En la ciudad ucraniana de Konotop, a 90 kilómetros de la frontera con Rusia, existe una Fraternidad Franciscana en donde los Frailes ayudan a las victimas de la guerra, Fr. Romuald Zagurski, OFM, lleva nueve años sirviendo en esta fraternidad, tres de ellos durante el conflicto bélico. Su historia vocacional y su actual misión son un testimonio vivo del carisma franciscano en medio de la adversidad.
La historia vocacional de Fr. Romuald comenzó en su infancia, cuando su madre lo llevó a una parroquia franciscana. Bajo la guía de Fr. Malachias, comenzó como monaguillo a los 6-7 años. A los 10 años, inspirado por este mismo fraile, sintió el primer llamado a la vida franciscana. Tras un breve alejamiento en su juventud, una experiencia de ejercicios espirituales lo llevó a ingresar en la Orden, no solo para ser sacerdote, sino principalmente para transformar su vida.
Cuando comenzó la guerra, el convento franciscano se transformó rápidamente en un centro de acogida para refugiados que huían del conflicto. Los frailes destinaron todos sus recursos para proporcionar alimentos y medicinas a los necesitados, aunque frecuentemente resultaba difícil encontrar insumos básicos.
En esta situación difícil Fr. Romuald no pierde la esperanza “La gente se ha quedado casi sin esperanza. Sin ayuda de ninguna parte. Así es exactamente. Desanimada, en esta situación porque no se ve el final, pero este año, el año de la esperanza, que ha proclamado el Papa Francisco, los frailes buscan la manera de animar a la gente, de seguir adelante, de sobrellevar estos problemas que existen, seguir adelante con la ayuda de Dios”.
Entre los diversos servicios que realizan los frailes se encuentra en el sótano de la iglesia, donde más de 25 niños reciben diariamente atención psicológica y logopédica para superar los traumas de la guerra, además de clases de inglés.
“Aunque somos conscientes de que Europa está cansada de ayudar, seguimos buscando formas de apoyar a estas personas que lo han perdido todo: sus hogares, sus pertenencias y, en algunos casos, incluso a sus familias”.
Fr. Romuald destaca que su motivación principal es servir a todos los necesitados, independientemente de su religión o confesión. Su mensaje final es una llamada a la esperanza: "Solo con Dios podemos seguir adelante y mirar al futuro con esperanza, evitando caer en la desesperación".
Un nuevo proyecto que los frailes quieren realizar es la construcción de una cocina que pueda proporcionar comida caliente a 100 refugiados cada día. Esta labor será importante considerando que la ayuda estatal resulta insuficiente para cubrir las necesidades básicas de las personas. Cualquier ayuda, por pequeña que sea, representa una esperanza para continuar esta importante labor humanitaria.