siglo XV: destaca su dimensión humana y espiritual, su vida religiosa vivida con ejemplaridad y austeridad en el contexto de la Observancia Franciscana, su conformidad con Cristo Crucificado, su devoción eucarística y mariana, su contribución fundamental a la fundación de la Orden de la Anunciación junto a Santa Juana de Valois, su compromiso con la pacificación social, su papel de guía en la formación, la dirección y el gobierno de los hermanos, como guardián, ministro provincial, definidor general y vicario general.
Gilbert Nicolas, que pasó a la historia de la santidad como Gabriele Maria por su gran devoción a la Madre de Dios, nació hacia 1460 en los alrededores de Riom, en Auvernia, Francia. Durante su juventud, después de escuchar una prédica sobre la Inmaculada Concepción de María, tomó la decisión de renunciar a todo amor humano para entregarse por completo a Dios. Acogido entre los Hermanos Menores de la Observancia en el convento de Notre-Dame de Lafond, en La Rochelle, profesó sus votos religiosos entre 1476 y 1478. Una vez ordenado sacerdote, enseñó teología moral a los jóvenes hermanos en formación durante unos veinte años.
Hacia 1490 se convirtió en el guía espiritual y confidente de santa Juana de Valois, la esposa repudiada de Luis XII, canonizada posteriormente por Pío XII en 1950. Cuando, a partir de 1499, ella comenzó a perfilar el proyecto de fundar una orden religiosa dedicada a la Virgen María, Fr. Gilbert Nicolas compartió su objetivo y colaboró sin reservas: reclutó y formó personalmente a las primeras religiosas, redactó la Regla y se esforzó por conseguir su aprobación. En la Regla de la Orden de la Santísima Anunciación, el beato expresó su espiritualidad y doctrina mariana proponiendo la imitación de las virtudes evangélicas de la Virgen María como forma de vida para las hermanas. Con el tiempo, esta Regla fue adoptada también por otros institutos, como los Clérigos Marianos, fundados en Polonia por San Estanislao Papczyński en 1673, y las Congregaciones de las Anunciadas Apostólicas, la primera de las cuales fue fundada en Bélgica en el siglo XVIII por el abad Pierre Jacques de Clerck.
Después de asumir los cargos de Vicario provincial de Aquitania en 1502, guardián de Amboise y Vicario provincial de Borgoña, Fr. Gilbert Nicolas fue elegido en 1511 Vicario general cismontano de la Observancia. Durante tres años recorrió las provincias sometidas a su gobierno, visitó los monasterios de los Hermanos y las clarisas con el fin de apoyar la espiritualidad de la Observancia. También se comprometió a promover un movimiento de devoción mariana para todos aquellos que deseaban ser artífices de la paz en su condición de vida, lo que dio lugar a la fundación de dos cofradías aprobadas por León X y definidas por su sucesor Adriano VI como “orden de la paz”.
En Pentecostés de 1514, al término del Capítulo general de Amberes, Fr. Gilbert Nicolas fue nombrado Vicario provincial de Francia. Durante esos años, apoyó espiritual y canónicamente a las terciarias de la beata Margarita de Lorena, duquesa de Alençon, que trabajaban como hospitalarias en diferentes ciudades.
La contribución del beato a la historia de la Orden Franciscana fue esencial, en particular su defensa de la Observancia. Para ello, puso en práctica sus amplios conocimientos teológicos y canónicos, junto con su capacidad de diálogo y escucha.
En Pentecostés de 1517, durante el Capítulo general de la Orden, con motivo de la elección del nuevo Ministro general, el beato obtuvo un cierto número de votos. Los Hermanos cismontanos lo eligieron entonces como su primer Comisario general. Fue en este periodo cuando León X, gran admirador de Fr. Gilbert Nicolas, dispuso que se adoptara definitivamente para él el sobrenombre de Gabriele Maria, que ya prevalecía sobre el nombre de Gilbert, tal y como se desprende de una certificación del cardenal Cristoforo da Forlì del 29 de junio de 1518.
En 1521, el Ministro general nombró a Gabriele Maria Visitador de las Provincias de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Dos años más tarde, en el Capítulo general de Burgos, fue elegido Definidor general y nombrado Visitador de las Provincias de Colonia, Sajonia y Turingia. El Ministro general y el emperador Carlos V le encomendaron la delicada misión de inquisidor en Alemania para los conventos de la Orden Franciscana. En 1524 fue elegido Ministro provincial por sus hermanos de Provenza y, dos años más tarde, el Capítulo general lo nombró Comisario del gran convento “des Cordeliers” en París.
A su regreso del Capítulo de Parma de 1529, enfermó gravemente en el convento de Burdeos. Entonces reescribió su testamento espiritual destinado a sus hijas de la Anunciación. Una vez recuperado de aquella grave enfermedad, partió de nuevo para visitar las casas de la Orden, pero volvió a caer enfermo en el convento de Chanteloup. Ya septuagenario, su salud comenzó a deteriorarse. Enfermó una vez más en Bourges en la víspera de Navidad de 1531, confesó de nuevo a sus hijas de la Anunciación y celebró las tres misas solemnes de la Natividad. Al año siguiente, les predicó por última vez la Cuaresma y luego emprendió un viaje para participar en la congregación general cismontana prevista para Pentecostés, en Toulouse. El 29 de mayo llegó muy enfermo a la Anunciación de Rodez y renunció a continuar el viaje. A pesar de su debilidad, ofreció sus consejos espirituales a la joven comunidad. El 26 de julio celebró su última misa y luego tuvo que acostarse. Murió el 27 de agosto de 1532, dejando a sus hijas y a los hermanos que lo rodeaban el ejemplo de una vida santa, dedicada por completo a Dios y a la Iglesia.
El estudio de la Causa ha demostrado la fama continua, constante e ininterrumpida de santidad y de los signos y el culto rendido al beato Gabriele Maria desde tiempos inmemoriales, iniciado inmediatamente después de su muerte. Revisten especial importancia la elevatio de su cuerpo, promovida por el obispo de Rodes Bernardino da Corneilhan el 7 de febrero de 1625, a raíz de los numerosos actos de veneración; la indulgencia plenaria concedida el 28 de octubre de 1647 por Inocencio X, y la de siete años otorgada por el beato Inocencio XI el 2 de septiembre de 1680, relacionada con la visita a la iglesia de las Anunciadas en el día conmemorativo del tránsito y que en el texto utilizan para Gabriele Maria el título de «santo»; el proceso diocesano informativo para la confirmación del culto inmemorial, celebrado en la diócesis de Agen entre 1925 y 1927; y, por último, la investigación diocesana suplementaria celebrada en la diócesis de Créteil entre 2011 y 2015.