Ocho siglos después del 30 de mayo de 1221, cuando 5.000 hermanos se reunieron en Santa María de los Ángeles para encontrarse y orar juntos, el 6 de agosto de 2026, en el mismo lugar, se reunieron 2.500 jóvenes de toda Europa para orar, dar la bienvenida y dialogar con el papa León XIV, en su segunda visita a la Porciúncula durante su pontificado.
El encuentro, celebrado al término del evento «GO! Encuentro Franciscano de Jóvenes», promovido por los Ministros generales de la Familia Franciscana y organizado por los Hermanos Menores de Asís (OFM, OFMCap y OFMConv), en colaboración con la Diócesis de Asís - Nocera Umbra - Gualdo Tadino y Foligno y el Ayuntamiento de Asís, estuvo a la altura de las expectativas.
En la plaza de la basílica, repleta de jóvenes y no solo, el Papa León fue recibido con un saludo de Fr. Marco Vianelli OFM, Ministro provincial de la Provincia Serafina de los Hermanos Menores de Umbría y Cerdeña, en presencia de los Ministros generales de la Primera Orden de la Familia Franciscana.
A continuación tuvo lugar el tan esperado encuentro con los jóvenes. Tres de ellos —Karolina, de Croacia, y Giovanni y Luigi, de Italia— le hicieron otras tantas preguntas al Papa sobre la vida de jóvenes como ellos, sus realidades y un mundo que cambia demasiado rápido y que deja dudas e incertidumbres.
A Karolina, de Zagreb, que preguntaba cómo llevar esperanza a sus compañeros de edad, León le respondió poniendo como ejemplo al Hermano Francisco, su radicalidad evangélica, el seguimiento de Cristo y la alegría de estar juntos en Su nombre: «Den testimonio de este estilo en todas partes, sobre todo en una época en la que la tecnología nos aleja de estar juntos, entre personas de carne y hueso», dijo el Pontífice.
Giovanni, de Bolonia, por su parte, le preguntó cómo se pueden tomar decisiones definitivas en un mundo donde reina la cultura de lo provisional. El Santo Padre recordó que una elección definitiva no es una jaula, sino un «acto revolucionario» que, si se hace con fe, confianza y entrega a Cristo, abre nuevos caminos por descubrir, con la ayuda de Dios. Además, compartió su experiencia vocacional: «El Señor nunca me ha dejado solo: siempre me ha acompañado, regalándome incluso personas con las que caminar. Así, en la vocación de ser sacerdote, miembro de la comunidad agustina, misionero, he encontrado como una luz que me ha guiado hasta hoy, hasta que tuve que decir “sí” a una llamada muy especial: la de ser Papa».
Luigi, de la JUFRA de Paterno, un pequeño pueblo de Sicilia, se detuvo en una frase que repiten muchos jóvenes de hoy, y en la que dicen que «creen, pero no en la Iglesia». El Papa retomó precisamente la experiencia de Francisco, quien redescubrió a Cristo al contemplar el Crucifijo que le invitaba a «reparar su casa»: «Cada uno de nosotros tiene un papel en esta obra que nunca se acaba. Tenemos diferentes responsabilidades y vocaciones, pero caminamos juntos, inspirándonos, ayudándonos y corrigiéndonos unos a otros. Es importante que cada uno ponga de su parte. Entonces hablaremos de la Iglesia con el cariño con el que se habla de una madre, porque reconoceremos que formamos parte de ella».
Después de saludar a decenas de hermanos en el claustro de la basílica, el Papa León XIV presidió la celebración eucarística, en el día de la fiesta de la Transfiguración. En su homilía, destacó que Santa María de los Ángeles fue, primero para Francisco y luego para Clara, el lugar de su transfiguración, en el que acogieron el Evangelio sine glossa, «sin concesiones, y la vida de Jesús volvió a comenzar en ellos».
El Papa recordó que la luz de la transfiguración es la misma luz de la mañana de Pascua, del día nuevo, «hacia el que nos dirigimos, mientras que a nuestro alrededor, y a veces dentro de nosotros, todavía hay oscuridad. Vemos su aurora en los santos canonizados, como San Francisco y Santa Clara, y en una miríada de hermanos y hermanas que responden al mal con el bien. ¡No estamos solos! En estos días lo habéis experimentado», dijo León, recordando los momentos que los jóvenes han vivido en el «Go! Franciscan Youth Meeting». Y retomando precisamente el título del evento, el Santo Padre lanzó un llamamiento a todos los jóvenes: « Hoy, Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡atrévanse a creer en la palabra del Evangelio, conviértanse en seres humanos con la libertad de Jesucristo, abracen a la hermana pobreza! El título de su encuentro —Go!— es una misión, un envío por caminos de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al corazón, obedeciendo al Espíritu, siguiendo al Resucitado allí donde ha querido precedernos. ¡Go! ¡Vayan! Mejor aún: ¡vamos! ¡Let’s go! A los márgenes, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios», para construir una «civilización del amor, cuyos brotes han encontrado en tantos ejemplos de gratuidad, y que transfigura —a imagen de Cristo— a innumerables artífices de la paz que, también hoy, se dedican a servir a la vida en los escenarios más trágicos de la muerte».
Antes de la bendición final, un joven, Francesco Varone, en nombre de todos los participantes en el encuentro, agradeció al Papa su presencia y le pidió que rezara por todos los jóvenes del mundo.
Lee el saludo de Fr. Marco Vianelli, OFM
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