Contactos
 Volver a Noticias

Misiones franciscanas para migrantes y misioneros migrantes en Marsella

Una fraternidad internacional en la parroquia de la Santísima Trinidad

27 Mayo 2026

Sobre el pavimento del Puerto Viejo de Marsella, una piedra conmemora la llegada de los griegos procedentes de Focea, en la actual Turquía, alrededor del año 600 a.C. Estos navegantes desembarcaron en la antigua ensenada del Lacydon, entonces habitada por pueblos ligures de origen celta.

Desde sus mismos orígenes, Marsella ha sido una ciudad modelada por el encuentro entre pueblos, lenguas y culturas.

A lo largo de los siglos, el puerto ha acogido comerciantes, refugiados, marineros y migrantes provenientes de todo el Mediterráneo y de otros lugares más lejanos. Durante las décadas de 1980 y 1990, el carácter multicultural de Marsella se hizo aún más visible en el debate público, junto con las discusiones sobre inmigración, desigualdad social y laicidad. Hoy, la ciudad es presentada con frecuencia como símbolo de convivencia, aunque al mismo tiempo marcada por tensiones, desafíos sociales y cuestiones relacionadas con la inclusión.

En este contexto plural crecieron también numerosas iniciativas de diálogo interreligioso entre comunidades musulmanas, judías y cristianas. Los encuentros cotidianos, las relaciones de vecindad y las obras de caridad han contribuido a construir respeto mutuo y paz social.

Se cree que los primeros Frailes Menores llegaron a Marsella ya en la década de 1220. Hoy, en la parroquia de la Santísima Trinidad, cerca del Puerto Viejo, vive una fraternidad internacional compuesta por cinco frailes de entre 35 y 76 años. El Guardián, fray Jean-Damascène Kuma, llegó a Francia hace siete años desde Togo; el párroco, fray Joseph Pham Ðinh Phung, es un joven misionero proveniente de Vietnam; fray Patrick Sham, miembro del equipo diocesano para el servicio del diálogo, procede de Mauricio. Los otros dos miembros de la fraternidad, el hermano Florent Nibel y Alain Paget, son franceses, aunque proceden, respectivamente, de Alsacia y Borgoña.

La fraternidad vive con sencillez en un barrio predominantemente musulmán, compartiendo la vida de la gente y sirviendo con un profundo espíritu fraterno. Los frailes también se turnan en la preparación de las comidas: nunca falta la baguette en el desayuno y cada día hay arroz en la mesa, acompañado de salsas picantes y de un buen queso francés al final de cada comida. Un signo sencillo pero significativo de una fraternidad que acoge diferentes culturas sin borrarlas.

Los ministerios de los frailes incluyen la pastoral parroquial y las obras de caridad, el servicio a la comunidad gitana, las clases de francés para migrantes, el diálogo interreligioso y el acompañamiento de la Familia Franciscana, incluidas las Clarisas y la Orden Franciscana Seglar de la Fraternidad Regional que también incluye la isla de Córcega.

También el Monasterio de Santa Clara testimonia esta dimensión internacional. Fundado en 1254 por la beata Beatriz de Asís, hermana de santa Clara, el monasterio alberga hoy a quince hermanas: cuatro francesas, una india y diez vietnamitas llegadas en varios grupos desde 2006 gracias a la colaboración con el monasterio de Thu Duc, en Vietnam.

Las hermanas vietnamitas hablan de los desafíos del aprendizaje de la lengua y de la adaptación a una cultura diferente, pero también de la riqueza de compartir la vida con hermanas de otros países. A pesar de las dificultades y diferencias, testimonian que la alegría de la vocación, la fraternidad y la vida en Dios pueden vivirse en cualquier lugar. Una joven postulante vietnamita afirma sencillamente: “La mayor felicidad de mi vida está aquí. Eso lo es todo.”

Categorie
Diálogo OFM en el mundo
Tags
Missiones
También te puede interesar: