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San Pascual Baylón

17 de mayo, “Pide encarecidamente esto: que sea buscado Dios por encima de todo”

17 Mayo 2024

Pascual nació en Torre Hermosa, Reino de Aragón, en España, de Martín Baylón e Isabel Jubera, el 16 de mayo de 1540, solemnidad de Pentecostés, en ese entonces llamada “Pascua rosada”, de ahí su nombre. Desciende de una familia numerosa, pobre y humilde, en la que reinaba un profundo espíritu de piedad, debido a su madre, devota de la Eucaristía. Su padre le confió desde muy joven el pastoreo de los rebaños, servicio que realizaba con gran amor, pasando horas enteras rezando, meditando, alabando y cantando al Señor y a la Virgen María. 

Fue a los 18 años cuando, en Monforte del Cid, conoció a los franciscanos del convento de Santa María de Loreto de los Franciscanos Reformados (llamados Alcantarinos por la obra de San Pedro de Alcántara), y Pascual esperaba hacer realidad su sueño de hacerse religioso, fue rechazado tal vez por su corta edad. Aceptó entonces trabajar como pastor para el rico propietario de rebaños Martino García, quien le permitió alojarse en el convento franciscano y asistir a su santuario mariano. Finalmente, el 2 de febrero de 1564, pudo vestir el hábito franciscano y al año siguiente profesó como religioso en el convento de los Hermanos Menores Alcantarinos de Orito, donde permaneció hasta 1573, dedicándose a las tareas más humildes, especialmente la de portero. Estimado por la vida de austeridad que llevaba y favorecido por los extraordinarios dones del Espíritu Santo, entre ellos el de la sabiduría infusa, el analfabeto Fr. Pascual, que había aprendido a leer mientras apacentaba su rebaño y luego también a escribir un poco, era solicitado a menudo como consejero incluso por personalidades ilustres y eruditas. De 1573 a 1589, pasó su vida entre los diversos conventos de la provincia de Alicante, trasladándose más tarde al convento de Villa Real en Castellón.

La obediencia también le comprometió a un peligroso viaje a París, al ser requerido por el Ministro provincial de España, que en 1576 se vio en la necesidad de comunicarse urgentemente con el Ministro general de la Orden: una empresa muy difícil, ya que la Francia de aquel entonces estaba dominada por los calvinistas. De hecho, Pascual fue objeto de burlas, insultos y palizas, corriendo el riesgo de morir apedreado en Orleans tras una acalorada disputa sobre la Eucaristía en la que había sabido plantar cara a sus adversarios refutando sus sofismas. De regreso de esta delicada y peligrosa misión, Pascual compuso un pequeño libro de sentencias, una especie de precioso compendio de los principales tratados sobre el tema eucarístico, demostrando la presencia real de Jesús en la Eucaristía y el poder divino transmitido al Romano Pontífice.

Mereció el sobrenombre de “teólogo de la Eucaristía” no sólo por haber resuelto todas las cuestiones de sus adversarios en Francia, sino también por la colección de escritos que dejó sobre el Sacramento Eucarístico, que siempre estuvo en el centro de su intensa vida espiritual y fue la marca más evidente de su vida. Siempre servicial con sus hermanos y con los que llamaban a la puerta, infligía mortificaciones a su cuerpo, debilitándolo hasta el límite de su capacidad de resistencia.

Pasó los tres últimos años de su vida en el convento de Villa Real, cerca de Valencia, ejerciendo siempre el oficio de portero y questor, hasta que un día, mientras pedía caridad en la ciudad, se desplomó sin poder recuperarse: enseguida se dio cuenta de que la muerte era inminente y salió a su encuentro con todo el ímpetu de su corazón. La Hermana Muerte le sobrevino en el convento del Rosario a la edad de 53 años, el 17 de mayo de 1592, en la solemnidad de Pentecostés, exactamente igual que el día su nacimiento.

El 29 de octubre de 1618 por Pablo V lo proclamó Beato y el 16 de octubre de 1690 canonizado por Alejandro VIII. El Papa León XIII lo proclamó Patrono de las obras eucarísticas el 26 de noviembre de 1897 y poco después Patrono de los Congresos Eucarísticos Internacionales.

Los restos mortales de San Pascual Baylón venerados en Villa Real fueron profanados y dispersados durante la Guerra Civil Española (1936-39); sin embargo, recuperados parcialmente más tarde, fueron devueltos a esa ciudad en 1952.

En la iconografía, la custodia es su principal atributo.

“Ejercita tu alma en acciones continuas e intensas, deseando lo que Dios desea, apartando de tu voluntad todo lo que de bueno o provechoso pueda venirte de esa petición. En efecto, esto es lo que más pides: que se busque a Dios por encima de todo. Pues es cosa digna que busques a Dios, ante todo, también porque la Voluntad divina quiere que recibamos lo que pedimos para llegar a ser más aptos para servirle y amarle más perfectamente” (De los escritos de San Pascual Baylón).

Cf. Frailes Menores Santos y Beatos, editado por Fr. Silvano Bracci, OFM y Sor Antonietta Pozzebon, FMSC. Editrice Velar, 2009, pp. 253-255.

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Santos Franciscanos
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