Contactos
 Volver a Noticias

San Egidio María de San José, OFM

7 de febrero, el «Consolador de Nápoles»

07 Febrero 2026

Francisco Antonio nació en Tarento (Italia) el 16 de noviembre de 1729, en el seno de una familia pobre y muy trabajadora así como celosa de la fe cristiana. Desde pequeño se inició en el aprendizaje de los oficios de sus padres y, a los 18 años, cuando murió su padre, se convirtió en el único sustento de la familia.

En febrero de 1754, después de haber atendido las necesidades de la familia, fue recibido entre los Hermanos Menores Alcantarinos de la Provincia de Lecce en el convento de Galatone, donde el 28 de febrero de 1755 emitió su profesión religiosa, eligiendo el nombre de Egidio María. Desde febrero de 1755 hasta los primeros meses de 1759 residió en el convento de Squinzano (Lecce) con el cargo de cocinero de la Fraternidad.

Tras una breve estancia en el convento de Capurso (Bari), cerca del santuario de la Madonna del Pozzo, a la que siempre fue muy devoto, en mayo de 1759 Fray Egidio María fue destinado a Nápoles, donde los frailes menores alcantarinos de Lecce tenían el pequeño hospicio de San Pasquale a Chiaia, elevado al rango de guardianía durante el capítulo de 1759. Aquí permanecerá hasta el día de su muerte, es decir, durante unos 53 años, ocupando sucesivamente los cargos de cocinero, portero y limosnero, para edificación de todos, especialmente de los pobres, que acudían numerosos al convento de Chiaia para recibir de él ayuda o una palabra de consuelo. 

Con solicitud franciscana y caridad activa, consagró todas sus energías al servicio de los más desfavorecidos y de los que sufrían, integrándose profundamente en el tejido de la ciudad napolitana. Anunciar el amor de Dios por el hombre fue la misión que la Providencia asignó al humilde franciscano en ese contexto social. En particular, el Padre manifestó en él el amor por los excluidos y los olvidados.

Innumerables fueron los prodigios que acompañaron la misión de bien y pacificación de fray Egidio María, hasta ganarse en vida el apelativo popular de “Consolador de Nápoles”. A quienes se encontraban con él en su peregrinaje por las calles de Nápoles solía repetirles: “Amen a Dios, amen a Dios”. Los enfermos encontraban consuelo en sus sufrimientos, recibiéndolo con alegría a su cabecera; los pobres, los marginados y los explotados descubrían en el humilde mendigo el rostro misericordioso del amor de Dios; los nobles y los cultos amaban conversar con este fraile de palabra sencilla e impregnada de fe.

Como Francisco de Asís, vivió en plena adhesión al Evangelio, sin desear lo que da honor y prestigio, sino prefiriendo las cosas humildes y ocultas y preocupándose sobre todo por poseer el espíritu del Señor y actuar siempre según su voluntad. 

Su vida fue también contemplativa. Su prolongada oración nocturna ante el Santísimo Sacramento, su tierna devoción a la Virgen Madre de Dios, su amor por la Navidad del Redentor, su devoción particular a San José y a San Pascual Baylón: gracias a todo ello, Egidio María tuvo la capacidad de ver el sufrimiento y la miseria de sus hermanos, a los que respondió con una gran caridad y ternura.

Rodeado de una gran fama de santidad, Egidio María dejó la vida terrenal en punto del medio dia del 7 de febrero de 1812, mientras las campanas de la pequeña iglesia franciscana tocaban el Ángelus.

Pío IX declaró la heroicidad de sus virtudes el 24 de febrero de 1868, León XIII lo declaró beato el 5 de febrero de 1888 y Juan Pablo II lo elevó a los supremos honores de los altares el 2 de junio de 1996.

Su cuerpo se conserva en la iglesia de San Pascual de Chiaia en Nápoles.

Véase Frati Minori Santi e Beati, a cargo de Fr. Silvano Bracci, OFM y Sr. Antonietta Pozzebon, FMSC. Editrice Velar, 2009, pp. 338-340.

Categorie
Santos Franciscanos
También te puede interesar: